Inseguridad uruguaya: en busca de la bala de plata

La LUC era el instrumento, la herramienta que pondría fin a todos los problemas de los uruguayos y -particularmente- los relativos a la delincuencia. Era la poción mágica que pondría fin al recreo de los delincuentes.

Entrando en el último año de gobierno multicolor aquel instrumento mágico no resultó tal y la criminalidad lejos de menguar se ha incrementado. Hasta el propio mentor de la frase – Manini- resignó toda esperanza de haber terminado recreo alguno, sino todo lo contrario. Ahora, fogonean con la necesidad de los allanamientos nocturnos como la tan buscada bala de plata que ponga fin al problema.

Siguen abonando por la represión antes que la prevención y así seguimos aumentando la apuesta donde la principal protagonista, la violencia, lejos de disminuir, crece. Hasta tanto no seamos capaces de reconocer los errores propios y sigamos aferrados a la soberbia que da el poder, no encontraremos nunca esa tan ansiada «bala de plata», que no es otra que construir políticas públicas entre todos sin medir réditos políticos y pensando en mejorar la vida de los uruguayos…

Que la seguridad no es solo materia del Ministerio del Interior debiera ser la primera reflexión que tendríamos que acordar para empezar a transitar un camino posible hacia la mejora de la seguridad. No es posible pedirle a la Policía o al Ministerio del Interior, que logre algún resultado si no está acompañado con otros actores tanto o más importantes. 

La Policía llega tarde casi siempre, y, en muchos casos, cuando el daño es irreparable. En tanto no cambiemos el eje de atención que se le da al problema de la criminalidad, no encontraremos una solución aceptable. Debemos apostar por empezar a prevenir comportamientos y en ese punto es hora que el Estado en su conjunto, actúe de forma coordinada atendiendo a la transversalidad que implica la acción humana. No basta con recurrir a reprimir una vez ocurrido el daño sino que es imperioso construir un entramado virtuoso que mejore los niveles de convivencia y así achicar espacios a la criminalidad.

Durante mucho tiempo se intentó explicar el complejo ciclo del delito, casi el mismo tiempo en que quienes hoy tienen la responsabilidad de la gestión se dedicaron a hacer política menor sin escuchar los argumentos que intentaron explicarles entonces. Hoy escuchamos los mismos argumentos que esgrimía Bonomi para justificar -por ejemplo- la falta de recursos humanos en la Policía. Así lo fundamentó el actual Ministro en radio Sarandí en el programa Las cosas en su sitio, cuando explicó la cantidad de personal que se asigna a las custodias por casos de violencia de género. Cuando lo decía Bonomi eran excusas, ahora que lo dicen ellos son argumentos de recibo que ningún periodista les cuestiona. Esa falta de rigor periodístico también abonó al deterioro de la inseguridad; -salvo honrosas excepciones- nadie cuestiona de la manera que lo hacían en la pasada administración, dando por buenos los pobres argumentos que esgrimen las autoridades actuales.

Una respuesta integral

La respuesta debe ser integral si se quiere tener resultados positivos, de lo contrario serán esfuerzos aislados que no surtirán efecto… al menos, un efecto duradero.

Hoy la situación de inseguridad está lejos de haber sido resuelta ni mucho menos; la escalada de violencia se expresa inequívocamente en las cifras y la calidad de los homicidios que ocurren. Los ajustes de cuentas pasaron a ser el principal argumento pero los daños colaterales producto de esos eventos, también empezaron a mostrar una tendencia preocupante. La violencia de género sigue en niveles altísimos, y la guerra al narcotráfico deja mucho que desear al tiempo que aumenta las consecuencias negativas de un conflicto que no logran detener ni mucho menos.

Los ejemplos de los barrios Villa Española y Peñarol resumen un estado de situación que está todavía muy lejos de solucionarse. La presencia policial en Villa Española es notoria desde hace unas semanas, los tiros en la noche han menguado y el patrullaje se ve de forma notoria. Sin embargo, esa situación de presencia policial no se acompaña con acciones civiles que refuercen el marco civilizatorio que los vecinos aspiramos, porque las calles donde funcionan las bocas siguen a oscuras y ni el mayor patrullaje ha permitido cambiar una situación que lleva muchos meses incambiada. Es hora que el Municipio coordine de una buena vez con la Policía para restituir los servicios de iluminación que sufren varias calles de Villa Española. Eso hablaría de una solución integral en materia de seguridad porque transitar por una calle iluminada aumenta la percepción de seguridad a los vecinos.

Peñarol es el otro ejemplo pero por la negativa, tras las intervenciones de saturación efectuadas poco faltó para que una bala perdida se llevara la vida de la niña Kiara. Eso ocurre cuando los procesos de seguridad no se acompañan con otras acciones y no hay coordinación efectiva que mejore los niveles de seguridad y convivencia. La Policía va, satura, patrulla por un tiempo y luego se retira de forma casi que absoluta, dejando espacio para que la criminalidad retome su ciclo habitual. Un retiro notorio y explícito como el que demostró el movilero de Subrayado cuando la turba saqueó la casa del presunto homicida, ante la ausencia más absoluta de la autoridad policial que brilló por su ausencia. Cómo habrá sido que hasta la propia Blanca Rodríguez debió aclarar al final del informe que no había operativo policial alguno sino todo lo contrario: ausencia absoluta de policías en el barrio.

Es hora de forjar la verdadera y única bala de plata posible que pueda poner fin a este ciclo vicioso de violencia estructural que lejos de disminuir crece y se supera cada día. Vamos camino a cerrar el peor quinquenio de la historia en materia de homicidios. A falta de 428 días de gestión, todo indica que se superará la cifra de homicidios del último quinquenio y ya no habrá excusas para decir que se necesitan nuevos instrumentos para solucionar el problema.

Nunca tuvieron todas las respuestas porque nunca pudieron conocer -siquiera- algunas de las preguntas. Llegaron con la idea del aluvión y se llevaron por delante todo lo construido para imponer cuadros policiales de la vieja guardia que no estuvieron a la altura. Perdieron mucho, demasiado, tiempo en revisionismos que no contribuyeron a nada sino a mitigar una fuerza que había generado un cuerpo de profesionales que trascendió partidos y períodos de gobierno… hasta ahora. Cortaron un proceso y los efectos no pasaron desapercibidos.

Es hora que -de una vez y para siempre- forjemos un músculo fuerte de unidad nacional que construya verdaderas políticas públicas y que no se use el tema como botín electoral. Claro que antes tendrían que reconocer -con humildad republicana- que se equivocaron antes y que si no es entre todos esto no se soluciona.

¿Estarán a la altura para semejante gesto?

el hombre tenía seis hermanos;

el perro aullaba a la luna llena… 

Fernando Gil Díaz – «El Perro Gil»

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