¿Escudo o ariete imperial?

Por Gabriel Mazzarovich

El 7 de marzo se realizó en un establecimiento propiedad de Donald Trump, en la ciudad de Doral, cercana a Miami, EEUU, con la participación de 12 países del continente, una cumbre en la que se dio por fundado el “Escudo de las Américas”.

La página del Departamento de Estado gringo anunció oficialmente la cumbre de esta manera: “Estados Unidos recibirá a nuestros aliados más fuertes y afines del hemisferio para promover la libertad, la seguridad y la prosperidad en nuestra región. Esta histórica coalición de naciones trabajará conjuntamente para impulsar estrategias que pongan fin a la injerencia extranjera en nuestro hemisferio, a las pandillas y cárteles criminales y narcoterroristas, y a la inmigración ilegal y masiva”. 

La convocatoria no deja mucho lugar a dudas. Se trató de una cumbre de invitación selectiva decidida por el régimen de Donald Trump. Para ser invitado había que ser aliado “fuerte y afín”, los temas que se consideraron centrales en esa cumbre son: poner fin la injerencia extranjera, a las pandillas, el crimen organizado y a la inmigración, puesta en el mismo nivel que lo anterior y caracterizada como ilegal.

¿Y que se decidió para todo eso? El despliegue militar de EEUU en los países que firmaron su adhesión al mentado Escudo. De libertad y prosperidad no hubo absolutamente nada. El régimen trumpista obtuvo el aval de 12 gobiernos para incrementar su presencia militar, ya de por sí significativa, en nuestras tierras.

Hay que ser claros: Lo que ocurrió el 7 de marzo, con 12 países latinoamericanos avalando el expansionismo imperialista del régimen de Trump es de enorme gravedad. Es un cambio en calidad en la estrategia y los métodos de dominación yanquis sobre nuestro continente. Es la expresión continental de la decisión de EEUU, potencia imperial en declive, de destruir el orden internacional basado en reglas, sus normas y todas las instituciones que lo preservaban, instalar la ley del más fuerte y el factor militar, único en el que todavía es predominante, como elemento central de la política internacional. Es grave por los objetivos, por las formas y por el nivel de apoyo que logró.

En la cumbre participaron los presidentes de Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz; El Salvador, Nayib Bukele; Ecuador, Daniel Noboa; Honduras, Nasry Asfura, Paraguay, Santiago Peña; Costa Rica, Rodrigo Chaves; Panamá, José Raúl Mulino; República Dominicana, Luis Abinader; Guyana, Irfaan Ali; el presidente electo de Chile, José Antonio Kast; y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.

Faltaron Brasil, México y Colombia (los tres países de peso propio más importantes del continente); Uruguay, Perú, Guatemala, Venezuela, Nicaragua, Cuba y un número cercano a 10 países del Caribe. Es mucho lo que faltó. No quedan del todo claras las razones de la exclusión de algunos países, en el caso de Perú, seguramente se deba más a sus acuerdos con China, incluida la construcción del mega puerto de Chancay, que a la inestabilidad política; en el de Guatemala, al lobby que poderosos sectores de la oligarquía guatemalteca están haciendo en EEUU para cercar al gobierno de Bernardo Arévalo y presentarlo como un peligro izquierdista. Es más claro en los casos de Venezuela, Nicaragua y Cuba y también en los de México, Colombia, Brasil y Uruguay, en niveles distintos, claro está. 

Trump y su régimen no están para sutilezas, para que te inviten a su club privado se necesita sumisión absoluta. Hay que tomar debidamente nota de tal extremo, al menos para no seguirle errando en el cálculo político y las medidas y pronunciamientos que se hacen o no se hacen.

Dicho lo anterior, hay que asumir que Trump logró el acuerdo de 12 países y dinamitó o golpeó gravemente a la CELAC; rompió la unidad histórica del CARICOM, que siempre había logrado posiciones comunes de los 15 países del Caribe; prescindió hasta de la OEA y las Cumbres de las Américas, instrumentos creados por EEUU. Sustituyó eso por un club de aliados ideológicos de derecha. Es más, en el despliegue militar yanqui anunciado también se violarían las disposiciones del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que ya era terrible, esto es peor.

El objetivo de “poner fin a la injerencia extranjera” en el continente es hasta insólito. Si de alguien tienen que defenderse América Latina y el Caribe es de EEUU. Por historia: más de 100 agresiones, invasiones y golpes de Estado promovidos o apoyados; por lo que públicamente expresan en su Doctrina de la Seguridad Nacional, publicada en noviembre de 2025; y por la práctica actual, aranceles, injerencia y amenazas a Brasil, a Colombia, a México, bombardeo a Venezuela y secuestro de su presidente, recrudecimiento del bloqueo a Cuba y amenaza de invasión, chantaje y envió de tropas a Panamá e intervención descarada en las elecciones de Honduras y de medio tiempo en Argentina. Contra eso habría que construir un escudo, pero no, Trump dice que es contra China. Un detalle adicional, de los 12 países que estuvieron en la finca privada de Trump, 11 tienen relaciones diplomáticas con China, solo Paraguay no las tiene.

En cuanto al objetivo de combatir el narcotráfico y hacerlo con el despliegue militar yanqui: La guerra contra las drogas fue lanzada por Richard Nixon en junio de 1978, ha sido un gigantesco fracaso, lo único que ha conseguido es que crezca la producción de droga, su tráfico y la violencia. Claro, es un gigantesco negocio, para los narcos, también para los narcos yanquis, que gestionan muy lucrativamente el mercado de tráfico y consumo más grande del mundo y para los militares y las empresas que fabrican armas y sistemas de seguridad, la mayoría yanquis. Trump vuelve a plantear la misma receta, la que sigue fracasando. Lo hace después de haber indultado a un jefe narco condenado por la justicia de EEUU, el ex presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, que claro le es muy “afín” ideológicamente.

Poner a las y los migrantes como objetivo militar y equiparar la migración con el crimen organizado es una canallada. Es indefendible que presidentes cuyos países viven de las remesas que los migrantes envían a sus familias aplaudan el anuncio de más represión contra ellos. No tienen vergüenza. Para que no queden dudas de lo que piensa hacer, Trump puso al frente del Escudo a la recientemente destituida secretaria de Seguridad Nacional de EEUU, Kristi Noem. Trump la destituyó por el rechazo popular a la violencia criminal contra las y los migrantes de la milicia fascista del ICE, ahora la recicló. Noem, no tuvo mejor idea que reivindicar su actuación como jefa política del ICE, “logramos deportar 3 millones de personas” celebró, y los mandatarios latinoamericanos presentes, que tienen compatriotas víctimas de esa barbaridad, la aplaudieron. 

Hubo una dimensión escatológica de la cumbre en el club privado de Trump. El destrato, y la aceptación de los presidentes allí presentes, tiene pocos antecedentes, al menos públicos. Trump hizo el discurso, firmó el acuerdo y se fue, no escuchó a ninguno de sus invitados. Bukele se llevó una herida en su ego porque Trump no se acordaba de su nombre, para saludarlo tuvo que leer como se llamaba y encima leyó mal. Para más humillación Trump les dijo: «No voy a aprender su maldito idioma. No tengo tiempo”, provocando risitas nerviosas. 

Esto, que es terrible, no puede distraernos de lo principal. Trump en su discurso dijo cosas como: “No vamos a permitir que la influencia extranjera hostil logre establecerse en este hemisferio, eso incluye al canal de Panamá. Presidente de Panamá, amo ese canal”. “Cuba está en sus últimos momentos de vida, no tienen dinero, no tienen combustible”. “El epicentro de los carteles es México”. Finalmente remató: “la única forma de derrotar a nuestros enemigos es apelando a nuestros aparatos militares”.

Para frenar la barbarie no alcanza con describirla y denunciarla, hay que construir caminos políticos, diplomáticos, de lucha, para hacerle frente. Pero hay que empezar por darle dimensión y contexto a los acontecimientos.

El 7 de marzo EEUU consiguió el aval de 12 gobiernos para incrementar su presencia militar en nuestro continente, ya de por sí importante, decenas de las 800 bases que EEUU tiene en el Mundo están en América Latina; tiene el Comando Sur, tiene miles de agentes de la CIA, el FBI y la DEA. Es de tal gravedad que algunos analistas están hablando de un “Plan Cóndor 2.0” y no les falta razón, fue en el apoyo al “Plan Cóndor” que EEUU explicitó y planificó una magnitud similar de despliegue militar. Hay una diferencia sustancial, hace 50 años las contrapartes yanquis eran dictaduras fascistas, hoy son gobiernos democráticos. La degradación ideológica y democrática de la derecha continental es otro dato de la realidad. Como una muestra, el senador del Partido Colorado, Pedro Bordaberry, reclamó que Uruguay se integre al Escudo. 

En otro plano y mostrando la necesidad de dar una discusión profunda sobre el mundo y su situación, el presidente de la República, Yamandú Orsi, consideró “raro” que no hayan invitado a Uruguay. En nuestro caso, queremos ser claros: cuánto más lejos de esa vergüenza estemos, mejor, por forma y por contenido.

De lo que se trata es de cómo construir un frente de pueblos y gobiernos en defensa de la paz, la soberanía, la libertad y el desarrollo independiente de nuestros países y pueblos. Es una tarea imprescindible y urgente.

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