Sede central del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) en el barrio Ciudad Vieja en Montevideo.Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS

Algunos de los desafíos del INAU hoy

Por Juan Quevedo (*)

A modo de contexto debemos tener en cuenta que nos encontramos en un país envejecido, donde la tasa de natalidad es de las más bajas de Sudamérica, realidad que genera problemas estructurantes porque en nuestro país si bien «se precisan niños para amanecer» los mismos deberían crecer y desarrollarse bajo las mayores oportunidades y condiciones; pese a ello, un 20 por ciento de los niños, niñas y adolescentes se encuentran bajo la línea de pobreza, ella acentuada en aquellos menores de 6 años.

Según el INE (Instituto Nacional de Estadística) cuatro son los criterios que se relevan como condicionantes centrales que comprometen el desarrollo de los niños, niñas y adolescentes, consumo calórico, hacinamiento, saneamiento y educación. Hablar de hogares pobres implica pensar en una multidimensionalidad de problemáticas a abordar desde la estructura estatal.

Muchas de las problemáticas que tenemos en el INAU son estructurales y carecen de novedad, en otros casos surgen nuevos emergentes que requieren análisis, a fin de comprender las nuevas dificultades e intentar generar acciones transformadoras.

Esta realidad impacta en las instituciones de protección social y en particular en el INAU, lo que ha generado enfrentarnos a una de las crisis más graves de los últimos 20 años, gestada por la profundización de la desigualdad social y el aumento de la pobreza. Este impacto se dio en todos los terrenos institucionales, desde la falta de recursos humanos y una relación deficitaria entre los recursos disponibles y los niños, niñas y adolescentes atendidos, lo que tensiona de forma constante las practicas.

Se perpetúan carencias edilicias y un plan de obras que no logró refaccionar ni impactar en la apertura de nuevos servicios como por ejemplo en lo que respecta a los centros de 24hs, a su vez, si se llegó a la apertura de varios centros Caif sin respaldo presupuestal, en el marco de un déficit heredado de 2400 millones de pesos.

El ingreso a los centros de protección de 24 hs es otro nudo problemático, de más está decir que la internación debe ser el último recurso, apostando inicialmente a un trabajo con la familia de los NNA (niños, niñas y adolescentes) fortaleciendo el trabajo territorial y en cercanía. Este objetivo, se concreta frágilmente debido a la falta de recursos para su despliegue. El aumento de un 123% de las demandas judiciales expresa la imperiosa necesidad de atender esta demanda porque al no hacerlo se siguen vulnerando los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Trabajar en la prevención y promoción de derechos con equipos de territorio, abordando a las familias, favorecer la implementación de los Etaf-Caff, fortalecer los programas de egreso y primera experiencia laboral, priorizar los dispositivos que trabajan el maltrato y el abuso sexual, la trata, las situaciones de calle y el trabajo infantil, deben ser la apuesta sostenida a la pretensión del fortalecimiento de un sistema de respuestas adecuado.

Fomentar un modelo de atención comunitario que sea acorde a las necesidades de nuestra realidad permitirá generar y desplegar diversidad de estrategias de cuidado apostando a la corresponsabilidad y compromiso.

Cuando el ingreso al Sistema de Protección de 24hs es inevitable, este debe darse en las mejores condiciones posibles. El sistema está pensado para permanencias breves, pero la realidad es muy distinta, ya sea por la falta de recursos antes mencionados para el trabajo con las familias, como cuando no hay familias con las que trabajar, en este sentido según el último informe de Sipiav (Sistema integral de protección a la infancia y adolescencia contra la violencia) de las 9000 situaciones de violencia constatadas contra NNA el 90 % se da dentro del ámbito intrafamiliar. Las condiciones actuales, distan mucho de ser las óptimas, siendo una deuda histórica.

Actualmente las puertas de entrada al sistema de protección están desbordadas. Hay NNA en espera para ingresar, y una vez dentro, el traslado a centros de permanencia, exceden los plazos razonables. Estos centros, a su vez, están por encima de su capacidad, con casas que albergan a más de 20 niños. Resolver esta situación requiere inversión edilicia, recursos humanos, con proyectos acordes a la realidad, donde la prioridad sea la de restituir los derechos previamente vulnerados.

Otro de los nudos problemáticos es la atención en salud mental, hoy se paga a clínicas privadas montos importantes con dudosos resultados. Como sociedad tenemos el desafío de fortalecer los programas públicos de salud mental y el consumo problemático de sustancias psicoactivas.

Nada de esto es posible sin el eslabón más importante de la cadena que somos los trabajadores y trabajadoras, acá hay que analizar varios elementos: Por un lado, la formación y capacitación, indispensable para establecer vínculos que generen procesos de autonomía, la generación de carrera administrativa fomentando los concursos internos que contribuyen a la formación y a la vez son un aliciente desde lo salarial y las condiciones de trabajo. Al día de hoy no conocemos las pautas para el sector público, pero es una necesidad establecer por parte del ejecutivo claros criterios de crecimiento por encima de la inflación, para poder recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores públicos.
Todo esto no se resuelve sin presupuesto y en ese sentido es necesario objetivar y priorizar, si se puede subsidiar con 80 millones de dólares anuales a la caja de profesionales, también podríamos discutir como sociedad el tributo planteado por el PIT-CNT del 1 % al 1% más rico que tiene un patrimonio mayor a 1 millón de dólares. Esto lo han desarrollado los economistas Mauricio Da rosa y Joan Vila.

Con este tributo que alcanzaría a unas 25 mil personas que acumulan lo mismo que el 40 % de la población se podría recaudar entre 700 y 900 millones de dólares y no es una medida revolucionaria, de hecho, hay experiencias en el mundo en países capitalistas.

La pobreza infantil rompe los ojos y ha aumentado, no porque el país no haya crecido, sino que esa riqueza se concentra cada vez en menos manos. Modificar esto debe ser un compromiso ético irrenunciable.


(*) Integrante de la Directiva Nacional Del Sindicato de Inau e Inisa ( Suinau) en representación del Espacio Unitario 188620.

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