A pesar del clima inclemente decenas de miles de personas se movilizaron en más de 80 localidades del interior del país más las actividades que se realizaron en otros países de nuestro continente y en Europa.
Con el frío calando los huesos pero con una convicción que entibió las almas, miles marcharon por la avenida 18 de julio convocados por la Asociación de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos (FAMIDESA) que se sumó a las más de 80 movilizaciones en todo el país y cientos de actividades en el marco del mes de la memoria que continúan desarrollándose en Uruguay y también en el exterior. En la movilización participaron la vicepresidenta de la República, Carolina Cosse y varios legisladores y legisladoras, entre otras autoridades.
Treinta años marchando
La consigna elegida en esta oportunidad por Madres y Familiares, “30 años marchando contra la impunidad de ayer y de hoy. Exigimos respuestas”, da cuenta de un proceso de construcción de conciencia y movilización por memoria, verdad, justicia y nunca más terrorismo de Estado, que tuvo su primera expresión en 1996 al cumplirse 20 años de los asesinatos de Héctor Gutiérrez Ruiz, Zelmar Michelini, Rosario Barredo, William Whitelaw y la desaparición del médico Manuel Liberoff, en lo que fue el primer crimen en el marco del Plan Cóndor que buscó consolidar el miedo y el terror y que 30 años después se transformó en una lucha de todos y todas: la más masiva y transversal del pueblo uruguayo.
Esta marcha también suma ocho nombres a la lista de detenidos desaparecidos: Ángel Eduardo González Rodriguez, María Mercedes Hourquebie de Francese, Jorge Eduardo Rosado Galarza, Modesto Orestes Caballero Osuna, Miguel Angel Sánchez Rodríguez, Elgart Aldeber, Luis Eduardo Bergés García y Antonio Cosimo Vulcano Díaz. Ayer, por primera vez, sus nombres sonaron fuerte cuando la marcha se detuvo unos minutos en Ejido para dar comienzo a la lectura de la lista de desaparecidos.
Y estos nombres que se suman, que se nombran y se recuperan para exigir saber dónde están, también son parte de esta acumulación popular. La Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH), creada en 2008, presentó, en los días previos a la movilización, un informe profundo que da cuenta del trabajo del equipo de Investigación y Búsqueda de la Institución, que informó que que al 14 de mayo del 2026, fruto de los trabajos de investigación, se incorporan 8 nombres a la lista de detenidos desaparecidos por el terrorismo de Estado en Uruguay y permanecen activas 243 investigaciones que aún restan aclarar.
Un río imparable
Una de las cientos de canciones que nuestros artistas aportan para poner poesía en la consigna, en la reivindicación y música en la lucha, de la banda “Cuatro pesos de propina” dice: “Caminaré en silencio por el asfalto frío, nadie te olvida, acá no hay soledad. Caminaré en silencio, ruidoso como un río, acá nadie te olvida, acá hay necesidad”.
No hay discusión sobre lo convocante de la Marcha del Silencio, es un pueblo, son los viejos sí, los que vivieron el terror, pero también son los jóvenes que se emocionan y cuidan la cabecera de la marcha, los niños y niñas que pintan sus propios carteles, con colores y sus madres, padres, tíos y hermanos que les cuentan qué significa la margarita, quiénes son esos y esas que encabezan la marcha, quiénes eran esas personas que nos miran desde esas fotos en blanco y negro, el por qué los desparecieron, qué fue el terrorismo de Estado y por qué nunca más debemos permitir que vuelva.
Es destacable el carácter nacional de la marcha. Cada año se organizan marchas en más localidades del interior y en el exterior. Por eso, ante la pregunta de si somos más o menos cada año, la respuesta es, sin lugar a dudas: somos cada vez más.
En Lavalleja, Río Negro, Canelones y Montevideo los cuatro intendentes frenteamplistas fueron parte de la movilización en sus respectivos departamentos.
También es un ejercicio de organización popular. La movilización inicia en Rivera y Jackson y desde ahí hace una curva que la lleva a la Avenida 18 de julio. En las veredas, cientos de personas aguardan en silencio, expectantes, con las emociones pulsando el corazón y se van sumando. Más adelante, varias cuadras adelante, pareciera que hay otra movilización, son miles de personas que aguardan, una masa de personas que ocupan la avenida y sin embargo, a medida que la marcha avanza, sin más que apenas algunos organizadores que con mucha tranquilidad solo piden que abran el espacio para que la pancarta pueda pasar, la marcha pasa y se va ensanchando, se va alimentando ese cauce a tal punto que muchos de los que quedan al final de la movilización avanzan apenas unas cuadras.
Y toda esa multitud camina lentamente y en silencio. Con fotos en sus manos, con consignas escritas en cartones, con sus pañuelos blancos, abrazados a sus familias y amigos, comentando bajito la inmensidad de la que son parte, lo conmovedor de estar ahí. Hay encuentros y abrazos entre viejos militantes, hay miradas de reconocimiento mutuo entre la multitud. Es verdaderamente una acción colectiva y profundamente democrática.
“Ya hace mucho tiempo que esta marcha ha dejado de ser nuestra, de los y los familiares, para ser de una gran parte del pueblo uruguayo que la abriga y la sostiene, haciéndonos llegar muestras de afecto y esperanza que nos hacen posible continuar esta lucha. Mayo es el mes donde todas las generaciones se unen para sostener la memoria”, afirmaron desde Madres y Familiares.
Al final de la lectura de los 205 nombres cuando la marcha llega a la Plaza Libertad comienza a sonar el himno nacional y al terminar, un aplauso cerrado que dura varios minutos, que como olas mansas van y vienen a lo largo de la inmensidad de la multitud, resuena entre los edificios altos que también se visten con margaritas.
En tiempos de instantaneidad, de presente perpetuo, la Marcha del Silencio demuestra que la potencia está en la construcción histórica, amplia y profunda, en la acumulación paciente y constante, en que todos y todas seamos y nos sintamos Familiares.






















