Para entender la guerra mediática contra Cuba, hay que remontarse a 1959. Estados Unidos no podía aceptar una Revolución a 90 millas de sus costas. Pero tampoco podía invadir abiertamente sin costo político. Así que encontró otra vía: usar los medios de comunicación como ariete.
Según explica Alfonso J. Palacios Echeverría, la guerra mediática es el enfrentamiento de los poderes económicos y políticos que, al verse imposibilitados de dar golpes de Estado mediante el uso de las fuerzas armadas, utilizan medios de comunicación nacionales e internacionales para levantar campañas mediáticas con el fin de desacreditar a los gobiernos que se oponen a sus intereses.
La periodista colombiana Patricia Villegas Marín, presidenta de la agencia de prensa Telesur, identifica cuatro formas fundamentales de operar esta guerra:
- Sobreinformación: llenar los medios y redes de información efímera, sin profundidad.
- Fragmentación: mostrar solo una parte de la historia.
- Ocultamiento: esconder lo que no conviene que sea público.
- Farandulización: escribir con la estructura de la prensa de farándula, donde uno es el malo y otro el bueno.
Jacinto Valdés-Dapena: una guerra planificada y sistemática
El Dr. Jacinto Valdés-Dapena Vivanco ha analizado la guerra mediática estadounidense contra Cuba y encontró que se caracteriza por el uso de acciones planificadas y en sistema por la comunidad de inteligencia de EE.UU., el uso intenso y extenso de las ciencias sociales y técnicas, la utilización operativa y racional de los medios de comunicación y la participación activa de los centros de pensamiento (think tanks) dedicados a los estudios políticos y sociales.
No es improvisación. Es ingeniería social aplicada a la desestabilización.
El primer round: juicios públicos y periodistas extranjeros en 1959
Una de las primeras formas de guerra que EE.UU. utilizó contra Cuba fue mediática. Los medios estadounidenses desataron una ola de críticas contra los juicios públicos a los criminales de guerra batistianos, argumentando que se violaban sus derechos.
La respuesta de Fidel Castro fue contundente: en enero de 1959, citó a 400 periodistas extranjeros y a algunos congresistas norteamericanos para que presenciaran los juicios y la realidad de Cuba. No había nada que ocultar.
Las primeras trincheras mediáticas
En 1960, Radio Swan comenzó a transmitir hacia Cuba como vocera de la contrarrevolución radicada en el exterior. No era una radio cualquiera: durante la invasión de Playa Girón en 1961, transmitió información táctica a los mercenarios y coordinó sus acciones con otras emisoras internacionales para crear un estado de opinión contrario al gobierno cubano.
Era, en esencia, una emisora militar operando bajo la apariencia de medio independiente.
Durante la Crisis de los Misiles, el presidente John F. Kennedy instruyó a la Agencia de Información de Estados Unidos (USIA) que aumentara de forma considerable su capacidad de transmisión hacia Cuba. Más frecuencias, más horas de emisión, más emisoras. El objetivo: provocar una saturación informativa que desgastara psicológicamente a la población.
Radio y TV Martí: 40 años de fracaso con financiamiento millonario
El ejemplo clásico de esta estrategia es la creación de Radio Martí en 1985 y Televisión Martí en 1990. Ambos, con sede en Miami, transmitían 24 horas los siete días de la semana. Financiados inicialmente por USAID y luego por la Agencia de Estados Unidos para los Medios Globales (USAGM), tenían el objetivo declarado de “contar la verdad cubana”, “promover la democracia” y “ser un medio de prensa libre para los cubanos”.
Pero la realidad fue otra. En sus emisiones, incitaban a salidas ilegales del país, atacaban la imagen de Fidel Castro, estimulaban actividades subversivas y terroristas y criticaban todas las transformaciones políticas, sociales y económicas de la isla.
Y un detalle no menor: para llegar a la población cubana, intervenían frecuencias legítimas de radio y televisión del país, violando acuerdos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones.
El resultado fue un rotundo fracaso. Sus índices de audiencia en Cuba eran tan bajos que en 2010 varios senadores demócratas recomendaron fusionarlos con la Voz de América. La férrea oposición de la comunidad cubanoamericana lo impidió.
Trump cierra (y reabre) Radio y TV Martí en 2025
En marzo de 2025, el presidente Donald Trump, como parte de sus recortes de fondos estatales, ordenó el cierre de la emisora y la cadena, argumentando que no cumplían con su objetivo de fundación.
La noticia provocó una avalancha de críticas de políticos, influencers y personalidades de la comunidad cubanoamericana. Ese mismo mes, ocurrió la reapertura del medio.
La paradoja: un gobierno republicano cierra un medio anticubano porque no sirve, y la propia derecha cubanoamericana lo defiende a capa y espada. El negocio del odio también es, ante todo, un negocio.
El presente: plataformas hipermediales financiadas por EE.UU.
Actualmente, la mayor parte de estos esfuerzos se centran en plataformas hipermediales a las cuales los cubanos acceden fácilmente desde sus páginas web o perfiles en redes sociales. Estos medios se autodenominan “independientes”, pero son todo lo contrario.
Entre los más conocidos:
- CiberCuba (surgido en Valencia, España, en 2014): dice reflejar la realidad de Cuba y la diáspora sin favorecer ninguna orientación ideológica, pero solo publica contenido en contra del gobierno cubano. Ha sido acusado en múltiples ocasiones de publicar fake news.
- ADN Cuba (fundado en 2017 por Ulloo Media, Inc.): se compromete a “combatir la propaganda comunista” y aclara que aceptan la diversidad de opiniones, con la excepción de las que promuevan el comunismo.
- Cubanet (fundado en 1994, opera desde Miami y Santiago de Cuba): su principal fuente de ingresos son las subvenciones de gobiernos locales y nacionales.
Todos son financiados con presupuesto del gobierno estadounidense.
Los números: 2,7 millones de dólares solo en el año fiscal 2023
Según datos de la Oficina de Asistencia Extranjera de EE.UU. (ForeignAssistance.gov), en el año fiscal 2023:
- El programa Cuba Democracia-Prensa Independiente y libre circulación de la información recibió 1.400.000 dólares.
- Medios de comunicación independientes y libre circulación de la información recibió 1.295.621 dólares.
Total: 2.695.621 dólares a distribuir entre una serie de medios, sin contar los fondos destinados a otros programas también orientados a la prensa y los periodistas cubanos.
Estos medios producen contenidos hipercríticos, forman operadores políticos, crean agentes de cambio, promueven desinformación y fake news, y validan el terrorismo como forma de lucha antigubernamental. Todo con altos costos humanos y sociales.
Guerra cognitiva: el campo de batalla es el cerebro
El término guerra cognitiva fue acuñado en 2010 por el Pentágono. Consiste en utilizar la desinformación y la propaganda para agotar psicológicamente al receptor del mensaje.
Esta forma de guerra no convencional utiliza herramientas cibernéticas para alterar los procesos cognitivos del enemigo mediante la explotación de los sesgos mentales y el pensamiento irreflexivo. Es un ataque que provoca distorsiones y entorpece los sentidos con el objetivo de destruir cómo alguien construye su propia realidad, ofreciéndole una única realidad posible.
El avance de las redes sociales ha permitido globalizar la guerra cognitiva, aumentando el alcance de los mensajes con cada like o publicación compartida.
Herramientas de la guerra cognitiva: sesgos, algoritmos y saturación
La guerra cognitiva utiliza herramientas semejantes a la mediática, pero más enfocadas en cuestiones psicológicas:
- Explota vulnerabilidades neurológicas humanas como los sesgos cognitivos, por los cuales el cerebro puede ser engañado por una información que muestre evidencias aunque no sean reales.
- Utiliza el contenido más consumido por el usuario en redes sociales para entender sus sentimientos y poder utilizarlos con fines políticos.
- Satura constantemente al receptor con todo tipo de contenidos, haciendo que el cerebro encuentre más atractivos los mensajes rápidos donde no haya desgaste mental.
El “Síndrome de La Habana”: un caso ejemplar de guerra cognitiva
La periodista cubana Rosa Miriam Elizalde y el diplomático Rogelio Polanco Fuentes citan como ejemplo de guerra cognitiva contra Cuba el supuesto “Síndrome de La Habana” , llamado así por quienes acusaron al gobierno de la Isla de un ataque acústico contra funcionarios estadounidenses en la Embajada de estados unidos en La Habana.
Al nombrarlo como la capital del país, gracias a la manipulación de percepciones y emociones, quedaba vinculada a supuestas acciones ofensivas de Cuba contra Estados Unidos. Esa justificación fue usada por Donald Trump en su primer mandato para aumentar el bloqueo.
No importaba que no hubiera pruebas. La percepción era el arma.
Hoy: la misma estrategia, nuevas plataformas
Las mismas plataformas contrarrevolucionarias, así como sus perfiles en redes sociales y las cuentas de influencers radicados en Miami, son utilizadas como parte de las estrategias de guerra cognitiva.
A diario publican únicamente las cosas negativas que suceden en el país, aumentando en la mayoría de los casos la situación, y contribuyen a crear una imagen de “estado fallido” con el objetivo de provocar reacciones violentas dentro de la población. Llaman al desorden público, al sabotaje como «libertad de expresión» y piden a gritos una invasión estadounidense como única solución a los problemas internos en Cuba.
No informan, operan.
Fuente: Razones de Cuba






















