Gonzalo Perera
Sin pretender faltar el respeto a nadie, es evidente que el proceso de luchas sociales y políticas del campo popular se puede seguir (incluso con simpatía) desde actitudes bastante diferentes. Se puede ser un espectador, un comentarista, un analista, un fundamentalista impoluto que todo resuelve en su retórica y que siempre culpa a otros de todos los males y un muy largo etc., o también se puede ser un protagonista activo, con las patitas en el barro. Barro que no es siempre referencia literal, puesto que el protagonismo de las luchas populares puede pasar por discusiones, análisis, elaboración de argumentos, difusión de ideas y proyectos. Pero al decir desde el barro decimos desde la extrema imperfección de toda construcción humana, sintiéndose parte responsable de sus fallas o carencias y asumiéndolas para intentar cambiarlas, desde la realidad concreta de cada contexto específico.
Recurriendo una vez más a la alegoría futbolera, se puede ser el jugador que está en la cancha, ese que patina, al que la pelota le pica mal, el que sufre las patadas y los dolores musculares, mientras el espectador insulta, el comentarista fusila verbalmente, el analista atribuye a categorías filosóficas hechos tan banales pero complicados como que la pelota se frenó en un charco, y el impoluto , sentado cómodamente en su sofá frente a la TV, hace todos los goles, cabecea todos los centros, corta todos los ataques rivales, sin equivocarse jamás, naturalmente. Los que están en la cancha, bajo lluvia y frío o sol rajante, puede ser un arquero, un volante “raspador”, un creativo mediapunta o lo que sea, que funciones y talentos en todo equipo se requieren con diversidad, pero algo esencial comparten: están en la cancha en el estado en que está, con el juez que les tocó, con el clima que cayó en suerte, con la hinchada más o menos en contra, con el partido más controlado o más sufrido. Pero frente a todo eso, hacen lo que deben hacer: jugar, ir para adelante con tesón, orden e inteligencia, y siempre en equipo. Cuando la pelota está rodando ya no vale quejarse de nada, sólo sirve jugar y hacerlo de acuerdo a su plan de juego, no dejándose llevar al juego que conviene al rival. El contexto, que obviamente debe entenderse bien antes de saltar a la cancha para ponerse “en situación”, una vez que rueda la pelota ya no cuenta, hay que jugar lo mejor posible y hacer valer la entrega individual ordenada colectivamente, y punto.
El 25 de agosto es un día muy especial para todos los frenteamplistas, donde se celebra el gran elemento distintivo del FA: sus comités de base. Pilares de la dualidad coalición-movimiento, forjadores de generaciones de militantes vinculados o no a sectores que componen el FA, y por ende célula básica del metabolismo de la Unidad Política, activo estratégico, central de nuestra fuerza política. Al mismo tiempo y en cuestión de días más o menos, la imprescindible militancia por el triunfo en el plebiscito sobre jubilaciones y pensiones, las iniciativas de la central sindical sobre la jornada laboral, etc., plantean múltiples escenarios de fuerte relevancia para todo el campo popular.
No sería honesto si dijera que la Unidad en la fuerza política pasa por su mejor momento o que la coordinación entre el FA y las organizaciones sociales del campo popular está en su estado ideal. No, es evidente que no es así, que ha habido deslices, patinadas, apartamientos de elementos de la autocrítica realizada tras la llegada al gobierno de la ofensiva neoliberal y fascistoide del Herrerismo y sus sombras. Pero así están la cancha, jueces y tribunas que nos tocan en este momento, faltan apenas algo más dos meses para en octubre definir el gobierno nacional, la suerte de las jubilaciones y pensiones y, por lo tanto, sonó el silbato y la pelota está rodando. Por eso, desde la realidad en que estamos, hay que pensar en nuestro juego: sumar Unidad y construir avances para el campo popular.
Esto no es una suerte de autoayuda de izquierda ni tampoco la arenga del equipo que va a salir a la cancha y que obviamente tiene que pensar que la va a ir bien y la puede ganar.
Esto es memoria: el campo popular ha logrado conquistas gigantescas en las peores canchas, con los jueces cobrando siempre en contra, con la hinchada invadiendo el terreno y los comentaristas escupiendo fuego por los micrófonos contra sus jugadores.
Pensemos en qué condiciones de progresiva y acelerada caída al precipicio estaba nuestro país cuando se forja la central sindical única y luego nuestro FA, ya con el pachecato desatando esos dos malditos cancerberos inseparables: neoliberalismo y represión. En qué condiciones se decide optar por la resistencia desde el primer día del golpe de Estado, con la Huelga General, con la militancia clandestina, con tantos compañeros que desde entonces no sabemos dónde están, o fueron asesinados, o apresados y torturados, y todos los horrores que el Terrorismo de Estado librado a sus anchas desató. Sin embargo, el campo popular tejió el NO de 1980, la reorganización del movimiento sindical, estudiantil, desde las murgas y diversos campos de la cultura hizo sentir cada vez más nítida la voz de la resistencia, y se gestaron en 1983 tres eventos decisivos: el 1 de mayo, la marcha del estudiante y el “río de libertad» del Obelisco, cruciales para la caída de la dictadura. Si en ese contexto alguien hubiera mirado demasiado las malas condiciones que estaban dadas o el terrible contexto en que se estaba inmerso, quizás la historia hubiera sido otra, y seguramente mucho peor. Pero se miró, dentro de ese triste panorama, como empujar cada vez más hacia las transformaciones imprescindibles, siempre buscando en qué coincidíamos muchos, en qué podíamos encontrarnos muchos, reventando cacerolas incluso, apelando a todas las formas de crear y exponer Unidad del campo popular.
Este relato podría ser mucho más extenso, pero recordemos un jalón más, cuando en 1992 el 72,55% de la ciudadanía salvó a las principales empresas públicas. Era el auge de la primera gran oleada neoliberal postdictadura en la región, Fukuyama proclamaba el fin de la historia con el capitalismo globalizado, y muchos, demasiados, proclamaban la muerte del socialismo y relegaban a Marx a los museos o bibliotecas exóticas. Claramente no era ese contexto favorable para salvar al Estado de la aniquilación lacallista, símil de la realizada por el menemismo en Argentina. Sin embargo, se frenó a esa manga de langostas políticas, Fukuyama debió retractarse un buen tiempo después y sobre el socialismo y el maestro de Tréveris, pues que ni somos pocos ni estamos en exposición como antigüedad pintoresca, estamos en la cancha, en el barro.
Gracias a todas esas luchas y sus protagonistas, hoy podemos y debemos preguntarnos, en un contexto que es como es, pero seguramente en muchos aspectos imposible de comparar con varios de los recordados, qué podemos hacer para generar más Unidad y avance para el campo popular.
Cómo conseguir más adhesiones al plebiscito por jubilaciones y pensiones. Cómo conquistar cada voto para el triunfo del FA en octubre y, dentro de esa victoria de toda la fuerza política, cómo hacer decisiva la voz de quienes entendemos que el gobierno es una oportunidad para hacer avanzar la agenda popular gestando cercanías entre todas las componentes del campo popular.
La pelota está rodando, ya son días de avanzar con unidad, con los dientes apretados y la mano tendida.
Foto
Militantes frenteamplistas. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS.























