Por Paola Beltrán
Inicia el segundo año del gobierno del Frente Amplio (FA), las organizaciones sociales se preparan para profundizar sus luchas y en la región los gobiernos que persisten en defender su soberanía y su libre determinación intentan generar articulaciones que permitan resolver las tensiones derivadas de las reiteradas violaciones al derecho internacional provocadas por el avance de la agresión imperialista.
Con este marco EL POPULAR entrevistó al senador de la 1001 y el FA y Secretario General del PCU, Oscar Andrade quién, a lo largo de la entrevista, plantea la necesidad de analizar con profundidad la coyuntura, que los avances del gobierno frenteamplista acumulen en organización y conciencia popular y las tareas necesarias para profundizar en una perspectiva de democracia avanzada.
-¿Cuál es tu análisis de esta etapa del mundo en este contexto de recrudecimiento de la agresión imperialista de EEUU en nuestra región?
Yo creo que este es un momento en el que tenemos la necesidad de incorporar a la reflexión y la acción política tres dimensiones que nos deben servir para elaborar con mayor profundidad: la dimensión global, la social y la histórica.
Para nosotros esto siempre fue un conjunto, no pensamos la política desde fuera de la construcción de los movimientos sociales y políticos que luchan por conquistar objetivos inmediatos y estratégicos.
Sobre la dimensión global, el internacionalismo no representa para nuestra perspectiva solamente un componente emocional sino una necesidad histórica. La lucha de los pueblos es necesariamente internacional. Hoy, donde el desafío principal es frenar la posibilidad de un genocidio a escala planetaria por el imperialismo para dirimir su declive, es bastante notorio que solamente un espacio de coordinación y acción internacional lo puede frenar. Esta dimensión estratégica pasa a tener que dialogar de manera muy íntima con la cuestión táctica. Cualquier referencia reivindicativa hoy está atravesada por esta dimensión de riesgo de la tragedia.
La segunda es la dimensión histórica; los fenómenos no surgen de la nada, tienen un acumulado y por lo tanto es importante pensarse siempre como parte de esa continuidad de lucha de los pueblos, de herramientas, de derrotas, de victorias, de avance, en un largo recorrido, al menos latinoamericano, del que tenemos que aprender mucho.
La tercera es la dimensión social; los problemas políticos no son sustancialmente técnicos sino políticos. Es la correlación de fuerza de quienes luchan por la vivienda contra quien quiere especular con el suelo urbano. Es la lucha de los trabajadores por poder participar de manera diferente, al menos reivindicativamente, en el salario, del cambio científico tecnológico y la ganancia que genera o en la dimensión social de la organización del trabajo; en la lucha de las mujeres contra la desigualdad de género. Es la larga lucha por el reconocimiento que tienen gigantescos colectivos en el planeta, históricamente segregados, étnicos raciales. Hay un conjunto de acciones que en el fondo lo que representan son intereses.
Siempre es muy importante, en nuestra mirada, estas tres dimensiones: global, social e histórica. Incorporarlas y más ahora que estamos en un momento de mucha complejidad, uno podría decir dramático, cuando el imperialismo ha decidido acciones militares directas en América Latina y anuncia acciones militares en el planeta, es aún más necesaria esta reflexión.
-Desde esta perspectiva qué rol ocupa Uruguay y cuál es la tarea de la fuerza política, el ejecutivo y el legislativo?
Lo primero es no pensarse solo, ese es el gran aprendizaje de los 15 años de los gobiernos del Frente. En la medida que el FA fue perdiendo una referencia histórica, perdiendo en la potencialidad de su aplicación, no es que la haya abandonado porque un Congreso definió abandonar la construcción de la fuerza social de los cambios, pero nuestra dimensión siempre fue que las luchas del pueblo conquistan el gobierno y gobierna en torno a un programa con las grandes mayorías organizadas y movilizadas.
Esta premisa que afirmamos en los 90’ y que presidió la conquista del gobierno en el 2004 es heredera del seregnismo. El General Líber Seregni en el cierre de su primer gran acto masivo que fue el 26 de marzo, terminaba anunciado un propósito estratégico: con el FA el pueblo llega al gobierno. Y no es una distinción menor, no sostenía «va a haber un gobierno con medidas que favorezcan al pueblo», que uno supone que esto también estaba arriba de la mesa, sino «el pueblo llega al gobierno», lo que es una cosa mucho más compleja.
En la mirada arismendiana, a finales de los 80’, (esta perspectiva) tuvo una categoría teórica que es la «democracia avanzada»; para que el pueblo llegue al gobierno la democracia requiere profundizarse. No solo en sus componentes institucionales o procedimentales, que son importantes, sino también en el ejercicio directo de la democracia. Esto es, la democracia está limitada y la libertad lo mismo si hay exorbitante concentración de poder (económico, financiero, militar). Esta referencia teórica se demuestra hoy de manera abrumadora producto de la bestialidad trumpista.
La expansión como nunca antes en la historia de los consejos de salarios, también incorporando a los trabajadores públicos, el sector rural y el sector de domésticas, contiene una mirada democrática avanzada; el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) es una perspectiva democrática avanzada, el avance en derechos materiales como la universidad en el interior, el descenso de la pobreza, son elementos que contribuyen a la convocatoria, a la participación de las organizaciones sociales, para elaborar el Plan Quinquenal de Vivienda, son todas medidas que van en dirección de profundizar la democracia.
Pero este fenómeno no se pudo aplicar de manera plena, en algunas áreas hasta tuvimos dificultades: un gran proceso de sindicalización en los primeros años pero después hubo un estancamiento, el SNIS ni de cerca tuvo la participación de usuarios y de trabajadores que requiere para pensar transformaciones más profundas; en el proceso de descentralización impulsado por el FA ,que transforma ese tercer nivel de gobierno en el primer nivel de gobierno, no logramos madurar las condiciones políticas y organizativas. Un conjunto de áreas en las que estábamos desafiados para potenciar la transformación democrática del Estado no logró la articulación suficiente. Es más, la propia combinación de gabinete productivo y social en los gobiernos frenteamplistas tuvo buenos anuncios, buenos resultados, pero después también se estancó.
El estancamiento de la participación social debilita el proceso en términos políticos y más en un escenario de dificultades económicas; fue uno de los componentes de la derrota a lo que también le agregamos elementos que tienen que ver con el FA y su descuido del trabajo de base, la falta de recambio generacional, la institucionalización excesiva de la fuerza de gobierno, una mirada que en determinado momento pasó a tener cada vez más enfrentamientos con su base social. Hay un conjunto de componentes que hoy son aprendizajes. Por lo tanto, cualquier estrategia del gobierno o de la bancada tiene que ser pensada desde ese lugar.
Nosotros vamos a intentar trabajar con el FA, con los compañeros de la bancada para decir bueno, un centro de la acción legislativa no es sólo la exquisitez de la norma que puedas elaborar sino el contacto con los protagonistas y beneficiarios del esfuerzo legislativo que intenta atender una desigualdad; es la batalla por la conciencia, el no descuidar en ningún terreno la subjetividad, la relación con la fuerza política y los movimientos sociales que históricamente han sido aliados del FA en una perspectiva estratégica. O sea, lo primero que tiene que pensar la bancada o cualquier ámbito de gobierno es no pensarse en sí mismo porque si se piensa en sí mismo, aunque resuelva bien desde la perspectiva de la gestión, no va a acumular lo suficiente en el sentido de la transformación popular.
Ahí tenemos un debate interesante para dar a la vez que colocamos planes y medidas de acciones que intenten resolver esto en la práctica. Cómo nos vinculamos con las coordinadoras, con las departamentales, con los sindicatos, con la universidad, con el movimiento cooperativo, con los movimientos de derechos humanos, con los feminismos, con los movimientos ambientales; cómo logramos reducir tensiones que necesariamente van a existir, porque sigue siendo cierta esa premisa de que tenés el gobierno y no el poder y es evidente que hay temas que para resolverlos vas a requerir otras correlaciones, más en un gobierno que tiene mayoría parlamentaria en una sola cámara, pero a la vez tratando de construir juntos el sentido estratégico de nuestras luchas.
No están separados, sería un gran error pensar que hay una estrategia de la bancada, otra del gobierno, otra del FA y otra de los movimientos sociales. Tenemos que encontrar comunes denominadores.
En ese proceso es que pensamos este año que vamos a estar inundados de desafíos porque es un año donde va a estar en debate la reforma de la seguridad social y nosotros pensamos una reforma de la seguridad social inundada en derechos; donde hay un debate profundo sobre la estrategia nacional de desarrollo, lo que requiere un enorme esfuerzo para pensar cómo resolvemos soberanía productiva, cuáles son las medidas para generar trabajo de calidad, no hay posibilidad de independencia democrática sin soberanía productiva; tenemos un enorme esfuerzo por hacer un Congreso de la Educación que tiene que ser masivo, profundo y lograr resolver un conjunto de dilemas en el terreno de la participación en base a la autonomía y cogobierno, del presupuesto, de desafíos que la educación tiene a los efectos de ser un factor que contribuya a la perspectiva de la democratización de la sociedad; hay un debate abierto sobre enfrentar la pobreza infantil con mayores recursos y con medidas tributarias que planteó el PIT-CNT y que este año el FA discute en el marco su Congreso; tenemos la Rendición de Cuentas y se ha puesto arriba de la mesa la cuestión de la reducción de la jornada laboral. O sea, el debate no se da en abstracto sino en el medio de estas luchas.
-Existe un descontento en muchos frenteamplistas, incluso en militantes de comité de base ¿qué se le puede decir a estos compañeros y compañeras teniendo en cuenta que todos y todas son necesarias para llevar adelante estas tareas que mencionás?
Yo creo que la conquista del gobierno abrió una perspectiva diferente en el país. Se puede discutir la profundidad de la perspectiva, voy a poner un ejemplo: este año cerró con una cantidad importante de acuerdos en materia de convenios salariales donde particularmente tuvieron mejores resultados los convenios colectivos de los trabajadores que cobran menos de 50 mil pesos, con algunos convenios que son de enorme importancia como el del trabajo rural, el trabajo doméstico y el de los supermercados. Creo que estos tres convenios colectivos van a hacer el mayor aporte a combatir la pobreza infantil en el período que viene; particularmente el de domésticas y supermercados por la cantidad de mujeres que trabajan, porque es evidente que hay una cuestión de pobreza que está colocada mayoritariamente en hogares monoparentales. No hubiera pasado eso sin un cambio de gobierno.
¿Esto quiere decir que los convenios colectivos – por poner solo un ejemplo – van a hacer un avance? Pueden ser estériles los convenios colectivos si acompañado del convenio colectivo no se logra ampliar muchísimo la base social y sindical, cosa que ningún convenio resuelve, eso después es militancia, pero es mucho mejor sindicalizar con convenios colectivos. El sector rural hacía diez años que no lograba un acuerdo tripartito, que solamente tenía convenio tripartito, la mayoría, establecidos en base a lo que la patronal imponía. Que se hayan logrado ahí partidas concretas para la alimentación, antigüedad y demás, ayuda a generar un cambio cultural muy importante que es que la lucha paga. Esto tiene un elemento fundamental desde el punto de vista de la subjetividad. Bueno, no debiéramos obviar una tarea del campo de las fuerzas de izquierda para mejorar la representatividad de los trabajadores porque esa va a ser la garantía de que esas conquistas se puedan profundizar.
Voy a poner otro ejemplo: este año empiezan las becas Butiá. Es histórico en Uruguay que una cuarta parte de los estudiantes de educación media tengan beca. Ahora, las becas Butiá pueden ser un gran problema para la izquierda si no se instrumentan de manera organizada, esto es, si no se logran forjar gremios estudiantiles que discutan criterios, que participen los docentes, la comunidad educativa y si no se logra una batalla subjetiva de que la beca no es un beneficio sino garantizar el derecho a la educación y que luchamos como pueblo para garantizar el derecho a la educación porque nos avergüenza que cualquier gurí o gurisa tenga que abandonar los estudios por no tener recursos económicos. Bueno, ese debate político que es la síntesis política avanzada es lo que puede transformar una medida estéril en una medida que contribuya a fortalecer que tengamos una presencia inédita de los estudiantes de media participando en el Congreso Nacional de la Educación a través de poder organizarse entorno a cómo se distribuyen las becas, sobre todo pensando en que la familia del hijo que no le tocó la beca se alegre por el que le tocó la beca. Eso no es sencillo a priori.
El incremento de las política sociales, particularmente la multiplicación del Bono Crianza que sube un 50%, si aprendimos de la experiencia anterior de gobierno, donde la presentación del Plan de Equidad en el papel parecía que iba a ser abrazado por nuestro pueblo, después la práctica estuvo inundada de críticas, particularmente, por el avance brutal del neoliberalismo en el terreno de la subjetividad que promueve la idea de salvarse solo y que quiero que los demás se salven solos. Es contagioso, es espeso. No pensemos a priori que vamos a tener un abrazo popular masivo al Bono Crianza. El Bono Crianza será entendido en un sentido artiguista, de que los más infelices tienen que estar primero, si somos capaces de procesar un debate político potente.
En el proceso de reforma urbana,, de nada vale la posibilidad de normativa para la expropiación de viviendas vacías si después no hay un proceso de transformación democrática del Estado. Y para que haya una proceso de transformación democrática del Estado que haga eficaz la norma, y para que el destino de la norma sea atender a los más postergados, y que atender a los sectores más postergados sea acompañado por la comunidad, requiere un enorme trabajo político.
Hemos tenido situaciones en Montevideo donde un realojo en vez de ser aplaudido por los vecinos es mirado como una mala noticia por los vecinos, sobre todo los que están cerca del realojo. Es nuevo esto.
Entonces, lo que tenemos que entender es que el proceso de transformaciones no es la acumulación de normas en los gobiernos. Nuestra tarea es abrazar cada una de las medidas, ejemplo, se va a duplicar la inversión en saneamiento y agua, va a crecer un 56% la inversión en transporte y obras públicas, se va a duplicar la inversión en los asentamientos irregulares. ¿Esto quiere decir que nos alcanza? No.
Seguramente, en todas estas áreas nuestra perspectiva es que tendría que haber una política todavía más agresiva de la política pública, pero sería muy torpe que, en el período pasado, cuando hubo un recorte de inversión en saneamiento de 50 millones por año, el gobierno nos llenó la cara de dedos con anuncios y ahora que efectivamente tenés un plan de inversiones, el más ambicioso de la historia, nosotros lo planteamos con vergüenza.
Fundamentalmente el año pasado hemos tenido dificultades con las opiniones del gobierno sobre algunos temas de cuestión internacional como el genocidio en Gaza o posicionamientos políticos en torno a determinadas cuestiones de esta naturaleza, pero esto no quita que cada conquista la tengas que sintetizar. ¿Por qué? No porque esas conquistas sean mérito del gobernante que está ahí hoy, esa conquista es producto de una acumulación histórica de lucha de nuestro pueblo y nosotros no vamos a lograr mayores transformaciones sobre la base de desmoralizar los destacamentos de avanzada.
-Esta nota saldrá publicada en la primera edición de EL POPULAR de este año, hablabas de la disputa de la subjetividad, los medios de comunicación; los dispositivos que construyen la subjetividad en todas sus plataformas son parte de esto. ¿Cómo ves esa disputa?
Se juega una gran parte del partido ahí. En la izquierda tenemos un enorme desafío. Creo que este año que vamos a un Congreso del FA, el FA tiene que repensar de manera profunda todos los planos en donde se juega la cuestión comunicacional. Lo mismo creo para el movimiento sindical, ahí con un elemento todavía agregado que es que la central no ha logrado aún poner en funcionamiento el canal del PIT-CNT que, en este escenario de tanto riesgo, es imprescindible que sobre eso se avance y además cada espacio de organización y lucha tiene que colocar en su referencia las tres patas, no es solo lo que comunicas, es cómo organizás en torno a la política.
Descentralizar la Universidad en el interior y tener en la mayoría de los departamentos del interior la casi inexistencia de las organizaciones terciarias representativa de los gurises es un horror. O sea, nuestros procesos tienen que ser simultáneamente y eso es un enorme desafío; batalla por la vivienda acompañado de un gran movimiento nacional por el techo, batalla por el trabajo acompañado de organización de los trabajadores, conquista en los consejos de salarios se traduce si hay más sindicalización. El plan de ASSE, que es un plan muy bien orientado en el sentido de destercerizar ASSE y que recursos que antes iban destinados a la compra en el sistema privado se utilicen para resolver mejores condiciones de la asistencia en la salud, si eso no se traduce en mayor organización del movimiento de usuarios, probablemente sea una política fácilmente revertible por un gobierno de derecha.
Si se traduce en conciencia social, no solamente la conquista queda mejor parada sino que la posibilidad de transformaciones más profundas avanza. Esa dinámica política creo que es el centro de la discusión.
-El 5 de febrero el FA cumple 55 años de su fundación y se festejará con un acto en la histórica Juan Lacaze. ¿Qué reflexión te merece?
Todas las movilizaciones de este año no pueden no mirar la tragedia del ensagramiento de América Latina. Pienso eso para el 5 de febrero, pienso eso para el 8 de marzo, para el 1 de mayo, para el 20 de mayo, para la Huelga General. O sea, cada hito de este año tiene que estar marcado, no por intentar impostarlo, el FA se construía en el mismo momento en que la CIA estaba preparando los golpes y el terrorismo de Estado en Chile haciendo crujir su economía; cuando la cuestión chilena se había tomado como prioridad.
El 8 de marzo es una fecha tan histórica que una de luchas anticoloniales y más importante como la Revolución Rusa nace de una movilización del 8 de marzo donde se dan las movilizaciones que logran iniciar la revolución. ¿El 1 de mayo qué es sino el día más internacional de todos? ¿Y qué son los trabajadores del mundo sino un factor ineludible para enfrentar hoy la tragedia de la agresión imperialista? ¿Qué es el 20 de mayo, qué fue el terrorismo de Estado y el Plan Cóndor sino la aplicación de un plan de exterminio de las fuerzas política de avanzada fundado por la lógica injerencista norteamericana y apoyado, sostenido, desde la Escuela de Panamá para acá hasta la presencia de agentes de la CIA, algunos vinculados al nazismo?
¿Qué quiero decir? En esta perspectiva es imprescindible, primero que el tamaño de las movilizaciones sea mayor, porque estamos en este contexto y segundo, que el mensaje sea capaz de interpretar este momento histórico. Confío mucho que las fuerzas de izquierda vamos a estar a la altura.





















