Keiko Fujimori asumió la presidencia en Perú y Milei pretende liderar la derecha sudamericana (en el nombre de Trump).
Por Daniel Dalmao (*)
El martes pasado, 28 de julio, Keiko Fujimori asumió la presidencia de Perú. Keiko es hija del dictador Alberto Fujimori quien gobernó su país desde 1990 al 2000. Durante el segundo gobierno de su padre, 1994 al 2000, Keiko ofició como “primera dama”, tenía 19 años cuando asumió esa función.
La hoy presidenta de Perú se postuló cuatro veces para ese cargo. Este año, el 12 de abril, quedó en primer lugar entre 35 candidatos a la presidencia cuando obtuvo 2,88 millones de votos lo que significó el 17% de los votos a los candidatos. En esta primera vuelta el segundo fue Roberto Sánchez con 2 millones de votos (12%). Por tanto, estos dos candidatos se disputaron la presidencia en una reñidísima segunda ronda el 7 de junio. La diferencia a favor de Fujimori fue de 49 600 votos, esto representó el 0,25% de los peruanos que concurrieron a votar (casi 20 millones de un total de 27 millones de habilitados). Cuando hablamos de grandes números no es fácil dimensionarlos, tenga en cuenta quien está leyendo esta columna que esa diferencia equivale solamente a 25 votos cada 10 mil votantes o poco más de 6 mil votos en Uruguay. ¡Así se definió la presidencia en Perú!
La dictadura de Fujimori padre está tristemente asociada a crímenes aberrantes, decenas de miles de muertos con la excusa del combate al terrorismo, esterilización forzada de un número cercano a 300 mil mujeres y unos 25 mil hombres, corrupción y autoritarismo. El Perú también le debe a esta dictadura fujimorista la implantación del neoliberalismo dejándolo enquistado en la propia Constitución. Hoy el fujimorismo es parte de la onda de ultraderecha que está llegando al gobierno en la mayor parte de los países americanos. El nombre de Keiko Fujimori también está asociado a casos de corrupción, ha debido enfrentar varios juicios e incluso prisión preventiva más de una vez.
No hace mucho logró ser absuelta después de que el organismo supremo de justicia cambió su integración. Estos cambios fueron impulsados desde el Parlamento donde el partido de Fujimori tuvo influencia decisiva en el período anterior. En un país de extrema inestabilidad política, 8 presidentes en 10 años, el Parlamento es quien ha ejercido el gobierno en la práctica, allí Keiko supo hacerse fuerte.
Como buena integrante de las corrientes de ultraderecha que es, Fujimori asumió la presidencia con un discurso donde anunció el combate a la inseguridad convocando para ello a los militares y más apertura al capital internacional para que sigan llevándose los recursos naturales de los peruanos.
Nada dijo en respuesta a los reclamos de justicia por los crímenes de la dictadura de su padre, así como los cometidos durante la presidencia reciente de Dina Boluarte (quien sustituyó al destituido presidente de izquierda Pedro Castillo).
Javier Milei, el para nada modesto presidente argentino, a poco de asumir su cargo decía ser el segundo presidente más conocido del mundo, luego se auto tituló como el “presidente más sionista del mundo”; ahora parece pretender ser el conductor de la derecha sudamericana, en el nombre de Trump su superlativamente admirado líder. Probablemente estas últimas movidas internacionales, con sus respectivos viajes financiados con dinero público argentino, sean parte del plan trazado para lograr este nuevo “título”. He ahí entonces su viaje a Perú para participar en el acto de asunción de Keiko Fujimori como presidenta donde parece que además de la foto, pretendía en esa instancia obtener un pronunciamiento conjunto con los demás presidentes derechistas de la región que sirviera como lanzamiento de su liderazgo.
El “pronunciamiento” deseado no llegó, la foto parcial sí, pero no parece que eso lo desanime mucho, ya tendrá otra oportunidad. Por lo pronto en una semana viajará nuevamente, esta vez a Colombia, para participar en la toma de mando del electo presidente, ultraderechista también, Abelardo De la Espriella quien se auto apoda “el tigre”. Suponemos que la elección de este apodo fue una señal de identificación o alineación con la figura del presidente argentino, quien gusta de hacerse llamar a su vez “el león”.
Otro paso en ese camino a posicionarse como líder de la derecha sudamericana tiene que haber sido el viaje a Brasil para participar en la proclamación de Flávio Bolsonaro como candidato a presidente. La confirmación oficial de la candidatura del hijo del expresidente brasileño, preso hoy por intentar un golpe de Estado, se dio el sábado pasado en la convención del Partido Liberal (PL) en San Pablo.
Allí el presidente argentino, que dice ser especialista en crecimiento con o sin dinero, escenificó uno de sus recurrentes show donde saltó, gritó, “cantó” y leyó un discurso. Lo que dijo para expresar su apoyo al candidato brasileño produjo un rechazo muy grande en buena parte de la opinión pública del país anfitrión y, lo que es más grave aún, precipitó una crisis diplomática entre Brasil y Argentina cuyo desenlace está por verse en que termina. Es que el nivel de agravios al presidente Lula, a su gobierno y a integrantes de la máxima autoridad judicial del vecino país reviste una gravedad inusitada. La pretensión de intervenir en la política interna de un país soberano, que resulta ser su principal socio comercial, además, no parece ser admisible desde ningún punto de vista.
Las respuestas a este exabrupto libertario no se hicieron esperar. El portal Vermelho tituló una nota publicada el martes 28: “Federación Brasil de la Esperanza acciona ante la Justicia Electoral contra injerencia de Milei”. Esta federación formada por el Partido de los Trabajadores (PT), el Partido Comunista de Brasil (PCdoB) y el Partido Verde (PV) “protocolizó el lunes 27 una representación en la Procuraduría General Electoral (PGE) pidiendo la apertura de una investigación sobre la participación del presidente de la Argentina, Javier Milei, en la convención del PL que oficializó la candidatura de Flávio Bolsonaro a la Presidencia de la República. La federación sostiene que hay indicios de injerencia externa en el proceso electoral brasilero y solicita la investigación de las circunstancias de la visita del mandatario argentino. Además de Milei, la representación cita al presidente del PL, Valdemar Costa Neto, al senador Flávio Bolsonaro y al gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas”.
“Según el documento, la presencia del presidente argentino en la convención, presidida por una agenda oficial en el Palacio de los Bandeirantes y por la entrega de la Orden de Ipiranga, levanta dudas sobre eventual utilización de estructuras públicas para favorecer un acto de naturaleza político-electoral” …
El documento también menciona las ofensas dirigidas por Milei al Ministro (juez) Alexandre de Moraes (del Supremo Tribunal Federal, STF), llamándolo de “basura calva”.
La reacción oficial del gobierno brasilero pasó en principio por la convocatoria de urgencia que el canciller Mauro Vieira hizo al embajador en Argentina, Julio Bitelli. Estos “llamados a consulta” en el ámbito diplomático generalmente son a causa de un disgusto por alguna actitud del país en cuestión. Además, el Ministerio de Relaciones exteriores difundió un comunicado en el que “calificó lo ocurrido como un episodio infamante. la cartera sostuvo que no existen antecedentes de un presidente extranjero que, durante una visita al país, haya dirigido agresiones contra el jefe de Estado, las instituciones democráticas, el Poder Judicial y la población” (tomado de la publicación virtual Perfil).
Milei acusó a Lula de “ladrón”, “presidiario” y “basura socialista” entre otros improperios de ese nivel. Cuando unos periodistas brasileros le preguntaron al presidente sobre las declaraciones del argentino, Lula con ironía y una sonrisa se limitó a responder:”Quem é esse cara?” (¿Quién es ese tipo?).
(*) Comisión de Relaciones Internacionales del PCU.






















