El 13 de julio se cumplieron 50 años de la desaparición forzada del histórico dirigente de la CNT, León Duarte, que se entrelaza con la conmemoración de los 60 años de la unidad del movimiento sindical. El 17 de julio se realizó un homenaje a León Duarte en el anfiteatro del PIT-CNT en el que expusieron Marcelo Abdala, Gerardo Caetano, Raúl Olivera Alfaro, jubilados de FUNSA y Sara Méndez.
EL POPULAR reproduce algunos fragmentos de las distintas intervenciones que reconstruyen un contexto político, una forma de concebir la militancia, el compromiso y la lucidez para construir la unidad y una historia de vida de un hombre que era feliz luchando por el futuro que albergaba en su corazón.
Gerardo Caetano
“Este recuerdo a esta figura luminosa de la historia uruguaya se da en un contexto en donde los aniversarios se cruzan; 50 años de la desaparición de León este 13 de julio y los 60 años de nuestra central sindical, entonces la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), hoy PIT-CNT. Ese cruce creo que es sumamente relevante y estimulante”, inició Caetano.
El historiador reseñó que Duarte fue un militante y dirigente sindical de FUNSA nada menos, un símbolo de referencia sindical. “Haber sido secretario general del Centro de Funcionarios y Obreros de FUNSA no era para cualquiera. Era un libertario que formaba parte de una de las grandes tradiciones que confluyen en esta unidad sindical, que es una unidad de diferentes que convergen en la unidad de su acción, de los valores fundamentales, pero respetando la diversidad, celebrando la confluencia de tradiciones ideológicas diferentes”, dijo.
“Estuvo profundamente vinculado a un tiempo en donde se vivía una situación de crisis y para enfrentar todo lo que generaba esa crisis los trabajadores, que ya tenían esa aspiración desde distintas perspectivas, finalmente, configuraron la unidad sindical. Era un logro histórico que tenía un pasado complejo; llegó a haber tres centrales sindicales en el Uruguay y por cierto que las tres tenían referencia clasista. Pero es esa historia compleja que hace más vívido y más destacable ese proceso de unificación”, dijo sobre el contexto histórico que desarrolló en detalle durante su intervención.
León Duarte también fue dirigente político, estuvo en la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) siendo uno de sus puntales, también en la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE) que marcaba otra articulación fundamental, en la OPR 33 y fue fundador, antes de morir, a los 48 años, muy joven, del Partido por la Victoria del Pueblo en julio de 1975.
“Desde esa perspectiva, de un luchador, de alguien que resistió desde su visión libertaria al autoritarismo, evocar a León es realmente un compromiso con el presente. Los contextos de su vida eran complejos y no son los de ahora y sin embargo el recuerdo tiene tanto que ver con el pasado como con el presente; nadie recuerda solo el pasado: cuando se recuerda, el presente está allí, se quiera o no se quiera, pero es muy importante quererlo, volver a pasar el pasado por el corazón para que proyecte luz, para que esclarezca asuntos del presente”, aseguró.
“El 20 de mayo de 1976 aparecieron asesinados Zelmar, el Toba Gutiérrez Ruiz, William Whitelaw, Rosario Barredo, el doctor Manuel Liberoff. Liberoff no apareció, está desaparecido, pero era la misma operación, por eso tenemos que recordarlos siempre juntos. Fue en ese contexto que en junio del 76, hace 50 años, se inició formalmente el secuestro y la operación Orletti con figuras vinculadas con las tradiciones de las corrientes libertarias y con el PVP. Y en ese contexto, finalmente, el 13 de julio, desapareció León”, repasó.
“¿Qué significa recordar a 50 años la desaparición de León Duarte? Significa necesariamente un compromiso con el presente. No podemos recordarlo dejándolo atrás. En la lectura de la historia está el emblema de que nadie puede quedar atrás. Si solamente lo dejamos allá, como una gran figura del pasado, que no tiene para decir en el presente, lo estamos desvirtuando, no estamos entendiendo su legado; el legado de un hombre, de una persona que podía ser excepcional como lo fue y estar cargado de errores, que no era un santo, que tenía la dimensión humana y que desde esa dimensión humana se jugó por sus ideas”, concluyó.
Marcelo Abdala
“Me siento honrado con la invitación de poder sumarme al reconocimiento, de poder incluir este reconocimiento en una persistente, tozuda, llena de principios, campaña de homenaje al 60 aniversario de la unidad sindical con la cual tanto tuvo que ver León”, comenzó diciendo Abdala.
El centro de su intervención se enfocó en poner sobre la mesa debates que existieron en aquel entonces, cuando la unidad estaba construyéndose pero que también están presentes hoy en día.
En este sentido se preguntó si es necesaria o no, en cualquiera de las condiciones en que se desarrolla la lucha de clases, la más amplia y contundente autonomía del movimiento sindical y de los movimientos sociales o una forma mucha forma burocratizante de concebir la interrelación entre el movimiento sindical y los sectores políticos, caracterizado como una sencilla polea de transmisión mecánica. Adhiriendo a la más amplia autonomía.
Luego, si es necesaria la organización política o las organizaciones políticas que se reportan a la ideología en general, a la cosmovisión, a los intereses de la clase trabajadora o interpretar a veces la autonomía como un apoliticismo sin perspectiva; si el movimiento lo es todo y el fin no es nada o es central estudiar las formas actuales del poder para seguir pensando y soñando con un cambio de clases en el poder; si alcanza con un movimiento sindical hiper institucionalizado, solo por arriba, burocrático o hay que construir un sindicalismo desde el pie, de cara a los lugares de trabajo, haciendo asambleas permanentes, organizando como se pueda a los trabajadores y a las trabajadoras para la lucha.
Y finalmente, preguntó si los procesos de transformación, que naturalmente van contra las actuales formas de propiedad, dominación y alienación que promueve el capital, que no sean directamente anti burocráticos, tienen posibilidad de prosperar.
“Por esa razón creo que las razones en el análisis de la realidad tal cual es y la razones de los propósitos cargados de ética, de ideología, de militancia y de compromiso al punto de entregar la vida por una causa, que llevaron a León a actuar como actuó, hoy están arriba de la mesa, de sobra; vaya si nos podremos nutrir de su ética, de su compromiso, de sus valores y de sus ideas en las mixturas que tengamos por delante para mantener la misma causa de la libertad humana, de la emancipación humana y de la vida”, concluyó.
Raúl Olivera
Olivera habló sobre el militante y sus hacer cotidiano: “Duarte era feliz. Disfrutaba organizando sindicatos, disfrutaba haciendo política, porque era una forma de pensar el mundo que él quería construir, ese que él decía que llevaba en su corazón”.
“El pararse frente a la acción política, sindical, con esa lógica es lo que, de alguna manera, me hace pensar que no está todo perdido desde el punto de vista de la necesidad que seguimos teniendo, gran parte de nuestra sociedad, de construir un mundo más justo”, afirmó.
Sara Méndez
Sara Méndez convivió los últimos días de León Duarte cuando ambos estuvieron detenidos en Automotora Orletti, un centro de detención y tortura de Argentina.
“Yo escribí algo que me parecía, por haber estado muy cerca de León en esa situación de Orletti”, dijo Méndez y procedió a leer un texto escrito a mano:
“No recuerdo haber sentido su voz antes de aquel momento. Yo estaba en el piso superior del taller de Automotores Orletti, aún sin saber dónde estaba. Me desprendían de un gancho final de un cable, cuerda o cadena que mantenía suspendido el cuerpo en el espacio, sin duda, antes de llegar allí, él también ha pasado por un interrogatorio y esta era la segunda parte del mismo.
Está en un escenario distinto, más abierto parecía, con más participantes, muchos gritos, ruidos, risas, insultos y una radio a todo volumen.
Le sentí decir, estaba cerca de mi, claro que no nos veíamos, preguntaba “qué van a hacer muchachos”, como sabiendo lo que va a pasar. “Escuchen muchachos, escuchen, otra vez no, otra vez no”.
Pasaría la prueba de resistencia suspendido en el aire hasta que los pies, las rodillas, tocaran el suelo. Yo ya no estaba en el piso de arriba, no recuerdo sus gritos, quedó fija en mí su voz tratando de persuadir, de decir de sus veces anteriores.
¿Cuántos días pasaron luego? Varios. Y después, como la última escena y que le dejaron hablarnos, parecía que se había incorporado, que su cuerpo no estaba en el piso; nos dijo que tuviéramos paciencia, que íbamos a salir de allí, nos aseguraba que íbamos a salir de allí, aunque fuera lo último que hiciera y con fuerza en su voz nos dijo: «A resistir, que de esta se gradúan de revolucionarios»”.






















