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El interior: entre el humo y las urgencias

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Por Gonzalo Perera

Es bien sabido que el sentido del humor es una de las manifestaciones más claras de la inteligencia. Pero la inteligencia es una facultad, una capacidad que se desarrolla siempre en un contexto: económico, social, cultural, histórico, etc. Por ello, el sentido del humor de cada persona suele tener un fuerte sello que le es muy propio, no necesariamente compartido por su círculo más cercano.

Para decirlo de manera mucho más clara y sencilla: siempre habrá algo que a Ud. lo haga reírse a carcajadas, pero que a su pareja, familiares o amigos, no les parezca nada gracioso y viceversa.

Pueden reírse todos juntos con muchas cosas, claro que sí, pero cada tanto a alguno le toca ver las carcajadas de todos a su alrededor ante cierto hecho mientras se pregunta: “¿Y éstos de qué se ríen?”.

Esta es una de las razones por las que rara vez opino públicamente sobre el humor y los humoristas: es surcar un terreno muy resbaladizo, fuertemente regado por las subjetividades, concepciones culturales, de clase, etc. Donde los cambios en el tiempo son además importantes: en apenas 15 años, formas de humor casi dominantes se pueden volver ampliamente rechazadas en la sociedad. Por ello, pese a ser una persona que aprecia mucho el género del humor, que trata de ver, escuchar o leer con regularidad contenidos humorísticos de diversos orígenes y pese a reconocer a nivel de mi gusto personal un matiz de calidad en dichos contenidos que va desde lo francamente deleznable a lo decididamente genial, con todos sus intermedios posibles, no suelo pronunciarme públicamente sobre el humor, ni el propio, ni mucho menos el ajeno.

Unos días atrás un personaje humorístico radial se refería de manera ácida a Rivera y sus habitantes. Sobre dicho hecho, cabe aplicar lo anterior: ningún comentario para hacer. Ahora bien, suena inverosímil que, sea cual sea la apreciación estética que merezca, esas manifestaciones den lugar a una denuncia penal, a encendidas intervenciones en el Senado e iracundas declaraciones públicas de algunos dirigentes políticos de la coalición de gobierno.

¿Qué está pasando que se genera tanto revuelo por un hecho que claramente no debería merecer tanta atención, en un país donde los femicidios y la violencia doméstica campean, como hemos recordado en estas mismas páginas y, donde, lejos de construirse desde la coalición de gobierno una posición unida, sensata y firme ante esas reiteradas tragedias, aparece una legisladora cabildante tratando de justificar lo injustificable, afirmando que la mujer debe respetar al varón para que no la mate y manifestando su oposición a distinguir la figura penal de femicidio de la figura de homicidio? Estando tan atrasados, conteniendo visiones medievales de una temática que lamentablemente día a día mata alguna mujer más, uno piensa que sería más lógico que los multicolores guardaran su santa indignación para estos temas y no para los dichos de un humorista.

Pues no, y al intentar analizar por qué se genera un estado de alarmas encendidas ante un episodio menor, se pueden encontrar respuestas a dos niveles.

En un nivel más superficial, los dirigentes de la coalición multicolor que aspiran a gobernar el Departamento de Rivera (fundamentalmente colorados y cabildantes), han salido, manija en mano, a encender el espíritu localista que cualquier comunidad puede tener, a los efectos de lucirse como los defensores de la identidad riverense y así captar votos, obviamente. Por otro lado, en una tonalidad más bien bizarra, apareció la necesidad de mostrar erudición del senador Domenech, que nos explicó a todos quienes nacimos y vivimos en el interior que no practicamos el incesto pero que es frecuente que seamos endogámicos. No sé a qué interior y a qué época se refiere el senador, pero en todo caso tanto yo, como mis amigos, compañeros y conocidos, podremos merecer muchas adjetivos esdrújulos, pero ciertamente no el de endogámicos. Para mantenernos en el mundo esdrújulo, ciertamente las declaraciones del senador merecen el calificativo de patéticas.

Pero en un nivel más profundo, todas estas alharacas y patinadas esdrújulas, son simple y concretamente una inmensa cortina de humo, para distraer la atención de los hechos que realmente importan.

Concretamente, el INE acaba de publicar los resultados de una nueva Encuesta Continua de Hogares, llamando la atención de que se hizo por vía telefónica y no presencial como solía hacerse antes de la pandemia, una precisión muy correcta desde el punto de vista técnico. Una precisión que también, de algún modo, obligaría a relativizar un poco las conclusiones, si no fuera porque indican numéricamente lo que todos vemos con nuestros propios ojos día a día. Hay tres indicadores básicos de la actividad laboral: los Índices de Actividad, Empleo y Desempleo. Para no entrar en tecnicismos, digamos simplemente que hay mayor actividad laboral si Actividad y Empleo suben y Desempleo baja. Pues bien, estos datos muestran el escenario claramente inverso: Actividad y Empleo bajan, Desempleo sube.

Pero además, tomando en cuenta el margen de error que tiene toda encuesta, se concluye que Actividad y Empleo son significativamente menores en el Interior que en Montevideo, mientras que el Desempleo tiene diferencias entre Montevideo e Interior que son menores al margen de error.

Traducido a términos mucho más sencillos: la inmensa mayoría del Interior está hecha bolsa, con serios problemas laborales y retracción de ingresos, y crecientes angustias económicas.

La crisis nacional es cada vez mayor, pues para este gobierno neoliberal a ultranza la única variable de ajuste es el bolsillo del trabajador y el jubilado, sin correcciones en julio, con ajustes anuales de salarios que estarán muy por debajo (¡menos de la tercera parte!) de la inflación, con aumentos tarifarios del 10%, con alza del dólar, con aumento al IVA en pagos con tarjetas de débito y ahora con la posibilidad de “desbancarizar”, habilitando en particular el pago de salarios en efectivo, lo cual no sólo abre la puerta a aumentar el trabajo en “negro”(informal) sino también “en gris”, donde el patrón pone en planilla al trabajador, pero con salario- y por ende aportes- menores a los que le paga en mano, haciendo que su trabajo sea parte formal, parte informal, evadiendo aportes y perjudicando a la larga al trabajador. Pero dentro de esa inmensa crisis, la situación del Interior es terrible y lo vemos quienes allí vivimos: las dificultades laborales, económicas y sociales en muy poco tiempo están destruyendo hogares y hambreando gurises, literalmente. Para colmo de males, quien encabeza el MEC considera más eficiente recortar el “gasto” en alimentación en la escuelas públicas. Insensibilidad absoluta, que en el interior nos costará mucho sobrevivir.

Cuando la máquina de vender humo de las conferencias de prensa cotidianas ya hartó, apareció el desagravio hacia Rivera para seguir ahumando la realidad y luego será alguna discusión absurda sobre fútbol o vaya a saber qué, pero desde las clases dominantes se llena el país de humo para esconder que al Uruguay entero, pero sobre todo al interior, lo están destrozando.

Nuestro deber, por lo tanto, es no fumarnos el humo en ninguna de sus variantes y concentrarnos en expresar muy claramente la necesidad urgente de medidas gubernamentales de contención de la cruel realidad que viven nuestros trabajadores, jubilados y sus familias, en particular en el interior del país.

 

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