El equipo económico del MEF durante la presentación del Presupuesto Nacional para el periodo 2025-2029 en la Comisión de Hacienda con Presupuesto de la Cámara de Diputados. En el Anexo del Palacio Legislativo en Montevideo. Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS

Un presupuesto moderado y austero

Entrevista al economista Rodrigo Alonso sobre el Presupuesto Nacional, queda abierto el debate tributario y sobre el desarrollo.

Por Rodrigo Gorga (*)

El economista y diputado suplente Rodrigo Alonso (1001) analiza los lineamientos del Presupuesto Nacional 2025–2029 y advierte sobre los desafíos de crecimiento, desigualdad y desarrollo.

– El presupuesto parte de un déficit fiscal inusualmente alto para el inicio de un período de gobierno, y propone una nueva regla con un ancla de deuda del 65% del PIB y la meta de equilibrio primario en 2029. A su vez, también hay cambios en la forma en la que se espera llegar a esa meta en el equilibrio primario. ¿Qué significa este giro en la regla fiscal para la política económica uruguaya? ¿Es solo un cambio técnico o expresa un rumbo político distinto respecto a la gestión anterior?

No lo veo como un cambio de rumbo, sino como una adecuación y simplificación en cierto modo, pero la esencia es la misma: tener un instrumento (una regla) que ayude a controlar la evolución del gasto público en función de las dinámicas de crecimiento y de la capacidad de tener una deuda pública manejable; así como evitar los efectos de los ciclos electorales sobre el gasto. El consenso es ese, y en cierto modo es razonable. No tiene sentido hacer de cuenta que no existe restricción en el manejo de las cuentas públicas. La discusión más de fondo, que creo que es pertinente, es cuánto avanzamos en una parametrización de la economía que deje tendencialmente afuera o ate de manos a la política. Es el mismo debate que se da en torno a los niveles de autonomía de los bancos centrales. 

Cómo decís, uno de los focos del presupuesto, quizá el central, es lo que el ministro denominó “convergencia fiscal”, que es reducir el déficit del 4,1% del PBI en 2025 al 2,6% en 2029, lo que implicaría un resultado fiscal primario (antes del pago de intereses de deuda) en equilibrio. Naturalmente que este objetivo, sumado a un escenario económico desde hace 10 años cercano al de una meseta, acota al margen de expansión del gasto en diversas áreas. Estamos ante un presupuesto moderado y austero, en gran medida por imperio de las circunstancias. Me parece importante ser claros en este sentido, en parte porque es un presupuesto que exige que el debate distributivo y tributario permanezca abierto, si aspiramos a lograr hitos de impacto durante el transcurso del gobierno.

Lo que cabe resaltar igualmente en este punto, es que esta ley presupuestal, a diferencia de la proyección del gobierno de Lacalle Pou, no basa su corrección fiscal sobre una contracción del gasto público, sino que proyecta ampliarlo en términos reales y mantenerlo constante como porcentaje del PBI. La corrección fiscal se busca fundamentalmente sobre la base de una mejora de la recaudación por correcciones impositivas y por mayor eficiencia de la DGI para evitar evasión tributaria e informalidad. 

– Uno de los aspectos criticados por la oposición fue el optimismo en las proyecciones de crecimiento anual de 2,4% para el quinquenio, un porcentaje algo superior al desempeño de la última década. ¿Qué tan realista es la proyección de crecimiento del presupuesto? ¿Qué crees que hay que agregar a la discusión para que el debate sea también sobre desarrollo y no solo crecimiento?

El ministro blindó bastante bien su proyección de crecimiento en tanto mostró que está alineada con las proyecciones de analistas privados y del propio FMI. 

Creo que hay algunas variables en la propia proyección, como una leve caída del precio de las materias primas y la manutención de una tasa de interés internacional relativamente alta, sumado a la inexistencia de mega inversiones que por su propio peso muevan sustancialmente el crecimiento, que no son auspiciosas con esos niveles de crecimiento esperado. 

Si miramos en perspectiva histórica la economía uruguaya, estamos dentro de una larga meseta que lleva ya diez años, de crecimiento al 1%, luego de una fase de fuerte expansión, que entre otras cosas tuvo como dinamizador una progresiva sobrevaluación cambiaria, que nos dejó en niveles de sobrevaluación por encima del promedio histórico, lo que nos resta competitividad. Dados estos parámetros, me cuesta visualizar la posibilidad de abrir otra etapa de expansión sostenida a niveles relevantes. Por ello creo relevante no basar toda la estrategia en la cuestión del crecimiento per-se, porque es una posibilidad cierta que los resultados sean magros. Además de que, con base en la experiencia histórica de la economía uruguaya, el crecimiento funciona más bien como un engorde que va preparando en sí mismo la próxima crisis. Si miramos los ciclos largos, todos terminan en crisis o estancamientos prolongados. 

En resumen, diría que es clave que se abra, con paciencia pero con constancia, la discusión sobre la Estrategia Nacional de Desarrollo, tal cual lo plantean las bases programáticas del FA. Hoy existe la posibilidad de que eso ocurra en la órbita de la OPP a raíz de un planteo del PIT-CNT.  

-La infancia es presentada como prioridad, pero los recursos adicionales previstos (unos 56 millones de dólares) parecen insuficientes para el objetivo de reducir fuertemente la pobreza infantil. ¿Cómo evalúas el balance entre el compromiso declarado con la infancia y los montos efectivamente asignados? ¿Qué consecuencias puede tener esta brecha entre discurso y recursos?

Hace diez años que la pobreza infantil permanece estancada, luego de la fuerte caída registrada entre 2004 y 2014. En niños y niñas menores de seis años supera el 30%, por lo que no se trata de valores marginales. En paralelo, en la última década la economía creció cerca de un 11%. Aun con tasas de crecimiento similares o algo superiores, la pobreza infantil difícilmente se reduzca de forma significativa en este quinquenio. Tampoco lo hará con las dotaciones presupuestales incrementales incluidas en la propuesta.

Por eso considero fundamental que el debate distributivo, y en particular el referido al impuesto al 1% más rico, permanezca abierto. Además, sería clave orientar la discusión hacia cómo abordar de manera efectiva el problema de la pobreza en la infancia, que es el núcleo de esta cuestión. Tengo expectativas en que tanto por iniciativa del propio Frente Amplio, como de otros actores políticos, se pueda procesar en el Diálogo Social convocado por el gobierno la construcción de un plan integral de abatimiento de la pobreza infantil y que luego se combinen una serie de fuentes para dotarlo de fondos, entre ellas la mejora en el diseño del impuesto al patrimonio para que el 1% más rico contribuya. 

Esto abriría la posibilidad de construir un verdadero hito de gobierno. Lejos de entorpecer al gobierno, este debate le da aire y lo dinamiza. 

– El presupuesto incorpora el impuesto mínimo global, grava ganancias de capital en el exterior y plantea medidas antiabuso. A la vez, mantiene estímulos a la inversión vía exoneraciones. ¿Qué balance hace entre estas medidas de modernización tributaria? 

Las modificaciones tributarias planteadas en general son progresivas y representan un avance. Son también el resultado de una saludable reapertura del debate tributario. 

El caso del llamado “impuesto a TEMU” tiene sus particularidades. En esencia, lo veo como una medida defensiva para contener los efectos que tiene sobre nuestra economía la productividad y la escala de la economía china, así como sus estrategias para ganar mercados. Desde el punto de vista de la recaudación su impacto es marginal. Tampoco creo que afecte sustancialmente el acceso a la canasta de consumo de la población más pobre. 

Creo que, para mejorar poder adquisitivo en sectores pobres, veo más adecuado avanzar en el IVA personalizado, es decir, focalizar el beneficio.  

En la agenda de la “modernización tributaria” creo que hay que incluir la cuestión de cómo podemos ir reduciendo el “impuesto cambiario” sobre el sector exportador (me refiero al problema de la recurrente sobrevaluación cambiaria), por otro tipo de contribución que nos permita un tipo de cambio más competitivo sin aumentar la regresividad de la distribución del ingreso. Creo que acá está uno de los nudos fundamentales de la economía uruguaya, porque en definitiva es donde se dirime qué apropiación y usos se le da al principal componente del excedente económico nacional. Una cosa es “distribuirlo” indirectamente con un dólar barato, lo que afecta al desarrollo de otros sectores; y otra es encontrar estrategias para darle un cauce productivo por medio de un uso racional mediante capturas impositivas, creación de fondos soberanos, etc. 

Respecto al paquete de estímulo a las inversiones vía mayor acceso a exoneraciones
exoneraciones, entre otras medidas, entiendo que el MEF está tratando de reanimar al paciente, que está en la meseta hace 10 años. En sí mismo no veo que constituya una estrategia de fondo, sino más 

bien una búsqueda de más eficiencia sobre la base de una línea que ya existe. 

– ¿Alguna otra cosa que quieras mencionar?

Llama la atención la ausencia de la cuestión de la brecha en inversión en ciencia y tecnología y en cantidad de científicos por habitante en la exposición de motivos de la ley presupuestal, ya que esas son dos brechas claves con los países avanzados que es importante comenzar a cerrar si queremos proponernos seriamente avanzar en términos de desarrollo. Si bien se crea una nueva institucionalidad al respecto con Uruguay Innova, no hay mención a números y a recursos, e inclusive es preocupante lo que parece una reducción hacia el final del quinqu

enio del peso relativo del presupuesto de la UdelaR y de la educación en el conjunto del gasto. Seguramente este sea uno de los puntos que se podrá corregir en el marco del debate parlamentario. 

(*) Economista.

Compartí este artículo
Temas