Victoria Sequeria es una de las muchas víctimas del Terrorismo de Estado de las que se habla poco. Fueron, en la dictadura cívico militar, las niñas, niños y adolescentes hijos e hijas de los presos, presas y desaparecidos. Transitaron los penales, sufrieron tortura física y psicológica, eran las semillas de libertad que el terrorismo pretendía silenciar.
En la víspera de una nueva “Marcha del Silencio” organizada por “Madres y familiares de detenidos desaparecidos” conversamos, en “A la izquierda late el corazón”, sobre el Colectivo “Memoria en Libertad”, transitamos los relatos del horror y compartimos el presente de lucha y construcción de memoria.

¿Contanos, Victoria, ¿de qué se trata el colectivo y cuál es la lucha que llevan adelante?
Somos «Memoria en libertad. Niños niñas y adolescentes víctimas directas del terrorismo de Estado», hacemos hincapié en lo de «directas» porque el Estado, aún hoy, sigue sin reconocernos como víctimas directas, tenemos una sola Ley que nos ampara en salud, reparatoria, en la que se nos incluyó, pero como «hijos de» víctimas.
Nosotros sostenemos que somos víctimas directas porque hemos sufrido tortura, expropiación, nacimiento en cautiverio, abusos sexuales en allanamientos y visitas y muchos de nosotros y nosotras hemos crecido en visitas, siendo desnudados, maltratados etc.
¿Cómo articuló es Estado para ejercer esa violencia sobre sus niñeces y adolescencias?
Acá el Estado tenía muy claro como torturar física y psicológicamente a sus víctimas y nosotros estuvimos en sus manos con el fin de cortar esa ideología familiar. Fuimos objeto de vigilancia; hoy en día pedimos nuestras informaciones públicas y por ejemplo, hay niños que estaban nombrados como “subversivos” cuando tenían dos años de edad.
Por eso, la intención de nuestro Colectivo es, primero que nada, ser reconocidos y reparados. Empezar por el reconocimiento y el pedido de disculpas públicas por parte de ese Estado a sus víctimas.
Está bueno hacer una diferenciación entre ser víctima del terrorismo de Estado o ser víctima de acciones civiles. A nivel internacional se considera así, pero, en este país, donde todavía reina una Ley de Caducidad que protege ciertas cosas, ciertos abusos del Estado. Una cosa es que el Estado, con todo su aparato, te haga pelota la vida a que un civil, una guerrilla o lo que sea, en donde sea, tenga sus acciones y sus interacciones. Está bien que se reclame, pero no que equipare.
Están presentando una muestra en el SUBTE de Montevideo llamada “Infancias en Dictadura. Esta es mi historia ¿y la tuya?”. Esta muestra funcionará hasta el viernes 27 de mayo. ¿Qué vamos a encontrar allí?
Empezamos en el 2019 en Maldonado y recorrimos varias localidades del interior. La muestra se hace a partir de objetos, digo objetos porque hay niñeces y adolescencias, hay muchos juguetes, pero también hay otros, que hacían los presos que eran padres, madres y familiares a esos niños, niñas y adolescentes, también desde la clandestinidad y el exilio.
Esta muestra se centra en estos objetos que, además, tiene doble significancia porque eran para nosotros objetos de amor, de poder estar con ese familiar madre o padre y a la vez el Estado lo usaba como objeto de tortura hacia nosotros. porque los perdían, los rompían y nosotros siempre, Los que fuimos a cárceles, salíamos de la visita con la promesa de que había un objeto para nosotros y muchísimas veces no llegaba porque los militares los rompían, los “perdían”. Nos pareció bueno, mostrar, a raíz de esos objetos las historias que había detrás. También hay fotos nuestras de esas niñeces y adolescencias, cartas que se escribían a los familiares, relatos de esos objetos.
Lo más visible, gracias a la Marcha y la persistencia de Familiares, son los desaparecidos, sin embargo, aquí tenemos a los hijos e hijas, víctimas también directas. Pero sabemos que hay más: delitos económicos, la dureza de estar sola con niños que alimentar cuando nadie les daba trabajo por ser esposas, compañera etc. de un preso político. Están las identidades truncas de niños y niñas nacidos en el exilio, en la clandestinidad que hasta el día de hoy tienen dificultades con sus papeles.
El otro día leía una nota de Elena Zaffaroni que hablaba de eso, que las desapariciones son como la punta de iceberg y me pareció bárbara esa imagen porque también es lo que nos hace poder visibilizar el resto de historia. Creo que hay unos gurises estudiantes de la FIC estudiando sobre las expropiaciones de bienes, los delitos económicos durante la dictadura que la Ley de Caducidad los libera de toda investigación. No solamente a los militares sino también a los civiles, no nos podemos olvidar que fue una dictadura cívico militar y que algunos de esos civiles hoy siguen siendo actores de nuestra política, que fueron cómplices, lo sostuvieron y trabajaron para ello.
Por ejemplo, nunca lo conté en una nota, hay una historia sabida de mi familia que a mí me secuestran con mi mamá en el operativo «Elena Quinteros», ellas trabajaban juntas. Yo desaparezco 24 o 48 horas más o menos, no tenemos claro cuánto y a mí me cambian por una casa para recuperarme. Eso contado por mi tía abuela que después me crió. Ella era directora del diario de sesiones del Senado cuando dan el Golpe, conocía mucho de esos actores civiles. Finalmente se hace el trueque y yo aparezco como si nada, entregada en mi casa por el «Pajarito» Silveira. Es reconocido, porque me lo han preguntado, por mi tío, el cuñado de mi mamá que eran amigos de la juventud de Malvín.
Yo me quedé con una familia que podían sostenerme, pero, por ejemplo, la hija de la Chela Fontora, chiquita, de un lado para el otro, caía uno que la estaba cuidando y pasaba a otro lugar y como ella, mucha gente que se empobreció, que se quedaron con sus madres por ejemplo y sus papás presos, esas madres eran clase C y no les daba trabajo.
¿Qué opinas de esta disputa que viene dando la derecha, en particular Cabildo Abierto, reivindicando la teoría de “los dos demonios”, presionando para liberar a los presos de Domingo Arena, etc.?
Empiezo por la sensación que me da a mi y creo que a todos nos pasa en el Colectivo, nos da una sensación horrible física. En los huesos se siente horrible, se siente el mismo frío del penal y del exilio y la clandestinidad y de todo. Como opinión me merece que estamos en un escenario político de un Estado que no se hace cargo de todo lo que hizo durante el terrorismo de Estado, sigue sin hacerse cargo, con un manto de impunidad que venimos arrastrando desde siempre, por lo tanto, no podemos tener ninguna garantía de no repetición; tenemos ahora a todos estos actores políticos que tienen un partido político, una representación en el gobierno, en Ministerios que quieren liberar a los «viejitos» de Domingo Arena que son torturadores, violadores, genocidas.
Es un escenario político que responde a una impunidad galopante que venimos sosteniendo hace años. Esta gente dice “dos veces se le consultó al soberano, que es el pueblo, y decidieron mantener la Ley de Caducidad, pero si uno estudia un poquito los tratados que viene firmando Uruguay desde siempre, los derechos humanos no se plebiscitan y además, por otro lado, el pueblo, la gente que votó sabía muchísimo menos. Porque ahora encontramos al Maestro Julio Castro con un tiro en la cabeza, encontramos cuerpos.
Para terminar, Victoria, te pedimos que nombres a tu papá y a tu mamá.
Alma Rodríguez y Alberto Sequeira.
¡Presentes, hoy y siempre!
Paola Beltrán






















