La renuncia de Moreira: De clientelismos, insubordinaciones, presidencialismos hipertrofiados y preocupaciones electorales.
Fabricio Mato
Las crisis políticas del gobierno de coalición de derecha encabezado por Luis Lacalle Pou son cada vez más repetidas, en más frentes, casi cotidianas. Son como un espiral que se expande y parece querer abarcarlo todo.
El último episodio de este viernes, que culminó con la renuncia de la ministra de Vivienda, Irene Moreira, figura principalísima de Cabildo Abierto y esposa del líder de ese sector político, general Guido Manini Ríos, tiene muchos componentes singulares y graves, pero no se debe limitar el análisis a estos, es necesario verlo como expresión de la crisis política general de un gobierno que cada vez es más débil políticamente.
Empecemos por describir someramente los hechos, la ahora ex ministra Moreira otorgó, discrecionalmente, sin sorteo, directamente, una vivienda a una militante de Cabildo Abierto, que, además, según las denuncias no habría calificado a aspirar a la misma. La acción de la ministra configura a todas luces un acto de clientelismo político.
Se pueden dibujar todas las justificaciones que se quieran, la ex ministra lo hizo en su monólogo, que no conferencia, ante la prensa. En esa comparecencia ante los medios, donde no aceptó preguntas, reivindicó su gestión in totum, dijo que no se arrepentía de haber adjudicado directamente la vivienda a una militante de su sector político y que lo volvería a hacer.
Antes de esto vivimos un día que pareció una montaña rusa de acontecimientos, según versiones de prensa el presidente Luis Lacalle Pou llamó al líder de uno de los partidos claves de la coalición que hizo posible su elección y que lo sostiene en el Parlamento y le dijo que las explicaciones que había recibido de su esposa, la ex ministra, no habían sido suficientes y le solicitó que la retirara del cargo. Manini Ríos, siempre según las versiones de prensa, reaccionó indignado, defendió a su ministra y esposa y le dijo al presidente, en una suerte desafío político, que la sacara él. Lacalle Pou, que, a fuer de sinceros, tampoco es muy dado a los acuerdos, ni a escuchar opiniones disímiles a la suya, le dijo que cambiaba la formulación de las cosas y que él pedía la renuncia de Moreira.
Hubo reuniones, llamadas, amenazas de ruptura de la coalición de derecha, es decir el retiro de Cabildo Abierto de la misma, amagos de insubordinación, para usar un término castrense, tan caro a Cabildo Abierto, pero también al herrerismo que lo aplicó insólitamente al director del IAVA.
En una actitud destemplada e institucionalmente grave la ministra Moreira difundió la versión de que no renunciaría hasta que su sector se reuniera el lunes y considerara la situación. De hecho, implicaba, esto sí, una insubordinación, un desacato, otro término que tanto les gusta a Cabildo y al Herrerismo y que con eufórico entusiasmo usaron en la LUC. Finalmente, la ministra entró en razón o le explicaron como funciona el Estado en democracia y que su cargo lo nombra el presidente de la República y no le pertenece a su sector político y renunció, acatando el ucase presidencial.
Pero el malestar cabildante sigue ahí, el lunes hay reunión de su dirección política y, según dicen, no descartan retirarse de la coalición.
A la espera de como se sigue desarrollando esta crisis política y cuales serían sus consecuencias reales, es posible dejar algunos apuntes que nos saquen del anecdotario y busquen una reflexión más profunda.
Mirar bajo la superficie
Las diferencias de Cabildo Abierto con el presidente Lacalle Pou son públicas y notorias. Se expresaron en la discusión de la Reforma Jubilatoria, aunque al final, como siempre, la terminó votando. En la negativa a votar la derogación de la denominada Ley de Medios, aunque si acompañó la derogación del artículo 56, que habilitó a los canales cables a vender internet y abrió las puertas a las trasnacionales de las telecomunicaciones para golpear a ANTEL. Este es un punto muy interesante, porque Cabildo tiene un discurso muy fuerte contrario a las exoneraciones impositivas a las trasnacionales, pero su práctica es muy contradictoria con su discurso. También, últimamente, se expresaron diferencias en cuanto a la crisis de seguridad pública y su abordaje.
Es cierto que hay diferencias conceptuales y hasta programáticas entre el Herrerismo y Cabildo Abierto, pero no es menos cierto que expresan las dos tendencias históricas, rastreables hasta el mismo surgimiento de Uruguay como nación, de los sectores más conservadores de las divisas tradicionales y sus inmediaciones políticas: El Herrerismo y el Riverismo.
Los problemas son varios y profundos. El politólogo Oscar Botinelli, en un análisis realizado el viernes en VTV, insistió sobre dos aspectos que viene subrayando hace tiempo: 1) La coalición de gobierno no tiene un programa común, solo tiene un acuerdo que contiene apenas generalidades. 2) La coalición nunca ha funcionado como tal, salvo para el apoyo parlamentario. Luis Lacalle Pou ha actuado con un presidencialismo muy fuerte, asumiendo que el Poder Ejecutivo es su dominio, que los partidos de la coalición están para respaldarlo y que en todo caso la discusión, si se da, se da en el Parlamento. No se negocian previamente las leyes y mucho menos las medidas de gobierno. Botinelli destacó la diferencia de este estilo de gobierno de Lacalle Pou, con respecto a la relación que mantuvieron con el otro partido tradicional cuando gobernaron Lacalle padre, Julio María Sanguinetti en su segundo mandato y Jorge Batlle.
No son dos aspectos menores. La autodenominada “coalición multicolor”, en realidad monocromáticamente de derecha, aunque con ciertas tonalidades y matices, nunca funcionó como tal. Lacalle Pou actuó y actúa como si gobernara solamente su partido, o más bien su sector, no hay reuniones periódicas, ni consultas y mucho menos organismos o alguna formalidad que le de materialidad a la coalición. Ni siquiera hay lo que en política se denominan “reglas de juego” más o menos claras. Si a eso le sumamos que no hay un programa común, el combo es perfecto.
Claro que hay coincidencias importantes, por los intereses materiales y de clase que representan los partidos que componen el apoyo político a Lacalle Pou. En términos políticos a los partidos de derecha que respaldan a Lacalle Pou los une más el espanto que el amor. El poxipol que los une es que si no están todos juntos no pueden derrotar al Frente Amplio, punto. Eso es, desde el punto de vista de los intereses de clase, un aliciente muy fuerte, pero claro, para administrar las diferencias en la cotidianeidad de la gestión de gobierno no alcanza. Menos cuando predomina entre los socios de derecha una visión clientelar e instrumental del Estado, avalado por prácticas históricas y actuales. Una concepción del Estado como botín electoral y como facilitador de negocios privados. Todos están unidos en la defensa de los que Lacalle Pou, un rapto de sinceridad, denominó los “malla oro”.
A esto hay que agregar la preocupación electoral, el resultado del balotaje, el ajustadísimo resultado del referéndum sobre 135 artículos de la LUC, el rechazo mayoritario a la reforma jubilatoria, la caída de la imagen del gobierno y el hecho de que el Partido Nacional aparezca con menos porcentaje en las encuestas del que sacó en 2019 y Cabildo marque la mitad de lo que obtuvo, también aceleran las crisis, la necesidad de tener un discurso rebelde y separarse, al menos en imagen pública, del gobierno.
Cabildo que votó todas las leyes principales de este gobierno encabezado por Lacalle Pou, se encuentra ahora en una disyuntiva de hierro: separarse lo más posible de este gobierno que apoyó para buscar tener un mejor desempeño electoral. Eso también juega.
Lo llamativo es que un caso de clientelismo haya sido el detonante. Es probable que Cabildo le haya dicho a Lacalle Pou que no ha tenido la misma actitud “principista” con varios dirigentes de su propio partido; en casos de clientelismo y más graves, como todo lo referido a Marset y a Astesiano, por ejemplo.
También es cierto que Cabildo tuvo episodios anteriores, que mostraban aspectos de esta concepción sobre el Estado, como las que se reflejaron en denuncias de prensa sobre las designaciones de militantes en ASSE, o la condición de colonos o no y su relación con tierras del Instituto de Colonización, justamente de Manini y Moreira, otra vez. O requerir el apoyo de sus socios de “coalición” para no cumplir el compromiso electoral de no ampararse en los fueros y responder ante la Justicia. En ninguno de estos casos hubo tanta severidad presidencial. Eso debe llamar la atención de Cabildo.
¿Hasta dónde llegará la crisis? ¿Cabildo se retirará de la coalición? ¿Eso que implicará? ¿Se irán los 54 cargos que tiene Cabildo en el gobierno? ¿Retirará su apoyo en el Parlamento al gobierno, por ejemplo, para las modificaciones a la Ley de Negociación Colectiva y la Rendición de Cuentas?
Habrá que seguir con atención los próximos episodios de esta crisis. Pero, como dijo el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira: Este gobierno tiene más cosas para explicar que para mostrar.
Foto de portada:
Guido Manini Rios durante la conferencia de prensa en el Anexo del Palacio Legislativo de la Bancada de Cabildo Abierto tras el pedido de renuncia de la ministra Vivienda y Ordenamiento Territorial. Foto: Mauricio Zina/ adhocFOTOS.























