Bruno Giometti (*)
En los últimos días el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó los datos referidos al mercado de trabajo correspondiente al mes de marzo del corriente año. En el informe se establece una cuantificación de la población activa, ocupados totales, desocupados, ocupados informales, subempleados, entre otros aspectos. Como los porcentajes y valores a los que se refiere el informe son estimaciones, porque surgen de la encuesta de hogares, vamos a tomar los informes disponibles de los últimos tres meses (enero a marzo) de manera de reducir el margen de error de dichas estimaciones.
La estimación puntual de la tasa de desempleo correspondiente a marzo asciende al 9% del total de la población económicamente activa. Si calculamos el promedio trimestral, de manera de reducir el margen de error de la estimación, la tasa de desempleo se ubicó en 8,6% en el período que va de enero a marzo de 2024 lo que implica que unas 163.000 están desocupadas. Esto quiere decir que buscan empleo activamente y están en condiciones de empezar a hacerlo, pero no consiguen trabajo.
Es una desocupación algo superior a la de igual trimestre de los años 2022 y 2023.
No obstante lo anterior, la tasa de empleo también se encuentra por encima de la registrada hace un año. Según el INE, en el primer trimestre la tasa de empleo se ubicó en 58,7% lo que equivale a unas 1.725.000 ocupadas, esto es, unos 45.000 más que en el primer trimestre de 2023. Hay una aparente paradoja, que es que simultáneamente se ha incrementado la tasa de empleo y la tasa de desempleo. Esto ocurre cuando la tasa de actividad (personas que se incorporan al mercado de trabajo) crece a un ritmo elevado. Lo que está pasando es que si bien se crean puestos de trabajo, no es al ritmo suficiente como para absorber a la cantidad de personas que se vuelcan a buscar trabajo, por lo cual también se incrementa el desempleo.
Más allá de la explicación “aritmética” anterior cabe preguntarse también por qué más personas buscan empleo. Esto puede tener que ver con diversos factores, como ser un mayor “optimismo” de las personas que estaban por fuera del mercado de trabajo y ahora se incorporan creyendo que podrán encontrar empleo (este sería un factor positivo); pero también porque haya más personas que necesiten trabajar por la insuficiencia de los ingresos de los hogares (este sería un factor negativo).
No hay dudas que más allá de los resultados “cuantitativos” que muestran una recuperación de la cantidad de personas ocupadas, una problemática que no se ha resuelto (y en muchos casos se ha profundizado en los últimos años) tiene que ver con los problemas de empleo. Los propios informes del INE establecen que la tasa de informalidad se ubica en 22,1% lo que implica más de 380.000 ocupados trabajando sin cobertura de seguridad social. Por su parte, un 9,5% de los ocupados (más de 160.000 personas) son subempleados es decir, trabajan menos horas de las que desearían trabajar.
Otro problema de empleo es la insuficiencia de ingresos. Como se dijo en el discurso del 1ro de mayo había en nuestro país en 2023 unos 550.000 trabajadores con ingresos inferiores a los $25.000 líquidos por mes, esto es 100.000 trabajadores más en esa situación que los que había en 2019.
Si consideramos los trabajadores sin cobertura de seguridad social, los subempleados, los trabajadores con ingresos inferiores a los $25.000 por mes, los que tienen una sobrecarga horaria considerable y desocupados, podemos afirmar que cerca de 900.000 uruguayos, aproximadamente la mitad de la fuerza laboral total, tienen algún problema severo vinculado con su inserción en el mundo del trabajo. Es preciso establecer una estrategia nacional de desarrollo que tenga en el centro la expansión del trabajo de calidad, con objetivos de corto plazo, mediano y largo plazo.
(*) Economista
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La estimación puntual de la tasa de desempleo correspondiente a marzo asciende al 9%
del total de la población económicamente activa. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS.






















