Un flor roja para Walter Cruz

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Con profundo dolor, nos enteramos del fallecimiento anoche, de nuestro compañero de EL POPULAR, Walter Cruz, a los 82 años.
Walter estuvo desde la primera hora de esta tercera etapa de EL POPULAR, iniciada en 2008, escribió desde el primer número hasta el 519, cuando su salud ya no se lo permitió.
Walter estaba a cargo de la información sobre la lucha contra la impunidad, la memoria histórica, los juicios, las investigaciones, los testimonios, la pelea por Verdad y Justicia. Prácticamente son todas suyas las notas sobre las Marchas del Silencio, los 20 de Mayo, en EL POPULAR desde el 2008 y antes en Carta Semanal y en Carta Popular.
También escribió todos esos años notas de sátira y recuerdo encarnando a Arístides en Aportes.
Walter era comunista, de toda la vida y un periodista de los de la vieja escuela, de la libreta de apuntes infaltable, el grabador y la máquina de escribir. Escribió todos sus artículos en una máquina de escribir, hasta el último. Y los alcanzaba sin faltar una sola semana los martes, cuando la información lo requería los miércoles, en hojas blancas, sin una mancha, enrolladas, que dejaba en la consejería del local donde trabajamos.
Esto lo hacía a pesar de que en los últimos años tuvo y usó bastante redes sociales. Ante nuestras protestas por tener que volver a escribir las notas se enojaba mucho y respondía con un invariable: “Sí, las redes y la computadora y los celulares están bien, pero las cosas serias se tienen que escribir a máquina y en papel. Chau”.
Era como que sentía que lo otro era efímero, inmaterial, necesitaba ver su trabajo impreso, aún antes de que estuviera armado para enviar a imprenta.
Nosotros rabiábamos mucho y rezongábamos, porque somos muy pocas y pocos, porque falta el tiempo, pero cada semana alguien pasaba a la computadora las notas que traía Walter. Y sabíamos que tarde o temprano iba a venir el pedido de ayuda, cada vez más difícil de complacer, para conseguir cinta de máquina o llevarle la vieja máquina a que la arreglaran.
Hablamos de su última etapa en EL POPULAR porque es la que compartimos, y la que más duele, por lo cercano, pero el compromiso de Walter con la vida, con la lucha y con el periodismo viene de muy atrás en el tiempo. Para ser justos viene de toda la vida.
Walter era un coloniense de pura cepa y no nos perdonaría jamás que no agregáramos: sabalero, de la República de Juan Lacaze, como le gustaba decir y bien en serio, no en broma.
En esa maravillosa ciudad de nuestro país forjó su personalidad de luchador y bohemio. Fue a la escuela y al liceo de Juan Lacaze, se formó en las luchas obreras, textiles y papeleras, en las cooperativas de vivienda y en la música y el canto. Era orgulloso amigo de José Carbajal, El Sabalero.
Nunca trasladó su credencial, hasta las últimas elecciones votó en Juan Lacaze, vale decir que como le gustaba torearnos: “Desde 1971, gané siempre”.
Militante sindical, organizó y cubrió miles de huelgas, paros y luchas. Frenteamplista convencido y practicante. Fundador del Frente Amplio en Juan Lacaze.
Participó de la huelga general contra el Golpe de Estado, miles de anécdotas escritas y muchas más contadas en charlas interminables, expresaban su orgullo por esa gesta de nuestro pueblo.
La represión del fascismo lo obligó al exilio en Buenos Aires. Allí colaboró con la resistencia clandestina y la denuncia de la represión.
En una nota publicada en EL POPULAR en marzo de 2018, contó en primera persona una de las experiencias dolorosas de esos años duros: el asesinato en Buenos Aires del militante de la UJC y su compañero en las tareas de la resistencia Raúl Feldman.
Como le costó a Walter aquella nota que comienza así: “De haber llegado cinco minutos antes a encontrarnos con el Gordo Diego no estaríamos escribiendo esto. Algunas son vivencias que trascienden lo personales si las compartimos con los lectores de EL POPULAR. Es una obligación nuestra hacerlo, porque Raúl Feldman es un héroe de la resistencia contra la dictadura y el primer comunista uruguayo asesinado en Argentina. El 24 de diciembre de 1974 un comando de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) asaltó la sede del Movimiento Argentino Antiimperialista de Solidaridad Latinoamericana (MAASLA) y 16 balazos segaron la vida de este joven de 26 años de edad. Posteriores investigaciones de la justicia del vecino país determinaron que el represor Rodolfo Almirón Sena había sido el jefe del operativo. Fugado a España fue extraditado a Argentina y murió en prisión esperando su condena. A principios de 1974, el Gordo Diego en el trabajo clandestino, se instaló en Buenos Aires junto a su madre Minija Palatnik, nacida en Ucrania, a su padre Velvel Feldman, oriundo de Rumania y a su hermano Daniel nacido en Montevideo al igual que él. En la capital uruguaya había dirigido el programa radial “Domingos de Ujotacé” y en Buenos Aires se integró al núcleo de la UJC que desempeñaba tareas de solidaridad denunciando las atrocidades de la dictadura uruguaya a nivel internacional. Por supuesto que también al MAASLA, una organización que reunía en su seno a un variadísimo espectro del quehacer social, político y gremial de Argentina. Teníamos que elaborar un material para enviar al exterior denunciando a la dictadura uruguaya y con Ana Schenck y Raúl Feldman estimamos que el 24 de diciembre era un buen día pues en el MAASLA no habría reuniones y en Buenos Aires la gente se preparaba para los festejos de Navidad. Luego del mediodía Ana salió a cumplir tareas de la UJC y al rato fuimos a comprar los championes que nos había recomendado el Gordo Diego y que de casualidad nos salvaron la vida. Cuando regresamos alcanzamos a ver cuatro Ford Falcon sin patente que partían raudamente del lugar. Adentro quedaba un muerto y afuera una docena de asesinos que seguramente festejarían la llegada de la nochebuena con sus familias y con los discos de la Guerra Civil Española y de Alfredo Zitarrosa que le robaron al Gordo Diego”.
Con el mismo compromiso escribió sobre Aldo Perrini y la lucha contra la impunidad de su asesinato en Colonia en la tortura; o de Nibia Salbalsagaray y su familia.
La última nota que pudo escribir, después la salud ya no lo dejó, fue en nuestro número 519, ya con el nuevo diseño que tanto le gustó y se tituló “Los versos del capitán Loitey y el asesinato de Roslik”. Y era sobre las mentiras del candidato a intendente de Soriano de Cabildo Abierto y su participación en el asesinato en tortura de Vladimir Roslik.
Walter trabajó y colaboró en muchos medios radiales y escritos, de Colonia, de Montevideo y de Argentina. Le gustaba contar como “medallas” de su trayectoria haber participado en el órgano de prensa del Plenario Sindical de Juan Lacaze, que se llamaba “1º de Mayo”, también en “Claridad”, en el semanario “Noticias” luego de la dictadura y en “La Voz de los Lacazinos”. Y por supuesto estaba muy orgulloso de haber contribuido en “La Hora”, en la 30 y en EL POPULAR.
Era un apasionado del tango, el canto popular y la murga. No era fácil discutir con él, defendía sus posiciones y sus opiniones con terquedad apasionada.
Vivió una vida intensa y comprometida hasta el último día.
Te vamos a extrañar mucho Walter, ya lo estamos haciendo. A su familia y compañeros, un abrazo grande.

Tus compañeras y compañeros de EL POPULAR.