Nibia en la manifestación del 9 de julio de 1973 en la Huelga General. Foto: Archivo del diario El Popular.

Con Nibia en el corazón

Este domingo, 29 de junio, se cumplen 51 años del asesinato en tortura de Nibia Sabalsagaray. Nibia nació en 1949 en Nueva Helvecia, Colonia, en una familia trabajadora, hoy una calle lleva su nombre en su ciudad natal. 

De estudiante destacó por su inteligencia, su pasión y su amor por enseñar, con 17 años el Consejo de Enseñanza Secundaria le dio un permiso especial para que pudiera dar clases. 

En 1968 ingresa a estudiar en el IPA y se afilia a la UJC. En esos años enfrentó la represión del gobierno de Jorge Pacheco Areco, vivió la fundación del Frente Amplio y militó en él, también tuvo una destacada participación en el movimiento estudiantil y en la UJC.

Enfrentó el golpe de Estado y participó de la Huelga General y de la resistencia clandestina a la dictadura.

El 29 de junio de 1974, dos días después del primer aniversario del golpe de Estado, fecha en la que se habían realizado varias acciones de protesta, es detenida a las dos de la mañana en su domicilio, el Hogar de Estudiantes de los Obreros de Campomar, y llevada al Batallón de Comunicaciones Nº1, al mediodía de ese mismo día su familia es informada de su muerte y se les entrega el féretro cerrado y con prohibición de abrirlo.

La familia resiste esa orden y Marcos Carámbula, entonces un joven estudiante de medicina, a seis meses de recibirse, le realiza una autopsia constatando las numerosas marcas de tortura que presentaba su cuerpo. 

Los fascistas que asesinaron a una joven profesora en la tortura, mintieron durante más de 40 años. Luego de años del bloqueo de cualquier intento de investigación por la vigencia de la Ley de Impunidad, Estela Sabalsagaray, hermana de Nibia, presenta una denuncia el 8 de setiembre de 2004, reclamando que se investiguen las circunstancias de su muerte.

Nibia, su memoria, la perseverancia de su familia y de sus compañeras y compañeros, logran abrir una nueva grieta en la impunidad. Su caso es el primero que debe considerar el gobierno del Frente Amplio, que, reinterpretando la aplicación de la Ley de Impunidad, lo declara fuera de la misma y abre paso a la investigación. El juez ordena el archivo, la fiscal Mirtha Guianze apela y presenta un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Impunidad. La Suprema Corte de Justicia, el 19 de octubre de 2009, declara la inconstitucionalidad de la Ley para este caso, también es el primer pronunciamiento que se logra en ese sentido. 

En 2013, luego de 9 años de investigación judicial, de la realización de una autopsia histórica, peritajes forenses y la participación de 26 testigos, son procesados el general Miguel Dalmao y el coronel retirado José Chialanza, por el asesinato de Nibia.

El general Dalmao, en ese momento fue el primer militar en actividad en ser procesado por un delito de lesa humanidad. Dalmao siguió sosteniendo la mentira, cuando fue preguntado en el juicio contestó por escrito que no recordaba el caso y que sabía de él por «oídas en el cuartel». Dalmao era el oficial de inteligencia del Batallón de Comunicaciones Nº 1, el S2 de la unidad.

Ningún interrogatorio, eufemismo de tortura, se hacía sin su autorización. Cuando la investigación judicial logró el informe de inteligencia que sostenía la versión de suicidio, se descubrió que estaba firmado por Dalmao. Ante esta evidencia, Dalmao recordó, pero siguió́ diciendo que fue suicidio, mintiendo.

Nibia era una joven docente, que escribía canciones y poemas, militante estudiantil y comunista, estaba luchando por la democracia y la libertad y por eso fue asesinada.

Un poema de Tatiana Oroño

En homenaje a Nibia, a su dignidad, a su memoria, publicamos el poema que su compañera de militancia Tatiana Oroño, escribió en junio de 1974 al conocerse la noticia de su asesinato.

Carta (Texto original, junio 1974)

La camarada Nibia ha muerto. 

Y es preciso hacerle un duelo activo de pintadas,

de calles que la nombren.

De escolleras, de muros imborrables.

Hacerle un duelo claro como una sola savia.

Que paredes y esquinas

esgrimidas de cólera y ladrillo, den memoria.

Y los volantes leves.

Y las arquitecturas.

Que su querido nombre y su sustancia pura

conforten y endurezcan los pasos de la calle.

Que el fruto lacerante de su vida nos aguarde y nos una.

Que resuenen las voces, una a una, de todos los que viven

al calor de la sangre irreparable.

De los maquis, de los republicanos, de los héroes de pétalo

y madera del Vietnam, en cuyas voces breves tiemblan

las palabras heridas de la selva la inexpugnable,

ciudadela hilada de bambú y de metralla 

donde la dignidad humana fue plantada

y los frutos del bien y la inocencia.

Pues la vida constante que Nibia edificaba sol a sol,

puerta a puerta,

perpetuaba la digna estirpe muerta,

sus escombros de piedra y pedernales.

Nibia Sabalsagaray, docente, ha muerto

detenida. Ha muerto torturada.

Ha muerto sostenida por vértebras macizas de silencio.

Por radicales cadenas solidarias.

Por fábricas, crisoles y lagares, por usinas y máquinas.

Ha muerto sostenida por el mundo que amaba y defendía

La sostienen aún su humanidad 

germinada en las cosas feraces

de donde provenía. Su vida clara.

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