Un gran Congreso del FA

Este fin de semana fue la instancia final del VIII Congreso del Frente Amplio (FA), José Mujica, culminó así un proceso de discusión política de meses a lo largo y ancho del país con la participación de miles de militantes. Fue un gran Congreso, cuya síntesis expresó fortalecimiento de la unidad, democracia interna y protagonismo popular organizado, coraje político y perspectiva.

El Congreso del FA, como casi siempre pasa, pero en esta ocasión con especial énfasis, estuvo precedido por un discurso casi sin fisuras de la prensa en el que se decía que había peligro para la unidad, que el sentimiento predominante en la militancia frenteamplista era de enojo. Se afirmó, machaconamente, que iba a ser un Congreso donde lo predominante sería la crítica al gobierno y con diferencias imposibles de saldar, a no ser, se deslizaba, que se le tape la boca a la militancia, que se eludan los temas, que no se deje hablar.

Ese escenario nunca fue real, en ningún momento de los cuatro meses de discusión del documento, recordemos que las primeras asambleas de discusión fueron el 25 de agosto, en el marco del Día del Comité de Base, pero en realidad fueron muchos meses más, porque el documento base fue elaborado por el trabajo de cuatro comisiones, del que participaron cientos de compañeras y compañeros; y menos real aún fue en los tres días de debate y decisiones de este fin de semana.

Enojo hay, diferencias hay y se expresaron con mucha claridad, pero lo que predominó fue el esfuerzo político, si político, de la militancia frenteamplista por encontrar síntesis que permitan enfrentar los problemas y dar una perspectiva superadora de los mismos, no a favor del gobierno, ni siquiera del FA, a favor de nuestro pueblo.

Entonces, en primer lugar, fue un Congreso donde la unidad, esa conquista estratégica de la izquierda en Uruguay, salió fortalecida. Eso lo expresa el nivel de consenso o de apoyo mayoritario de la gran mayoría de las resoluciones adoptadas. El respaldo unánime a la resolución final y a la reelección de Fernando Pereira como presidente. Pero sobre todo el esfuerzo permanente por sintetizar las diferencias, los matices, por encontrar formulaciones que, por un lado, contemplaran las distintas visiones, pero también permitieran trazar caminos prácticos para desarrollar la acción y la lucha política. En ningún caso los acuerdos fueron para omitir temas, impedir su discusión o, lo que sería peor, formular un texto que evitara polémicas pero que no implicara ningún camino práctico de acción política. Se fortaleció la unidad pero no para el inmovilismo, sino para usarla como herramienta para transformar la realidad que se critica. Que para eso es la unidad.

En segundo lugar, el Congreso fue una expresión democrática muy importante, en calidad y en cantidad. Como bien dice la resolución final, recogiendo una definición de Líber Seregni, el FA siempre ha sido, y en este Congreso lo volvió a ser, una fuerza democrática y democratizadora. En la instancia final participaron 2.000 delegados y delegadas titulares y 1.000 más entre suplentes e invitados. La mayoría del Congreso estuvo integrada por militantes de Comité de Base, de todo el país y de Argentina, con una importante delegación e incluso de otros países, que participaron por zoom. No hay otra fuerza política en Uruguay capaz de hacer eso. Participaron militantes frenteamplistas de distintos barrios, ministros, intendentes, legisladores nacionales y departamentales, todos en plano de igualdad. Fue un congreso de iguales. Como decíamos el documento base se elaboró con el trabajo durante meses de cuatro comisiones donde participaron las bases, los sectores y técnicos y técnicas en los temas abordados. Ese documento se discutió durante cuatro meses en cientos de asambleas en todo el país, de ese proceso participaron más de 12 mil frenteamplistas. Se presentaron más de 2.000 mociones con modificaciones al documento o agregados, se aprobaron, con amplio respaldo, más de 600 modificaciones. ¿Qué otra fuerza política puede presentar un ejercicio de democracia interna que se le aproxime? Ninguna. En tiempos de crítica a la política, de enojo y descreimiento, el FA fortaleció la política y la democracia de la mejor manera posible, ejerciéndola, practicándola. En una fuerza política de izquierda parte fundamental de su identidad es promover el protagonismo popular organizado, el FA empezó por sí mismo a construirlo y defenderlo.

En tercer lugar, fue un Congreso con coraje político. En tiempos de declive relativo del imperialismo yanqui, de aumento de su agresividad, del genocidio en Palestina, del bloqueo recrudecido y criminal contra Cuba, de amenazas, chantajes, de la ultraderecha y el fascismo creciendo en el mundo, de derrotas electorales con injerencia brutal y desembozada de EEUU y de una derecha y sectores del poder que aumentan su agresividad en Uruguay, el FA podría haber optado por intentar pasar por debajo del radar, por no buscarse problemas. No lo hizo. En este Congreso el FA reafirmó su definición antimperialista, expresó su solidaridad con el pueblo palestino, condenó el genocidio y denunció la responsabilidad de Israel y la complicidad de EEUU, manifestó su solidaridad con Cuba y condenó el intento criminal de EEUU de rendir por hambre a ese pueblo hermano. Discutió y tomó resoluciones sobre los principales problemas de nuestro país, en los que hay diferencias, pero no nos referimos solo a las internas del FA, hay diferencias y muy grandes con el poder, con la derecha social y política. Se debatió y se tomaron resoluciones para discutir sobre la iniciativa de gravar al 1% más rico de la población para enfrentar la pobreza infantil; se reafirmó el compromiso con avanzar hacia la meta de que la Educación Pública tenga el 6% +1 del PBI de presupuesto; se abordaron los problemas de las alianzas y de formas de presentación electoral, las colectoras, que generan problemas al proyecto político; se abordó la relación fuerza política y gobierno, también fuerza política y organizaciones populares y se asumió como seguir desarrollando la lucha para conquistar avances populares aún en esta situación compleja, mundial, regional y nacional. Y lo más importante, se tomaron resoluciones para enfrentar la realidad que se cuestiona, que enoja y transformarla. No fue un Congreso que diagnosticó las dificultades, ni que puso excusas. Por eso fue Congreso de coraje político.

En cuarto lugar, fue un Congreso de perspectiva, que hizo balance, del pasado, del presente, pero que, sobre todo, puso su compromiso con el futuro. Se explicitó la necesidad de confrontar políticamente los dos proyectos de país, el del bloque político y social de los cambios y el del bloque de poder, el conservador. De asumir cada avance conquistado, en especial haber sacado de la pobreza a 100 mil uruguayas y uruguayos. La necesidad de politizar la lucha contra la desigualdad y de llenar de política y de militancia al FA. También la de organizar y promover el protagonismo popular. La de fortalecer la unidad política y social del pueblo. La de construir los caminos para enfrentar al imperialismo y su ofensiva contra nuestros pueblos.

Óscar Andrade en su conmovedora argumentación política para fundamentar el voto a Fernando Pereira a la presidencia del FA, resumió todo lo que significó el Congreso en 3 minutos, vale la pena leerla y escucharla toda, como lo hicieron las y los delegados que la aplaudieron de pie y luego miles más en los videos en las redes, pero queremos tomar solo una parte: dijo que fue un Congreso con coraje y agregó que “tendrán que decir mañana los medios que el FA sale más unido que nunca”. No lo han hecho el resto de los medios, nosotros si lo hacemos.

Un Congreso no resuelve todos los problemas, no borra las diferencias ni las contradicciones, no cambia por sí solo las correlaciones de fuerzas en la sociedad, pero puede avanzar o no en esas cosas, este Congreso lo hizo. Ahora se trata de militar sus resoluciones, de darles materialidad transformadora.

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