El papel del Reino Unido en la producción del mito de «la revolución siria»

Una nota publicada en el portal Voltairenet y reproducida por Cubadebate denunció la participación del gobierno británico en la organización de la propaganda contra Siria.

La denuncia se realiza luego de la revelación de nuevos documentos en los que se evidencia cómo fue posible que periodistas que ‎actuaban de buena fe fuesen engañados durante largo tiempo por el mito de la ‎revolución siria”, al tiempo que explican “por qué el Reino Unido se retiró de Siria, a pesar del éxito de ‎su operación”.

De acuerdo a Thierry Meyssan, autor del artículo de la denuncia, a pesar de lo que se ha afirmado sobre las disparidades entre lo que se decía de Siria y lo que efectivamente acontecía, ha sido una constante la “fabricación de pruebas” que permitieron instalar una clara disociación manipulativa acerca del conflicto.

Dicha actividad manipulativa ha sido realizada de forma sistemática, denuncia el texto, “por parte de los servicios secretos ‎estadounidenses, británicos, franceses y turcos”. Quienes pretenden ocultar “la agresión ‎de Occidente contra Siria” y al mismo tiempo “hacer creer que existía una revolución contra una dictadura”.

La nota reseña que, luego de la retirada del Reino Unido en 2018, el periodista Ian Cobain publicó en el sitio online ‎Middle East Eye “varios documentos oficiales británicos (…) permiten ver más ‎claramente de qué manera Londres intoxicó masivamente a un gran número de periodistas de ‎buena fe y después se retiró del conflicto”.

No era la primera vez que Cobain denunciaba estos hechos, se añade, ya en 2016, había aparecido una publicación en el diario británico The Guardian, donde se denunciaba‎ “cierto número de ‎revelaciones” acerca del accionar del MI6 y la forma en que este “organizó esta‎ operación contra Siria”.

Los intereses de los británicos en relación a Siria, se aclara, no eran los mismos que los de “‎sus aliados estadounidenses”.

A diferencia de aquellos, “el Reino Unido, esperaba recuperar la influencia que había ejercido ‎en la época colonial, al igual que Francia”.

Para Londres no era creíble “que Estados Unidos ‎pretendiese destruir las estructuras de los Estados en los países de todo el Gran Medio Oriente (o ‎Medio Oriente ampliado), como se estipula en la estrategia Rumsfeld/Cebrowski”.

En atención a ello fue que se concibió en Londres “la operación de las ‎llamadas “primaveras árabes” según el modelo de la “Gran Revuelta Árabe”, organizada en ‎otra época por Lawrence de Arabia”.

La versión de aquel modelo que se puso en marcha tuvo como principal protagonista a “la Hermandad Musulmana”, que tuvo que interpretar “el papel asignado a los wahabitas en tiempos de la Primera Guerra ‎Mundial”.

Como consecuencia de ellos, se agrega, “la propaganda británica fue concebida siguiendo un guión sobre la ‎creación de una “nueva Siria” alrededor de la Hermandad Musulmana, mientras que lo que realmente ‎querían –y aún quieren– Estados Unidos y la CIA era desmembrar el país”.‎

Previamente, se detalla, “la opinión pública occidental ya había sido convencida de que en Túnez, en Egipto y en Libia ‎se habían producido revoluciones”, una convicción errónea que “facilitaba la tarea de venderle otra ‎‎“revolución”, esta vez en Siria”. ‎

Ene se escenario, se explica, “periodistas que actuaban de buena fe fueron llevados por supuestos revolucionarios, en realidad ‎eran agentes que trabajaban para los servicios secretos de Turquía y de la OTAN, a visitar una ‎‎ “aldea revolucionaria”, Yabal al-Zauia, en suelo sirio”.

Era justamente en este sitio, donde “se organizaban para ellos mítines del ‎‎ “Ejército Sirio Libre” que podían filmar a sus anchas”.

Muchos fueron los periodistas ‎engañados con esta artimaña, por lo que fueron convencidos de que, en efecto, estaban ante “un levantamiento popular”.

La nota recuerda la denuncia realizada sobre esta farsa por el periodista ‎español Daniel Iriarte, al medio de prensa español ABC.

En dicha oportunidad, Iriarte denunció la presencia de “varios ‎yihadistas libios en la “aldea revolucionaria” siria”, algo que no alcanzó para que la prensa reconociera “que se había dejado engañar”.

“La incapacidad de los periodistas ‎para reconocer sus errores, incluso cuando son colegas quienes denuncian esos errores, sigue ‎siendo la mejor carta de triunfo de quienes se dedican a este tipo de propaganda”, subraya la nota reproducida por Cubadebate.

La supervisión de las operaciones británicas, describe la nota de análisis de Voltairenet, fue encomendada por la RICU (la Research, Information and CommunicationsUnit) a un antropólogo.

Esta designación incluía el trabajo de supervisión de la operación de ‎propaganda, en tanto que, la ejecución de la misma se puso “en manos de varios “contratistas”, entre ellos un ‎‎“ex” oficial del MI6, el coronel Paul Tilley”.

La elección de un ‎‎“ex oficial”, se subraya, no es más que otra artimaña para poder asegurar y “refutar cualquier vinculación con el asunto si la operación ‎sale mal”.

“Para estar más cerca del terreno, los intermediarios o contratistas del MI6 abrieron ‎‎3 oficinas en Estambul y Reyhanli (Turquía) y en Amman (Jordania), mientras que la CIA operaba ‎desde Alemania”, se describe.

De acuerdo a esta denuncia, la “operación se inició con el asunto del ataque químico, atribuido al gobierno sirio, en el verano ‎de 2013, cuando la Cámara de los Comunes, recordando cómo había sido engañada en el ‎momento de la guerra contra Irak, prohibió estrictamente al ministerio de Defensa el despliegue ‎de tropas británicas en Siria”.

Como respuesta a ello, se explica, “el gobierno británico evadió la prohibición incrementando el ‎presupuesto inicial de su ministerio de Exteriores”, un “incremento que fue transferido a agencias canadienses y ‎estadounidenses para que se encargaran de la operación”. ‎

La prohibición no fue óbice para que la operación se desarrollara y la misma fue puesta “‎bajo el mando de un oficial del MI6, Jonathan Allen”, quien posteriormente “acabó convirtiéndose en número 2 de ‎la delegación diplomática del Reino Unido en el Consejo de Seguridad de la ONU”. ‎‎

En esa nueva posición, Jonathan Allen, dio “una conferencia de prensa ‎en Nueva York acompañado por su aliado privilegiado, Francois Delattre, embajador de ‎Francia”.

Otra de las características de esta operación fue que la misma era “ejecutada entre otros por Innovative Communications‎ &Strategies (InCoStrat)”, siendo “presentada como una asociación ‎comercial no vinculada a las autoridades del Reino Unido”.

Para los sirios participantes de la operación, la misma no significaba estar embarcados en un acto de traición al país y solo vieron en la misma “una buena ‎oportunidad de ganar dinero para sobrevivir a pesar de la guerra”.

Para asegurar dicha participación de ciudadanos locales, estos recibían una remuneración considerablemente elevada en comparación al nivel de vida cotidiano en el país.

Embaucados en el llamado sistema de “periodistas ciudadanos”, la operación de propaganda desatada por el gobierno británico tenía un balance “muy económico en ‎relación con el medio millón de libras esterlinas mensuales del presupuesto británico (entre 50 y ‎‎200 dólares por un video, entre 250 y 500 dólares por colaboraciones regulares)”.

Luego de un previo proceso de selección, “el MI6 enviaba esos ‎materiales a la BBC, Sky News arabic, Al-Jazeera y Al-Arabiya, cuatro medios de difusión que ‎participan plenamente en el “esfuerzo de guerra” occidental”, violando “‎resoluciones de la ONU que prohíben la propaganda de guerra”.

Como parte de su trabajo, se describe en la nota de prensa, “los colaboradores sirios tenían que ‎ comprometerse por escrito a mantenerse anónimos, con excepción de los que ‎contaban con una autorización expresa para darse a conocer y no divulgar sus vínculos con ‎ninguna empresa”.

El acceso de los periodistas occidentales “que actuaban de buena fe”, a los llamados “periodistas ‎ciudadanos” sirios estab vedado por lo que no podían “verificar el contexto de los videos ni de otras “pruebas”, trabajo de ‎verificación que constituye la esencia misma de la actividad periodística”, ellos “simplemente ‎se dejaban convencer por el “ruido” de las cuatro televisoras antes mencionadas”.

‎Los documentos que han sido “revelados por Ian Cobain demuestran que, además de apuntar a la opinión ‎pública internacional, esta operación estaba dirigida también contra la opinión pública siria”.

De esta forma, ‎Londres pretendía producir “en la opinión siria un cambio de actitud que debía favorecer a los ‎‎ “moderados” ante los “extremistas”.

Como parte de sus indicaciones, el antropólogo que supervisaba el programa insistió en “que era necesario crear en el ‎terreno algunos servicios de urgencia, como la Free Police y los White Helmets‎‎(“Cascos Blancos”) del “ex” oficial del MI6 James Le Mesurier.

Estas “propuestas” no eran, básicamente “para ayudar a la ‎población sino para darle confianza en las instituciones que habrían de crearse después de la ‎derrota de la unión nacional surgida alrededor del Baas”.

El programa elaborado en ese sentido por el MI6 planteaba 3 aspectos diferentes:

“- Identidad siria: “Unir a los sirios mediante la afirmación positiva de culturas y prácticas comunes y restablecer la ‎confianza entre vecinos, aunque poniendo de relieve la fuerza numérica de los sirios”.

– Siria libre: “Actuar para fortalecer la confianza en una futura Siria sin régimen extremista.”‎

– Socavamiento:‎ “Actuar para debilitar la eficacia de las redes extremistas violentas (EV) en Siria socavando la ‎credibilidad de las historias y de los actores EV y aislando a las organizaciones EV de la ‎población.”

De acuerdo a los documentos revelados por Ian Cobain, “los contratistas o intermediarios del MI6 también ‎formaron a los voceros de la oposición siria, desarrollaron cuentas en las redes sociales y ‎organizaron oficinas de prensa que funcionaban las 24 horas del día”.

En ese sentido se describe cómo “el trabajo de las oficinas de prensa consistía en poner a los voceros de la oposición siria en ‎contacto con periodistas occidentales y en instruir a esos voceros sobre lo que debían decir en las ‎entrevistas”, un modo de funcionamiento que permitió y estimuló a que la prensa occidental creyera que obtenía “sus informaciones de fuentes ‎independientes y con un bajo costo”. ‎

Hasta el año 2012, se detalla, en lo que se llamó “la fase de desestabilización”, los medios de prensa internacionales solían mandar reporteros al terreno, que eran manipulados por ‎los británicos de la forma en que se denunció.

Este modo de actuar, el de enviar reporteros a terreno, ya no se realiza, en su lugar “los medios de prensa occidentales se han acostumbrado a aceptar como buena la “información” ‎que les ofrece la agencia de prensa creada en Londres por el MI6 y la Hermandad Musulmana”, el llamado “‎Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH)” y todo ello “a pesar de que esa “fuente” carece de los ‎recursos necesarios para tener conocimiento de los “hechos” que dice reportar”.

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