El senador y secretario general del PCU, Óscar Andrade, integró este jueves la mesa de apertura de la Conferencia Internacional Antifascista por la Soberanía de los Pueblos, que se realiza en Porto Alegre, Brasil, con la participación de miles de personas, en representación de partidos y movimientos de todos los países de América Latina y el Caribe, varios de Europa y de otras partes del mundo.
Andrade abrió la mesa que debatió sobre el “Papel y los límites de la acción institucional en la lucha democrática”. Andrade destacó la necesidad de concebir las luchas populares como una síntesis de lo que se hace en el gobierno, en la política y en la militancia social. La firmeza estratégica, con el objetivo de la emancipación humana y la sensibilidad para dar respuestas en los problemas inmediatos y urgentes. Andrade culminó destacando el valor de la unidad y de su construcción.
En la mesa participaron legisladores de América Latina y Europa. La Conferencia comenzó ayer jueves y se extenderá hasta el fin de semana, con decenas de paneles y mesas de debate, Andrade participará el viernes y el sábado en dos mesas más. Al cierre de nuestra edición, en el marco de la Conferencia, se realizaba una marcha de solidaridad antimperialista por Porto Alegre.
La intervención de Andrade
EL POPULAR transcribe la intervención de Andrade en la apertura de la Conferencia Internacional:
Es un enorme honor estar acá, hay una trampa: es una pregunta imposible de contestar en 7 minutos. Entonces, voy a intentar provocarlos haciendo una repregunta: ¿Es posible que triunfe la lucha de los pueblos contra un sistema económico perverso y cruel? ¿Es posible la emancipación humana? ¿Es posible construir una forma de organización que tenga como centro la dignidad humana y no la codicia? Si contestamos de manera favorable, y uno supone que quienes aquí estamos pensamos que es posible la emancipación humana, que a eso dedicamos buena parte de nuestra vida, no tiene límites. Si la lucha institucional es vista como parte del conjunto de las luchas de los pueblos por la emancipación humana y la victoria de los pueblos es posible, no tiene límites.
El problema práctico, teórico y político, es que muchas veces la lucha institucional se traga a las demás luchas y ahí encuentra límites. La acción institucional, que es necesaria, porque es más favorable la lucha de los pueblos cuando logramos tener parte de la institucionalidad. El gran problema es cuando caemos en la desviación, en la torpeza, o la dinámica propia del Estado nos absorbe y pensamos que solamente desde la institucionalidad es que se van a lograr las transformaciones. Y la historia nuestra americana reciente es muy rica, las fuerzas sociales que lucharon contra las dictaduras y contra el neoliberalismo, en los 90, lograron formaciones políticas que como nunca antes en la historia nuestra americana lograron tener parte del timón del Estado.
Y esa lucha nos demostró dos cosas, en primer lugar fue más favorables para los pueblos tener el gobierno a que gobernara la derecha, para las luchas de los trabajadores, del papel del Estado, para intentar la integración regional; también nos demostró que no es suficiente tener los gobiernos para enfrentar eficazmente un bloque de poder, del tamaño del bloque de poder hegemónico que domina nuestro continente hace 200 años, pero con mucha más fiereza a partir de la segunda guerra mundial. En todos nuestros procesos de cambio, además, tenemos una dificultad común, muchas veces gobiernos nacidos de las luchas de los trabajadores, de los pueblos originarios, del movimiento cooperativo, por las propias limitantes de las transformaciones en la institucionalidad, terminamos enfrentados con la base social que nos dio nacimiento. Esto pasó prácticamente en toda América Latina, pasó acá en Brasil, nos pasó en Uruguay, pasó en Ecuador, pasó en la Argentina, buena parte de los procesos sociales derivan en no lograr una síntesis, muy importante, entre las luchas que se dan en la institucionalidad, las que se dan en la política y las que se dan en la base social del pueblo, en los sindicatos, en las cooperativas, en los pueblos originarios, en los movimientos feministas, para intentar articular con perspectiva estratégica.
¿Las derrotas en Nuestra América nos sirvieron de aprendizaje? Si, pero no siempre logramos una síntesis superadora, que implica articular dos planos: firmeza estratégica, la perspectiva de la emancipación, la necesidad de pensar la lucha en términos de largo plazo y también latir de manera sensible a las batallas tácticas. En ese sentido también las izquierdas tuvimos algunos pecados graves. Nosotros que en los 90 ensayábamos una explicación del neoliberalismo como estrategia no solamente económica si no de captura de una subjetividad, de construcción de una identidad de consumo y un híper individualismo exacerbado, una vez que logramos el timón del Estado, que conquistamos gobiernos, descuidamos la batalla en el terreno de las ideas.
Muchas veces confundimos pensar que el incremento de políticas sociales era igual a tener una población más solidaria, y en muchos de nuestros países, lo conozco bien en Brasil, Uruguay y Argentina, el incremento de políticas sociales generaba reacción hasta de sectores populares, cooptados por el individualismo y la meritocracia, que terminaban mirando con aversión las políticas sociales.
La institucionalidad tiene el límite muy cerca si se piensa solo desde el gobierno, es muy frecuente que caigamos en una deformación hasta en el lenguaje, que se traduce de la siguiente manera: pensamos que las conquistas del gobierno son del gobierno, como si el gobierno hubiera caído de adentro de un zapallo, y el gobierno es una construcción histórica, popular, tiene sus orígenes en las luchas obreras, en las resistencias a las dictaduras y al neoliberalismo, en la capacidad de la izquierda de unirse y generar herramientas, en los miles de detenidos desaparecidos, esa larga historia de acumulación. Entonces, si son los pueblos los que conquistaron el gobierno, las conquistas nunca son del gobierno, son de los pueblos y sus luchas. Y esto, que parece muy simple, deriva en si hacemos una traducción del momento histórico en términos de acumulación, de integración, de cooperación, que nos permita tener las fuerzas sociales para vencer o si solamente analizamos desde la institucionalidad, de manera fragmentada, un momento tan complejo como el de cuando los pueblos tienen la oportunidad de tomar el timón del Estado.
Nosotros hace un año logramos reconquistar el gobierno después de una dura derrota, y en la campaña electoral sosteníamos lo siguiente: no se trata solo de volver si no que hay que volver mejores.
Se trata simultáneamente de triunfar, porque da mejores condiciones para las luchas populares, tener el gobierno es mejor que no tenerlo, eso es indiscutible, pero no alcanza con tener el gobierno. Por eso se trata de evaluar el conjunto de las luchas, siempre que evaluemos las políticas del gobierno debemos tener un casillero al lado que evalúe cuánto de conciencia social logramos avanzar, cuánto de organización y de lucha, cuánto logramos radicalizar la democracia. No hay forma de defender la democracia si la democracia no se radicaliza. Y radicalizar la democracia tiene que ver con pensar las formas procedimentales institucionales, pero también con que los pueblos tienen más que ver con cómo se distribuye la riqueza que generan, con la cultura, con la dignidad humana.
Tiene que ver con volver a construir rutas de salida, los militantes de izquierda no podemos ser, no debemos ser, solamente los que tenemos capacidad para describir la catástrofe, tenemos que encontrar rutas de salida.
Y como no hay rutas de salida nacionales, ni aún para Brasil que es un país gigante, la salida es a escala global y en nuestra perspectiva nuestra americana, que buenos los eventos como este, para intercambiar experiencias, luchas, y que permitan construir un elemento cardinal: la unidad. La unidad nos hace fuertes y la lucha es la que logra los cambios”.






















