Por Daniel Dalmao (*)
El domingo pasado (4 de octubre) Brasil fue escenario de unas elecciones sumamente disputadas y reñidas. En lo que refiere a la presidencia de la República, contra todos los pronósticos emitidos por las empresas encuestadoras reconocidas como serias, quedó en primer lugar el candidato de la ultraderecha, Flávio Bolsonaro, con el 47, 03% de los votos y en segundo lugar el presidente actual, Lula Da Silva, con el 45, 16%. Por tanto, habrá segunda vuelta, o balotaje, el próximo domingo 25 de octubre. Esto último sí, que habría balotaje, fue visualizado correctamente por las encuestadoras, no así el orden en que pasarían los candidatos. La diferencia porcentual entre el primero y el segundo, menos del 2% (1,87%), fue la menor de la historia reciente; en número de votos esa diferencia fue de 2,2 millones (56,1 millones para Bolsonaro y 53, 9 millones para Lula).
El panorama es complejo para la izquierda brasileña, hasta ahora nunca ha ganado el balotaje en Brasil quien entra en segundo lugar, pero también es cierto que nunca la ventaja fue tan exigua. El presidente Lula, como tantas otras veces en situaciones difíciles, se plantó firme y transmitió confianza en poder lograr el triunfo el 25: “Eu sou bom no mata-mata” (Soy bueno en el “mano a mano” o en las “eliminatorias”) dijo la noche del domingo. Lula, quien va por su cuarto mandato presidencial, se mostró seguro de que al quedar solo dos competidores será más visible la confrontación de dos programas opuestos que corresponden a dos proyectos de país antagónicos.
Uno popular, democrático, que defiende la soberanía del país, que propone más desarrollo con justicia social protegiendo a los más débiles, a los menos privilegiados. Otro de sumisión al imperialismo yanqui, de entrega de los recursos naturales, de agresión al medio ambiente y de privilegios al gran capital y al agronegocio, por tanto, contrario a los intereses de las grandes mayorías históricamente postergadas.
El parlamento que resultó de estas elecciones y que asumirá en enero del año próximo tendrá más predominio de la derecha del que ya tuvo en este período. El Senado se renovó parcialmente eligiendo 2/3 de sus integrantes, es decir 54 senadores de un total de 81(son tres senadores por cada uno de los 26 estados y del Distrito Federal, aquí no importa la extensión territorial ni la población y el domingo se elegían dos por cada entidad electoral). El PL, partido de los Bolsonaros, eligió 19 de los 54 que estaban en juego y tendrá una bancada de 28 integrantes, la más numerosa del Senado. El PT, partido de Lula, eligió 6 y quedará con 9 en su bancada. Agrupados por tendencia la derecha tendrá 49 senadores (60,5%), la izquierda 27 (1/3 o 33,33%) y el centro 5.
La cámara de diputados, que tiene 513 integrantes, se renovó completamente. Aquí sí, para definir el número de diputados correspondiente a cada estado importa su población. A San Pablo, el estado más poblado, le corresponde 70 diputados, los menos poblados, como Acre, Amapá y otros, tienen un mínimo de 8. La bancada más numerosa será también la del PL con 121 integrantes (23 más que en la actual legislatura) y en conjunto los partidos de derecha y ultraderecha sumarán 276 diputados, 54%, mayoría absoluta. La izquierda sumada tendrá una bancada de 124 diputados, 24%, y el llamado “centrao” tendrá 113.
Los brasileños también elegían el domingo los gobernadores y las Asambleas Legislativas (diputados estaduales) de cada estado. En este nivel también predominó ampliamente la derecha. En primera vuelta quedaron definidos 20 gobernadores. De estos, 10 son derecha, 7 del centrao y 3 de izquierda. De los 7 en disputa para segunda vuelta solo en dos casos participa uno de izquierda habiendo entrado en segundo lugar (Distrito Federal y Río Grande del Norte). Los tres estados donde la izquierda aseguró gobernador ya en primera vuelta fueron Bahía, Ceará y Piauí, los tres en la región del Nordeste brasileño. La derecha se quedó con la gobernación de los más poblados como San Pablo y Minas Gerais.
El Partido Comunista de Brasil (PCdoB), aliado de Lula y el PT desde 1989 (primera candidatura presidencial de Lula) integró este año la “Federación Brasil de la Esperanza” (PT, PCdoB y PV). El PCdoB fue el partido de la izquierda que más creció en la cámara de diputados, pasando de 7 en esta legislatura actual a 11 que tendrá a partir de enero. De estos 11 diputados elegidos, 7 son mujeres. Además, en el marco de la alianza de la Federación eligió varios suplentes que podrían actuar próximamente. Donde mejor resultado obtiene el PCdoB es en Bahía, tres de sus 11 diputados electos (dos mujeres) son de ese estado nordestino. Imposible no asociar Bahía con el gran escritor comunista Jorge Amado que con tanto cariño y belleza nos hizo conocerla y al Brasil todo, el de “Tenda dos milagres”, de “Gabriela Cravo e Canela”, “Mar Morto”, “Capitaes da areia” y tantos otros como “Los subterráneos de la Libertad”, etc.
Raúl Carrión, dirigente “gaúcho” del PCdoB y militante activo a sus 80 años, ex diputado estadual en su “Río Grande do Sul” nos hizo llegar sus primeras reflexiones sobre las elecciones. En su análisis nos dice que “más allá del revés sufrido por las fuerzas de la izquierda en la primera vuelta, contamos con plenas condiciones para ganar la batalla en curso por la Presidencia de la República y por los gobiernos estatales que irán a segunda vuelta”. Más adelante observa que: “La diferencia (entre Bolsonaro y Lula) fue de 2,2 millones de votos. La suma de todos los demás candidatos alcanzó los 9,3 millones; los votos en blanco y nulos sumaron 6 millones, y 32,5 millones de personas no votaron. Esto significa que en la segunda vuelta estarán en juego 47,8 millones, lo que hace posible revertir la diferencia de apenas 2, 2 millones. Cabe tener en cuenta, además, que el elector tuvo que votar seis veces en la urna electrónica siguiendo un orden determinado (el presidente en último lugar), bajo pena de anular su voto. Esta dificultad provocó largas y lentas filas, haciendo que muchos desistieran de votar y dando lugar a un gran número de votos nulos-3,7 millones-, procedentes mayoritariamente de electores de bajos ingresos, en su mayoría partidarios de Lula. En la segunda vuelta, en la mayoría de los estados, el único voto será para la Presidencia de la República, lo que facilitará el proceso de votación para todos”.
“El enfrentamiento será únicamente entre Lula y el candidato de la ultraderecha (nos sigue diciendo Carrión), lo que permitirá desenmascarar su subordinación a Trump y al gran capital nacional e internacional, su connivencia con el golpismo y el fascismo, su cercanía con el crimen organizado, su historial de fraudes y sus antecedentes por corrupción. Lula ya ha anunciado (que) desenmascarará al candidato vende patria, fascista y enemigo del pueblo, y mostrará los grandes avances económicos, sociales y civilizatorios que sus gobiernos implementaron”.
Nos queda aún la tarea de profundizar en el análisis que nos permita vislumbrar por qué nos está pasando esto. Por qué el avance de la derecha y fundamentalmente la ultraderecha en nuestro continente (y más allá también), aún en casos como el de Brasil con un período de gobierno de izquierda con buenos resultados, lo mismo que sucedió hace poco en Colombia. En el caso de Brasil tenemos además enfrentados a dos candidatos con notorias diferencias de estatura en lo político, en lo intelectual, lo ético y lo moral, así como en sus experiencias en la función pública y en las trayectorias en lo nacional y en lo internacional; diferencias todas estas a favor de Lula, sin duda.
¿Entonces? mucho para estudiar, mucho para analizar, reflexionar, mirarnos a nosotros mismos (del campo popular hablamos), autocriticarnos. También la necesidad de esforzarnos más para comprender los cambios geopolíticos y las consecuencias de estos.
En esa dirección intentaremos continuar.
(*) Comisión de Relaciones Internacionales del PCU.






















