Las y los adolescentes en 1975, días antes de ser detenidos. Foto familiar.

La memoria y el arte alzan la voz en Treinta y Tres

Este 12 abril, a 51 años del secuestro y tortura de adolescentes militantes de la UJC, se realiza un recorrido por la ciudad olimareña, que se denomina: “Nomeacuerdo-Ensayo Interrumpido”.

Paola Beltrán

Este 12 de abril se desarrollará la primera etapa del proyecto “Nomeacuerdo-Ensayo Interrumpido”. Se trata de un audio-recorrido en Treinta y Tres que visitará distintos puntos de la ciudad acompañado por el testimonio de Liliana Pertuy, una de las adolescentes de la UJC secuestradas y torturadas en 1975 en el Batallón Mecanizado N°10 de la capital de ese departamento. EL POPULAR entrevistó a Ximena Echevarría, directora de “Implosivo Artes Escénicas» responsable de la actividad.

La actividad que será el 12 de abril, al cumplirse 51 años de ese brutal operativo represivo, se desarrollará desde las 17 horas y recorrerá la capital olimareña.

La historia

En abril de 1975, en los prolegómenos de la Operación Morgan, un operativo de la dictadura fascista en el departamento de Treinta y Tres secuestró y torturó a 39 adolescentes, de entre 13 y 18 años, en su mayoría integrantes de la UJC. En 2011, un día antes de la fecha en que prescribían los delitos cometidos por la dictadura, 19 de las víctimas, una de ellas Liliana Pertuy, que en el momento de los secuestros tenía 15 años, presentaron una denuncia en el Juzgado Letrado de primer Turno de Treinta y Tres. El juicio, que llevó 13 años, culminó con la condena, en 2024, de tres de aquellos militares torturadores: Héctor Sergio Romboy, Juan Luis Álvez y Mohacir Leite Urioste. 

Las y los adolescentes fueron secuestrados en sus casas con órdenes de la Justicia militar y retenidos durante 20 días bajo torturas que incluyeron plantones, golpes, submarino, quemaduras y descargas eléctricas, y en el caso de las mujeres fueron víctimas de tocamientos. La Justicia militar les quitó la patria potestad a los padres e impidió a los adolescentes continuar con sus estudios. Fueron procesados por la Justicia Militar y en varios casos trasladadas y trasladados a Montevideo, donde estuvieron detenidos en hogares del entonces denominado Consejo del Niño. 

La dictadura instrumentó un operativo de mentiras y difamación acusando a las y los adolescentes de “prácticas inmorales” y de tener enfermedades venéreas, en un comunicado infame, que fue reproducido por medios de prensa departamentales y nacionales.

El 18 de abril de 1975, el entonces jefe de la División de Ejército IV, con sede en Minas, de la que dependía también Treinta y Tres, general Gregorio Álvarez, fue a ese departamento y participó de sesiones de tortura a las y los adolescentes, que llevaban 6 días detenidos. El general Álvarez el día después encabezó el desfile conmemorativo del aniversario del desembarco de los treinta y tres orientales por las calles de la capital olimareña. Álvarez luego fue comandante del Ejército y dictador.

EL POPULAR publicó varias notas y entrevistas sobre los hechos de 1975 en Treinta y Tres, al igual que La República y Brecha. En 2015 se publicó el libro “Crónica de una infamia: El comunicado más vil de la dictadura”, del periodista Mauricio Almada, que resume una investigación sobre los hechos.

El 14 de agosto de 2017 se colocó una Placa de la Memoria en el Liceo 1 de Treinta y Tres, donde concurrían las y los adolescentes. También se colocó una Placa de la Memoria en el Hogar Yaguarón, en Montevideo, donde estuvieron detenidas varias de las adolescentes.

Liliana dijo, en una entrevista concedida a EL POPULAR, con motivo de la culminación del juicio, que cabe preguntarse si valió la pena luchar después de tantos años de impunidad y que hubo una apuesta por parte de los militares a que “nos íbamos a morir, a que no íbamos a luchar” pero que “un grupo de empecinados, empezando por Madres y Familiares, dijimos que no, que esto tenía que conocerse, que tenía que haber justicia”.

“La historia tiene que conocerse” repiten quienes luchan por la verdad y la justicia, las víctimas de prisión y tortura en la dictadura, sus familiares, los y las familiares de detenidos y detenidas desaparecidas, todos aquellos y aquellas que se comprometen con el Nunca Más terrorismo de Estado. 

La memoria es un acto de autodefensa para los pueblos y por eso las Placas de Memoria, por eso cada 20 de mayo, por eso los libros, las canciones, el teatro. 

Memoria para el Nunca Más

“Pedro y el capitán” es una obra de teatro escrita por Mario Benedetti estrenada en el Teatro Galpón en 1979, en el exilio en México. Trata sobre el diálogo entre dos personajes; Pedro, el torturado y el capitán, el torturador. Una obra que además de la denuncia aborda temáticas como la dignidad, la vida, la humanidad.  

Hace poco más de un año, Ana Clara, familiar de Liliana Pertuy, se comunicó con su ex profesora de teatro Ximena Echevarría; actriz, directora y docente teatral egresada de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD) y fundadora de Implosivo Artes Escénicas, un espacio de formación actoral y de investigación de lenguajes escénicos. La propuesta de Ana Clara fue hacer una adaptación de “Pedro y el Capitán” con el objetivo de visibilizar a las mujeres víctimas de secuestro y tortura en la dictadura. 

A partir de esta comunicación inició un proceso de investigación, creatividad y compromiso que terminó involucrando a 50 personas y que tendrá su primer hito este 12 de abril en Treinta y Tres con la presentación de “Nomeacuerdo-Ensayo Interrumpido” que consiste en un audio recorrido por distintos puntos de la ciudad que aquellos adolescentes solían transitar: la plaza, el liceo, el Club. El recorrido también incluye el Batallón Mecanizado N°10, donde fueron brutalmente torturados. Mientras el recorrido avanza, la voz de Liliana Pertuy relata su historia.

EL POPULAR entrevistó a Ximena Echevarría de Implosivo para dar cuenta de este proyecto que busca contribuir al acervo de la memoria colectiva para el Nunca Más. 

Cuando llegó la propuesta de Ana Clara, contó Echevarría, lo primero que surgió fue la curiosidad, el por qué querer reponer una obra que hace poco estaba en cartel, que tantas veces se presentó, algo así como seguir “replicando un mismo discurso”. Al seguir indagando supo que Ana Clara era familiar de Liliana Pertuy y conoció su historia. A partir de allí comenzaron los encuentros con Liliana. “Hicimos una entrevista y pensamos que tal vez había que contar esta historia, que yo no conocía, empezamos a investigar y tampoco era muy conocida en general. Si bien hubo procesados y hubo un movimiento grande, está encapsulada en un circuito de personas, entonces decidimos empezar a trabajar con ella para poder llevarla a algo teatral”. 

A la directora teatral no le cerraba la idea. Entendió que “esto va más allá, es un archivo de memoria lo que estábamos generando y que desde ese punto de vista todo lo teatral es muy efímero; termina siendo algo visto por un grupo de personas en una actividad y para nosotros esa historia tenía una relevancia, un peso histórico, que era bueno llevarlo adelante de otra forma”. 

Es así que, finalmente, luego de pensar y reflexionar, con el equipo de Implosivo, junto a Ana Clara y Liliana, se gestó este proyecto que cuenta con tres etapas. La primera es el 12 de abril que se cumplen los 51 años del secuestro. El recorrido incluye, además del testimonio de Liliana Pertuy, canciones en vivo, coreografía de acción; “una acción perfomática”.

La segunda etapa corre en simultáneo. Todo el proceso está siendo filmado para luego elaborar un documental audiovisual que también incluye la intervención. Será “un archivo de memoria y un documento sobre la historia”. 

La tercera etapa generará un “documental escénico» que sería más “teatral o performático escénico” con lo que pasó el 12 de abril del 2026 y lo que pasó el 12 de abril de 1975.   

“Empezamos a trabajar en mayo del año pasado, porque inicialmente iba a ser un monólogo, después empezamos a entender que tenía que ser contado de otra manera, involucrar a todo el equipo de Implosivo que somos artistas escénicos pero también hay gente del palo audiovisual, la parte de sonido, estamos involucrando gente de vestuario y ahora estamos, en este momento, cincuenta personas que vamos a estar en la intervención. Recibimos apoyo de la Facultad de Información y Comunicación (FIC) para tener los equipos para poder hacer el documental y también estudiantes que nos van a ayudar en lo que es la filmación y demás, así que pasamos de ser dos a cincuenta. Ahí estamos en este viaje”, comentó Echevarría sobre el proceso. 

-No conocías esta historia de los secuestros de los adolescentes de Treinta y Tres sin embargo manifiestas el compromiso y la necesidad de contarlo, sobre todo en el interior del país en donde estas historias están silenciadas o recién ahora se ponen en palabras ¿qué le aporta a la comunidad esto que ustedes van a desarrollar?

Algo que sí supimos desde el principio, cuando decidimos contar la historia de Liliana, fue que esto no podíamos hacerlo en Montevideo, que se tenía que hacer en Treinta y Tres, porque la historia es de Treinta y Tres y esto genera una información que va a ser única e irrepetible, que no lo generaría en las personas que transitamos Montevideo porque tenemos otros puntos de vista y tampoco es nuestra historia. 

Lo que sucede es que interpela a volver a ponerlo sobre la mesa o tal vez reconocer que esto también es parte, que esto sucedió, que es parte de nuestra historia también. 

Echeverría comentó que en las conversaciones con Liliana reflexionaba sobre que pareciera que estas historias no son parte de las historias de las nuevas generaciones porque fueron en otra época, en otra realidad, sin embargo “nosotros somos quienes somos también porque esas historias sucedieron en el país en que vivimos y pasan a ser parte de nuestra memoria”, reconoció. 

Hacerlo en Treinta y Tres también conecta con un sentir de aquellos “chiquilines” sobre que de alguna forma su lugar les dejó de “pertenecer” dejaron de “sentirse parte” de su pueblo. Por lo tanto, esta intervención también es una forma de decir esta también es mi casa, esto es parte de nuestra historia y al ponerla sobre la mesa podemos hablar sobre eso y podemos generar acciones sobre lo que fue, entendiendo que hay un quiebre. 

Hablan de quiebre después de la dictadura en el departamento y queremos ver si se puede generar un movimiento de reconocimiento y reparación sobre los hechos y decir que sí que esto te pasó, que pasó acá y qué podemos hacer con eso. 

-Es importante que el arte también pase por ahí porque tiene otra manera, otro lenguaje, otra sensibilidad para expresarlo. 

El ocupar el espacio público es, de cierta forma, hacerlo visible, no queda sólo en un círculo, aunque no lo estés buscando se introduce en la ciudad y desde ese lugar creemos que es un buen puntapié para poder volver a traer estos hechos y que se vuelvan a pensar. 

El recorrido parte de la plaza “19 de abril”, que es la plaza donde se juntaban los chiquilines a estar con sus amigos, desde ahí vamos a recorrer hasta el liceo N°1 a donde iban a estudiar; de ahí salimos hacia el cuartel, en el cuartel hacemos una intervención, que fue donde estuvieron detenidos y detenidas y de ahí volvemos al Club Progreso que queda frente a la plaza. La noche en que los detuvieron iba a haber un baile en el Club y ellos iban a ir, o sea que si no hubieran estado detenidos en el cuartel, el lugar donde tendrían que haber estado es ahí, en el Club y en ese baile y ahí vamos a terminar, en donde debían haber estado y no donde estuvieron. 

Creemos que va a ser muy movilizante y el tenerla a Liliana, contando su historia en primera persona tiene un valor que deja de ser artístico para ser un testimonio. Eso adquiere un valor que no es el mismo que si lo hubiésemos hecho ficcionado y otra persona hubiera hecho de Liliana, porque no hay nada que pueda ser más importante que lo que pueda contar en primera persona; todo lo demás podemos pensar que se fingió, no existió, con la ficción no sabemos, pero si alguien te cuenta algo de su verdad, es su verdad y no hay con qué darle. 

Sos una mujer de la cultura, con capital social, sensible, naciste en 1979, tenés 46 años y no conocías estos hechos ¿por qué pensás que nos pasa eso?

Es algo que nos hemos preguntado y un poco también hablábamos de qué pasó en Treinta y Tres, si sabían que esto sucedía, qué pasaba y se habló mucho de esto de bloquear o esconder información o para no involucrarse, para que tu familia no se involucre, no sé por qué. 

Siempre digo, nací en el 79´ y no vengo de una familia politizada y tampoco siento que transité la dictadura como persona porque era una niña muy chica, no es parte de algo que me atravesó directamente a mí. Sin embargo hoy me doy cuenta, sobre todo con toda esta investigación que hicimos con Liliana y el poder escucharla y estar con ella, que en realidad soy quien soy porque el país estuvo en este proceso de dictadura y mis pensamientos y mi forma de ver la vida también fue atravesada por todo eso, esos miedos que uno tiene, esas cosas también te atraviesan. 

Hay algo que dijo Liliana en una de las entrevistas, «yo me voy a morir y quién va a contar mi historia. Somos parte de una generación que en algún momento vamos a morir y las historias van a quedar tapadas y esta historia tiene que ser contada». Eso siento, que hacerla un poco mía también es entender que soy parte también de esa historia en algún punto. 

Algo que nos venimos preguntando nosotros como colectivo del arte es dónde queda en estas historias o el arte para qué en una sociedad y nosotros de verdad creemos que a veces hay que hacer esos cruces; porque a través de ciertas acciones artísticas podés generar pensamiento y movimiento social. No solamente tenemos que hacer arte para entretener sino el arte para movilizar también. 

La invitación está planteada, un encuentro con la historia personal y colectiva, con el arte como instrumento para construir memoria, para reparar injusticias y movilizar la conciencia. Es el 12 de abril en Treinta y Tres, la entrada es libre y gratuita. 

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