Las ideas de Arismendi

Con motivo de un nuevo aniversario de Rodney Arismendi compartimos con todas y todos los lectores de El Popular el prólogo del nuevo libro editado por la Fundación Arismendi con una serie de ensayos valiosos para el debate de temas de enorme vigencia. El texto es reproducido sin las notas y referencias.

Con gran entusiasmo y alegría, la Fundación Rodney Arismendi emprende la edición de un nuevo libro. En la anterior ocasión se publicó, bajo el título La Unidad de América Latina una compilación de escritos referidos al proceso revolucionario que se abría en América Latina luego del triunfo en Cuba y la victoria de la Unidad Popular en Chile, verdaderos escándalos teóricos, para utilizar un término arismendiano, que dotaban al conjunto de las fuerzas avanzadas del continente de una perspectiva real de cambios. En Uruguay la década del sesenta significó un proceso en que, al mismo tiempo que se agudizaba la crisis económica – iniciada a mediados de la década anterior con el agotamiento del modelo nacional – reformista, y agravada con los gobiernos de los colegiados blanco – ruralista – se desarrollaba un proceso de acumulación de fuerzas y de unidad de las diversas tendencias al interior del movimiento obrero y de la izquierda, cuya síntesis puede encontrarse en el proceso de creación de la Convención Nacional de Trabajadores (1964 – 1966) y la fundación de la coalición de izquierda, Frente Amplio (1971). Sobre estos procesos existe una profusa producción de Rodney Arismendi, en la obra: Problemas de una Revolución Continental -editados en 1962 y reeditados en 1997 y 1998- y en la selección de textos La Construcción de la Unidad de la Izquierda- última edición 2010.

La respuesta de las clases dominantes a estos procesos unitarios del pueblo uruguayo, tuvo distintos rostros: desde las bandas fascistas a principios de la década de los ’60; la represión policial en manos de la Guardia Republicana, entrenada y equipada por los Estados Unidos, hasta los escuadrones de la muerte, las bandas parapoliciales y las Fuerzas Conjuntas, que sembraron terror y muerte a comienzos de la década del setenta; culminando con el golpe de Estado de junio de 1973, que daría paso a la instauración de una dictadura civil y militar que rápidamente devendría en fascista. El régimen de terror que se inauguraba con el golpe de 1973 persiguió, torturó, encarceló, asesinó y desapareció a aquellos que, desde diferentes expresiones políticas y sociales, se oponían a él.

Rodney Arismendi, como cientos de miles de uruguayos, se vio obligado al exilio, expulsado del país en el año 1975, pasando a residir en Moscú. Su exilio, como el de todos los militantes en esa situación, se centró en la denuncia del régimen y en la solidaridad y el apoyo a los compañeros que luchaban en la clandestinidad, los que resistían en las cárceles y sus familias. La consigna con la cual se organizó el exilio comunista fue De cara al Uruguay. Consigna que se convirtió en guía organizadora de todas las actividades realizadas por la militancia comunista en el exilio. La organización en el exterior fue tal que se puede considerar como una internacionalización de la estructura partidaria, que, repartida en más de treinta países, funcionó como un solo Partido, algo que constituyó una experiencia única en la historia del movimiento comunista internacional, como se afirma en el libro El Partido Comunista bajo la dictadura coordinado por Álvaro Rico y publicado por Fin de Siglo en 2021.

Es este el contexto en que se producen la mayor parte de los artículos que se compilan en el presente libro.

Aportes para un Debate Necesario puede dividirse en dos grandes bloques. El primero versa sobre temáticas eminentemente teóricas y el segundo aborda el fenómeno del fascismo en la difícil hora de América Latina y Uruguay.

Los primeros doce trabajos constituyen una defensa de los principios del marxismo – leninismo. Se tratan de artículos escritos para diferentes publicaciones o trascripciones de conferencias, en las que Arismendi polemiza con una parte importante de la izquierda europea, entre los que se encuentran algunos de los principales partidos comunistas occidentales.

En ellos, Arismendi señala que se estaba desarrollando una operación que buscaba seccionar a los principales teóricos revolucionarios, separando de forma casi quirúrgica a Marx de Engels; al Marx joven del Marx maduro; negar por todos los medios posibles la continuidad entre Marx, Engels y Lenin, y presentar a Antonio Gramsci como un gran intelectual marxista que no poseía vínculo alguno con el pensamiento leninista.

Esta operación buscaba eliminar los aspectos peligrosos de la teoría y las malas compañías de Marx y Gramsci, hacer desaparecer cualquier atisbo revolucionario, convirtiendo en inocuas las ideas que transmiten sus obras.

Discute por igual con la socialdemocracia europea, en momentos de esplendor de esta corriente y el eurocomunismo, cuando que éstos abjuraban de Marx los primeros y del marxismo – leninismo los segundos. Sobre esta situación Arismendi se preguntaba lo siguiente: “Sin el fundamento teórico marxista-leninista y sin la conformación orgánica que lo haga apto para la faena revolucionaria, ¿qué resta de un partido comunista? ¿qué lo diferencia de un partido socialdemócrata?” (Cientificidad del Marxismo y validez contemporánea de la expresión Marxismo – Leninismo).

Un punto fundamental de la obra es el llamamiento incesante de Arismendi a luchar contra el dogmatismo. Cuando defiende la validez del marxismo – leninismo como marco teórico revolucionario, lejos de incurrir en posturas ortodoxas, llama a la aplicación de toda la creatividad posible en los procesos revolucionarios y de liberación nacional que se desarrollaban en esos momentos, y afirma que, si bien existen leyes generales comunes al movimiento revolucionario, no hay modelos prefijados. Por el contrario, es a partir de las leyes generales, las peculiaridades de cada región y las singularidades de cada país en concreto, que se podrá desarrollar una teoría revolucionaria ajustada, realizable. Afirma:

Cualquiera comprende que la vía revolucionaria en América Latina es peculiar, determinada por nuestras relaciones con el imperialismo norteamericano, por los niveles de desarrollo del capitalismo, por el papel de las clases. Pero aún dentro de esta peculiaridad latinoamericana, existen las singularidades de cada país. […] lo que nosotros llamamos la unidad y diversidad del proceso revolucionario latinoamericano, no inventado por los revolucionarios, sino determinado por las condiciones de nuestra relación con el imperialismo norteamericano y por cantidad de elementos históricos comunes. Y, por otro lado, la revolución de nuestros países transitará por caminos peculiares, diferentes, marcados por lo nacional y mucho más en el camino de la táctica”. (El leninismo en América Latina).

Otro tema central del libro es el ejercicio autocrítico que, conforme desarrolla su defensa del marxismo – leninismo, realiza del devenir histórico del movimiento en su conjunto. Teniendo en cuenta lo afirmado, si se reclama una y otra vez evitar caer en dogmatismos, se debe asumir que parte importante del movimiento había tomado un derrotero con esas características.

En ese sentido destaca el discurso pronunciado en la República Democrática Alemana en ocasión de recibir el título de Doctor Honoris Causa en Filosofía, por la Escuela Superior Karl Marx de Berlín. En este discurso y en otros escritos, Arismendi advierte varios problemas que quedarían al descubierto en el momento de la derrota de la experiencia socialista en el este europeo. Hoy, cuando desde diferentes lugares se le exige a la izquierda realizar autocríticas de tiempos pasados o se le acusa de no haberla realizado, más que nunca se convierte en imperiosa la lectura de estos textos.

Arismendi señala en reiteradas ocasiones los errores cometidos y la asunción en determinados momentos de posturas dogmáticas en el movimiento. Afirma que se debía profundizar en la autocrítica, pero advierte que: “identificar tales errores con el marxismo – leninismo es, aunque parezca paradoja, caer en la trampa de quienes siempre le negaron su esencia creadora con vistas a condenarlo al enclaustramiento de una doctrina susceptible de osificación. Y por aquí siempre se corre el riesgo de arrojar al niño junto con el agua sucia de la bañera”

En 1982 Rodney Arismendi, quien se encontraba internado en un centro hospitalario de Moscú, aprovecha el tiempo de convalecencia para adentrase, de manera sistematizada, en el estudio de la obra de Antonio Gramsci, en especial Cuaderni del Carcere. Este ejercicio de estudio de la obra gramsciana se tradujo en la elaboración de nutridos apuntes que, con posterioridad se convertirían en una serie de artículos, los cuales se incluyen en la presente compilación. Junto a Algunas cuestiones en debate acerca de la filosofía de Marx, La poblada soledad de Antonio Gramsci, Algunos aspectos de la teorización leninista… y Con amor, pero con los ojos abiertos se incluye El Leninismo en el pensamiento y la acción de Antonio Gramsci, texto perteneciente a la serie de apuntes, el cual permaneció inédito hasta que la Fundación lo transcribió y publicó en el primer número de la revista Cuadernos en el año 2018.

Lo que Arismendi busca dejar en claro en sus escritos es el carácter leninista del pensamiento y la obra de Gramsci, en momentos en que “una variada gama de adversarios de su pensamiento [consideraban] tarea de honor secuestrarlo con vistas a convertirlo en un santón inofensivo o en un «gran intelectual» con cierto tufillo socialdemócrata.”

Hoy, cuando se vuelven a estudiar los principales aportes teóricos del fundador del Partido Comunista Italiano, resulta interesante analizar lo escrito por Arismendi, ya que siempre puede aparecer quien, o quienes, se vean tentados de desleninizar a Gramsci.

Los últimos cuatro trabajos corresponden a una selección de textos acerca del fascismo. En momentos de analizar los escritos que integran este libro, se consideró importante su inclusión, sobre todo teniendo en cuenta que se conmemora el quincuagésimo aniversario del golpe de Estado. En ese marco, y como testimonio de en qué consistió la preparación y el enfrentamiento a la dictadura, es que se incluyen estos textos.

1972 pasó a la historia como el más violento de los años previos a la dictadura. Las detenciones arbitrarias, las torturas, los atentados con bombas, los asesinatos y las desapariciones forzadas, coparon las primeras planas de los diarios y se convirtieron en algo cotidiano. La década del setenta había iniciado con la acción de los escuadrones de la muerte que secuestraron asesinaron y desaparecieron a jóvenes estudiantes y militantes, acusados de pertenecer a la subversión. En 1972 se produce la primera muerte a causa de la tortura1; atentados con bombas y ametrallamientos contra domicilios de políticos de izquierda y abogados de presos político y, como punto más alto en la escalada de violencia los acontecimientos del 14 de abril y el vil asesinato de los ocho militantes comunistas del Seccional 20.

En junio de ese año Rodney Arismendi pronunció el discurso Las Enseñanzas Inmortales de Jorge Dimitrov al conmemorarse el 90 aniversario del nacimiento del líder búlgaro. Además de este motivo, no son casuales ni el tema ni el momento. Fue tradicional para los comunistas uruguayos el recuerdo y homenaje a los luchadores antifascistas, que combatieron en la Guerra de España y la Segunda Guerra Mundial. Mas, en la coyuntura del proceso de agudización de la represión, que fue in crescendo durante toda la década del sesenta, pero que alcanzó su punto de no retornoen el año 1968, la amenaza de la instauración de un régimen con características análogas al fascismo europeo propició que, desde el Partido, se prepararaa la militancia para enfrentar una amenaza de esas características. En ese contexto debe entenderse la exaltación de la figura de Dimitrov, cuando la evocación de los luchadores antifascistas adquiría un significado mayor.

En El VII Congreso de la Internacional Comunista y algunos problemas de la Revolución en América Latina (1975), Arismendi plantea, sobre todo a la luz del derrocamiento de la experiencia de la Unidad Popular de Chile, la necesidad de un frente único para, en el concierto internacional, aislar y debilitar a los regímenes del terror que se estaban afianzando en el continente, por medio de la más amplia alianza de pueblos y gobiernos, tal como se planteaba en la III Internacional, presidida por Jorge Dimitrov en 1935.

Nos interesa destacar el artículo Una nueva hora en la lucha contra el fascismo, ya queconsiste en un resumen del Informe producido por el Comité Central, clandestino, del Partido Comunista, reunido en Montevideo en 1977. El resumen es importante por su contenido, por la valoración política que realiza de ese momento de la dictadura. Constituye una fuente histórica que da cuenta del carácter represivo del régimen, de la violación de los derechos humanos y de los alcances del terrorismo de Estado. Da cuenta del papel de la prensa clandestina como arma de lucha contra la censura y la unicidad de la información ofrecida por los medios de comunicación masiva. Pero, además, creemos que permitirá acercarnos, aunque de forma fragmentaria, a imaginar las durísimas condiciones en que se desarrollaba la resistencia al interior del Uruguay, resistencia que no dio un solo día de tregua a la dictadura.

Ciertamente existen algunas afirmaciones realizadas por Arismendi, que, a la luz de la historia, pueden sonar extrañas, particularmente aquellas que auguraban un futuro venturoso para el campo socialista encabezado por la Unión Soviética. Incluso, teniendo presente la autocrítica que realiza en los textos que conforman este libro, pueden sonar contradictorias con dichos augurios. Creemos que dichas afirmaciones hay que encuadrarlas en el contexto que fueron hechas. La década del setenta y los primeros años de los ochenta, si bien significaron años en que, una parte importante del campo socialista, la URSS y Europa del Este, se encontraba en un proceso de estancamiento y aislamiento, en el llamado tercer mundo, los avances de los movimientos de liberación nacional, generaban renovadas esperanzas para el desarrollo de la revolución a escala planetaria. Por nombrar únicamente dos ejemplos podemos mencionar la victoria del Frente de Liberación Nacional de Vietnam y del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Este libro, reúne parte esencial de la forma de concebir la realidad de un marxista – leninista de primera línea como lo fue Rodney Arismendi. Permitirá acercarse a una figura central de la historia política del Uruguay y uno de los más importantes teóricos marxistas de Latinoamérica y el mundo en la segunda mitad del siglo XX. Refiriéndose a la obra de Lenin, Arismendi afirmaba que: “El peor favor que se puede hacer al leninismo es situarse frente a su obra como un comentarista de libros sagrados”. En ese sentido, invitamos a leer las siguientes páginas con espíritu crítico. Confiamos que el estudio de estos textos aportará elementos de gran utilidad para la praxis política actual.

León Damico Bico

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