Reseña del libro “Las batallas de Lenin. Victorias y derrotas” de Eduardo Lorier.
Líber Borroni Rinaldi (*)
En el marco de una nueva edición del Día Nacional del Libro, EL POPULAR ofrece a sus lectores una reseña de la reciente obra de Eduardo Lorier.
Lorier es Ingeniero Agrónomo por la UdelaR. Fue senador de la República, embajador en Cuba, y Secretario General del Partido Comunista de Uruguay (PCU). Es autor de una amplia bibliografía.
En 2025 publicó su libro “Las batallas de Lenin. Victorias y derrotas” de la editorial ‘Psicolibros Waslala’, como una continuación del trabajo crítico que ha realizado sobre el más grande revolucionario de la historia, Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, como lo conocemos los trabajadores de todo el mundo.
Prologado por el Profesor de Filosofía y dirigente nacional del PCU, Juan Bernassa, el libro aborda desde los inicios del primer Estado obrero y socialista de la historia, la República Socialista Federativa Soviética de Rusia de 1917 (cuya antesala fue la heroica y trágica experiencia de la Comuna de París de 1871), hasta el testamento político del gran dirigente bolchevique.
Cargado de citas fundamentales de Lenin, este libro es un gran aporte para pensar la revolución en el siglo XXI por su contenido dialéctico de amplitud y profundidad, como enseñara Rodney Arismendi. Reflexionando críticamente sobre el legado leninista podemos encontrar elementos importantes para pensar la transformación de la realidad, superando el sectarismo y el burocratismo, peligros siempre presentes para el movimiento revolucionario.
La primera batalla de Lenin estudiada por Lorier en este libro tiene que ver con el comunismo de guerra. Obviamente las potencias imperialistas de la época no estaban dispuestas a permitir que viva y crezca esta alternativa de poder proletario. Al igual que hoy el imperialismo yanqui ataca a Cuba y a Venezuela, por ejemplo, las clases dominantes capitalistas del Reino Unido, Alemania, Francia e incluso Estados Unidos y Japón intentaron ahogar al recién nacido Estado soviético. Buscaron aliados en la interna de Rusia y crearon una coalición de fuerzas monárquicas, liberales, conservadoras que tenían en común su anticomunismo y su odio al pueblo (cualquier parecido con la Coalición “Republicana” de Uruguay no es mera coincidencia). Lenin, junto al Partido Bolchevique y el pueblo ruso crean el Ejército Rojo, y esa será su primera batalla de la que saldrá victorioso. El mismo Ejército Rojo que casi 30 años después liberará a la humanidad del horror del nazi-fascismo.
Pero no todo fue avance. La economía rusa sufrió enormemente la prepotencia imperialista y el sabotaje de los traidores a la patria. Tuvo que replegarse hacia el comunismo de guerra, en el que muchas veces por la fuerza se colectivizaban los recursos. Esto debilitó la alianza obrero-campesina, pilar fundamental de la Revolución rusa. Entonces, luego del triunfo contra las fuerzas imperialistas y reaccionarias, Lenin apeló a la creatividad revolucionaria.
Ya en 1919, en plena invasión imperialista y guerra civil, había encabezado la audacia de impulsar la revolución socialista a escala mundial a través del reflote de la Internacional creada por Marx y Engels en 1864, que se había desbarrancado en su segunda versión con la traición nacionalista de los líderes socialistas. Era el turno ahora de crear la Internacional Comunista, orientando la creación de los Partidos Comunistas de cada país a lo largo y ancho del planeta Tierra. Legado que sigue hasta hoy día en el que los Partidos Comunistas de diversos países encabezan la lucha de los pueblos por la liberación nacional y el socialismo. El camino iniciado con la Internacional Comunista o tercera Internacional encontrará una síntesis histórica con la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) a fines de 1922.
Llegando al final de la guerra imperialista contra el naciente Estado proletario en 1921, Lenin encabezó la construcción del capitalismo de Estado bajo el Poder Soviético, que dio lugar a un conjunto de propuestas programáticas que concluyeron con el nacimiento de la Nueva Política Económica (NEP). Esta experiencia había querido comenzar en los inicios de la revolución para la reconstrucción nacional, pero fue truncada por la invasión y la traición interna.
El centro de gravedad era recomponer e impulsar la economía de Rusia y con ella fortalecer la alianza obrero-campesina, ante un creciente descontento popular con la situación a la que llevó el comunismo de guerra. Lorier estudia profundamente esta experiencia en sus diversas etapas.
Estudio fundamental para romper los esquematismos en los que muchas veces caemos los revolucionarios. E incluso en este libro se plantea un dato más que interesante: Deng Xiaoping, quien lideró la transformación económica de la República Popular China, que la transformó en la potencia mundial de la actualidad, fue educado en la Rusia soviética bajo los principios de la NEP. Es importante señalar que la experiencia de la Nueva Política Económica leninista tuvo una duración muy corta, frustrada debido a la temprana enfermedad y fallecimiento de Lenin, y a su sustitución en la dirección del Partido y la Unión Soviética por el estalinismo.
Lorier, bajo el título de ‘la batalla por la transición del capitalismo al socialismo’, estudia diversos aspectos de las cuestiones de economía política. La alianza con las capas medias, el papel de los sindicatos, y la experiencia del repliegue. Quedan claras las diferencias de concepción de Lenin con Trotsky e incluso con Stalin.
También se destaca la creatividad y flexibilidad del leninismo respecto a la política exterior desplegada por la Rusia soviética. En el libro de Lorier se rescata la memoria del “mejor Comisariado del Pueblo, el de Relaciones Exteriores”, encabezado por el brillante Gueorgi Chicherin y su equipo. Este, bajo la guía de Lenin, supo explotar las contradicciones interimperialistas, a través de las concesiones y de la importación de capitales, fundamentales para la reconstrucción de Rusia bajo la NEP.
El capítulo dedicado a la lucha de Lenin contra el burocratismo no tiene desperdicio. Como hemos mencionado en otro de nuestros artículos, para Lenin lo fundamental era la educación de las más amplias masas, y la participación de las organizaciones obreras en la conducción político-económica del Estado. Las contradicciones sociales, exacerbadas por la NEP, ponían en el primer plano el papel de los sindicatos para defender los derechos de la clase trabajadora, con independencia de clase, remarcando el grueso error trotskista de impulsar la fusión de los sindicatos con el Estado. También Lenin destacaba la función de las organizaciones de base, y la responsabilidad de cada ciudadano del Estado proletario, de descubrir y denunciar a los traidores, a los burócratas que con el disfraz de revolucionarios trancaban el proceso, ya sea por trabajar de manera infiltrada para el enemigo o por simple beneficio personal.
En un año en que nuestro pueblo discute las transformaciones necesarias de nuestro modelo educativo es esencial destacar, como recientemente lo hizo Gabriel Mazzarovich en su artículo sobre la vigencia de Lenin, que la verdadera educación de las masas no puede estar nunca separada de la lucha política. Es a través de su experiencia de lucha que los pueblos forjan su independencia, su fuerza de voluntad y su conocimiento; como muy claramente nos enseñara Federico Engels en su célebre trabajo sobre ‘El papel del trabajo…’.
Lo último que nos interesa destacar en este artículo sobre el importante libro de Eduardo Lorier es el estudio que se realiza sobre el método y la cuestión programática en la vida y obra de Lenin. Desde cuestiones de simplificación administrativa, fundamentales para un correcto funcionamiento de las grandes empresas de la clase trabajadora (enseñanza que Lenin recoge de los propios monopolios capitalistas), hasta el análisis concreto de cada situación concreta, para evitar el dogmatismo y la fraseología, se destaca el papel científico de la teoría de la revolución marxista-leninista. El estudio de la correlación de fuerzas que existe entre las clases y sectores sociales, y entre naciones opresoras y oprimidas, debe ir sustituyendo las ilusiones (por más bienintencionadas que sean) por un programa de transformaciones que permitan ir avanzando hacia el objetivo final, que como muy bien sabe expresar el movimiento sindical uruguayo, es una sociedad sin explotados ni explotadores.
En síntesis, la reciente edición del libro de Lorier, ‘Las batallas de Lenin. Victorias y derrotas’, inspirado en la gran obra de Rodney Arismendi (particularmente ‘Lenin, la revolución y América Latina’) es una importante herramienta para el estudio y la lucha revolucionaria de nuestro pueblo. Un pueblo que construye la democracia avanzada, vìa uruguaya al socialismo, en la hora del Frente Amplio.
(*) Profesor de Filosofía Egresado del IPA, Licenciado en Filosofía por la UdelaR.

Presentación de “Las batallas de Lenin”
El pasado viernes 15 de mayo en el Instituto Cultural Español de San José se presentó el libro “Las batallas de Lenin” de Eduardo Lorier. Un buen número de público acompañó esta actividad. Se disfrutó de la disertación de Debora Gribov, Osvaldo Luzardo y Juan Bernassa, que nos acercaron no solo el profundo contenido del libro, sino también a la entrañable personalidad de Lorier. Cerró la presentación el autor que destacó la importancia y vigencia del pensamiento y la acción de Lenin; sus aciertos y fracasos. Entre mates y cafecitos se generó la calidez imprescindible para acompañar a un estudioso investigador y militante comprometido.






















