20230508/ Javier Calvelo - adhocFOTOS/ URUGUAY/ MONTEVIDEO/ En la sede de Cabildo Abierto los liderados por Guido Manini Ríos se reunen molestos porque Irene Moreira tuvo que renunciar al MVOT a pedido del presidente, para definir su futuro en la coalicion de gobierno. En la foto: Durante la declaracion en la sede de Cabildo Abierto en Montevideo. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

Lo que esconde la crisis política con Cabildo Abierto

La renuncia de Moreira: De clientelismos, insubordinaciones, presidencialismos hipertrofiados, preocupaciones electorales y alineamientos.

Fabricio Mato

Las crisis políticas del gobierno de coalición de derecha encabezado por Luis Lacalle Pou son cada vez más repetidas, en más frentes, casi cotidianas. Son como un espiral que se expande y parece querer abarcarlo todo.

El último episodio que implicó la renuncia de la ministra de Vivienda, Irene Moreira, figura principalísima de Cabildo Abierto y esposa del líder de ese sector político, general Guido Manini Ríos, tiene muchos componentes singulares y graves, pero no se debe limitar el análisis a estos, es necesario verlos como expresión de la crisis política general de un gobierno que cada vez es más débil políticamente.

Empecemos por describir someramente los hechos, la ahora exministra Moreira otorgó, discrecionalmente, sin sorteo, directamente, una vivienda a una militante de Cabildo Abierto, que, además, según las denuncias no habría calificado a aspirar a la misma. La acción de la ministra configura a todas luces un acto de clientelismo político.

Se pueden dibujar todas las justificaciones que se quieran, la exministra lo hizo en su monólogo, que no conferencia, ante la prensa. En esa comparecencia ante los medios, donde no aceptó preguntas, reivindicó su gestión in totum, dijo que no se arrepentía de haber adjudicado directamente la vivienda a una militante de su sector político y que lo volvería a hacer.

Antes de esto asistimos a una montaña rusa de acontecimientos, según versiones de prensa el presidente Luis Lacalle Pou llamó al líder de uno de los partidos claves de la coalición que hizo posible su elección y que lo sostiene en el Parlamento y le dijo que las explicaciones que había recibido de su esposa, la exministra, no habían sido suficientes y le solicitó que la retirara del cargo. Manini Ríos, siempre según las versiones de prensa, que luego se vieron confirmadas en los hechos, reaccionó indignado, defendió a su ministra y esposa y le dijo al presidente, en una suerte de desafío político, que la sacara él. Lacalle Pou, que, a fuer de sinceros, tampoco es muy dado a los acuerdos, ni a escuchar opiniones disímiles a la suya, le dijo que cambiaba la formulación de las cosas y que él pedía la renuncia de Moreira.

Hubo reuniones, llamadas, amenazas de ruptura de la coalición de derecha, es decir el retiro de Cabildo Abierto de la misma, amagos de insubordinación, para usar un término castrense, tan caro a Cabildo Abierto, pero también al herrerismo que lo aplicó insólitamente al director del IAVA.

En una actitud destemplada e institucionalmente grave la ministra Moreira difundió la versión de que no renunciaría hasta que su sector se reuniera el lunes y considerara la situación. De hecho, implicaba, esto sí, una insubordinación, un desacato, otro término que tanto les gusta a Cabildo y al Herrerismo y que con entusiasmo usaron en la LUC. Finalmente, la ministra entró en razón o le explicaron cómo funciona el Estado en democracia, que su cargo lo nombra el presidente de la República y no le pertenece a su sector político y renunció, acatando el ucase presidencial.

Pero la molestia de Cabildo Abierto siguió e incluso se le metió para adentro. El director de ANCAP, por Cabildo, José Luis Alonso, respaldó públicamente al presidente Lacalle Pou y dijo que la ministra debía irse y afirmó que “lo menos que podemos hacer es respetar las decisiones que toma el presidente”. Legisladores de Cabildo le exigieron la renuncia. Alonso dijo que se quedaba en ANCAP, pero que ya no iba a aportar económicamente a Cabildo, exigió una retractación de sus críticos y dijo que se reservaba el derecho de iniciar acciones judiciales. Ese fue el clima y no otro.

El lunes tras entrevistas en medios donde Manini Ríos fue muy duro con el presidente y con el trato dado a Cabildo Abierto, la dirección política de ese sector decidió por mayoría continuar en la coalición de derecha, aunque con fuertes críticas al presidente Lacalle Pou y a sus socios.

De los 16 integrantes de la dirección de Cabildo Abierto, dos votaron por retirarse de la coalición: el senador Guillermo Domenech y el diputado Rodrigo Albernaz.

La declaración de Cabildo, aun manteniéndose en la coalición de derecha, es muy dura. En su punto central dice: “Considerando que el país y su gente son lo primero, en un nuevo esfuerzo por sostener el ‘Compromiso por el País’ firmado el 5 de noviembre de 2019, la Mesa Política ha decidido, por mayoría, continuar formando parte de la Coalición hoy en el gobierno. Solicita a la vez al presidente de la República los máximos esfuerzos para consolidar una coalición con prácticas verdaderamente republicanas”.

Restaba saber que pasaba con el Ministerio de Vivienda, Moreira había anunciado junto con su renuncia que iba a volver al Senado, lo que planteaba un nuevo dilema: ¿Qué pasaba con el coronel retirado Raúl Lozano que ocupaba su banca en la Cámara Alta?

El tema se resolvió con un magistral enroque: Lozano, coronel retirado, vicepresidente de Cabildo, con una extensa carrera militar, fundador de Cabildo Abierto, fue nominado al Ministerio de Vivienda. ¿Qué experiencia tiene en tan delicado e importante tema? Ninguna. Pero bueno, nadie es perfecto.

Todo el discurso de que gobernarían los mejores técnicos en cada área, en esta crisis también demostró ser una promesa vacía.

Los cruces siguieron, Manini Ríos reiteró que el presidente se equivocó, defendió la actuación de Moreira y le recordó a Lacalle Pou que no tuvo la misma severidad con ministros de su partido ante “casos más graves”, habló de “pase de cuentas” contra Cabildo.

Para mostrar el estado interno de la coalición de derecha salió a tallar hasta el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Pablo Mieres, que dijo que “el presidente marcó la línea, Cabildo corcoveó, pero al final se alineó”. Quizás cobrándose el ninguneo de Domenech cuando restó importancia a la postura del Partido Independiente en la Reforma Jubilatoria recordándole que su voto no es decisivo en el Parlamento.

Otros tiempos: Luis Lacalle Pou y los dirigentes de la «coalición multicolor» en plena campaña electoral en el año 2019. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS.

Mirar bajo la superficie

Es necesario dejar algunos apuntes que nos saquen del anecdotario y busquen una reflexión más profunda. Las diferencias de Cabildo Abierto con el presidente Lacalle Pou son públicas. Se expresaron en la discusión de la Reforma Jubilatoria, aunque al final, como siempre, la terminó votando. En la negativa a votar la derogación de la denominada Ley de Medios, aunque si acompañó la derogación del artículo 56, que habilitó a los canales cables a vender internet y abrió las puertas a las trasnacionales de las telecomunicaciones para golpear a ANTEL. Este es un punto muy interesante, porque Cabildo tiene un discurso muy fuerte contrario a las exoneraciones impositivas a las trasnacionales, pero su práctica es muy contradictoria con su discurso. También, últimamente, se expresaron diferencias en cuanto a la crisis de seguridad pública y su abordaje.

Es cierto que hay diferencias conceptuales y hasta programáticas entre el Herrerismo y Cabildo Abierto, pero no es menos cierto que expresan las dos tendencias históricas, rastreables hasta el mismo surgimiento de Uruguay como nación, de los sectores más conservadores de las divisas tradicionales y sus inmediaciones políticas: El Herrerismo y el Riverismo.

Los problemas son varios y profundos. El politólogo y presidente de FACTUM, Oscar Botinelli, en un análisis realizado el en VTV, que luego, en sus ejes principales fue explicitado públicamente como razones de la crisis hasta por Cabildo, demostrando su justeza, insistió sobre dos aspectos que viene subrayando hace tiempo: 1) La coalición de gobierno no tiene un programa común, solo tiene un acuerdo que contiene apenas generalidades. 2) La coalición nunca ha funcionado como tal, salvo para el apoyo parlamentario. Luis Lacalle Pou ha actuado con un presidencialismo muy fuerte, asumiendo que el Poder Ejecutivo es su dominio, que los partidos de la coalición están para respaldarlo y que en todo caso la discusión, si se da, se da en el Parlamento. No se negocian previamente las leyes y mucho menos las medidas de gobierno. Botinelli destacó la diferencia de este estilo de gobierno de Lacalle Pou, con respecto a la relación que mantuvieron con el otro partido tradicional cuando gobernaron Lacalle padre, Julio María Sanguinetti en su segundo mandato y Jorge Batlle.

No son dos aspectos menores. La autodenominada “coalición multicolor”, en realidad monocromáticamente de derecha, aunque con ciertas tonalidades y matices, nunca funcionó como tal. Lacalle Pou actuó y actúa como si gobernara solamente su partido, o más bien su sector, no hay reuniones periódicas, ni consultas y mucho menos organismos o alguna formalidad que le dé materialidad a la coalición. Ni siquiera hay lo que en política se denominan “reglas de juego” más o menos claras. Si a eso le sumamos que no hay un programa común, el combo es perfecto.

Claro que hay coincidencias importantes, por los intereses materiales y de clase que representan los partidos que componen el apoyo político a Lacalle Pou. 

Pero, como lo volvió a demostrar este último episodio, en términos políticos a los partidos de derecha que respaldan a Lacalle Pou los une más el espanto que el amor. El poxipol que los une es que si no están todos juntos no pueden derrotar al Frente Amplio, punto. 

Eso es, desde el punto de vista de los intereses de clase, un aliciente muy fuerte, pero claro, para administrar las diferencias en la cotidianeidad de la gestión de gobierno no alcanza. 

Menos cuando predomina entre los socios de derecha una visión clientelar e instrumental del Estado, avalada por prácticas históricas y actuales. Una concepción del Estado como botín electoral y como facilitador de negocios privados. 

Entonces, más allá de las críticas duras, terminan reafirmando la coalición, eso sí, cada vez más desgastada, por varios factores. Todos están unidos en la defensa de los que Lacalle Pou, en un rapto de sinceridad, denominó los “malla oro”. Hay intereses materiales y de clase. Todos comparten la visión del uso del Estado con una concepción clientelar y botín electoral, los porcentajes de escándalo de ingresos directos a las intendencias blancas y coloradas, en diez de ellas superiores al 70% del total de ingresos, son una muestra más de ellos. Pero la razón más fuerte es que el peso del Frente Amplio y del movimiento popular los obliga a estar juntos, separados no tienen la más mínima oportunidad. La coalición de derecha viene a sustituir el histórico mecanismo de hegemonía política de las clases dominantes, el bipartidismo, que la unidad de la izquierda y la acumulación de fuerzas del movimiento popular derribaron luego de más de un siglo y medio de reinado.

Pero hay tendencias contradictorias, que potencian la crisis de la coalición de derecha. Hay una creciente preocupación electoral, el resultado del balotaje, el ajustadísimo resultado del referéndum sobre 135 artículos de la LUC, el rechazo mayoritario a la reforma jubilatoria, la caída de la imagen del gobierno y el hecho de que el Partido Nacional aparezca con menos porcentaje en las encuestas del que sacó en 2019 y Cabildo marque la mitad de lo que obtuvo, son algunos de esos elementos.

Cabildo que votó todas las leyes principales de este gobierno encabezado por Lacalle Pou, se encuentra ahora en una disyuntiva de hierro: Mantener la coalición de derecha, necesaria para enfrentar al Frente Amplio y además garantizarse los cargos de gobierno que ello implica y responder, a la vez, a la necesidad de separarse lo más posible de este gobierno que apoyó para buscar tener un mejor desempeño electoral. Eso también juega.

Lo llamativo es que un caso de clientelismo haya sido el detonante. Cabildo no se guardó de decirle a Lacalle Pou que no ha tenido la misma actitud “principista” con varios dirigentes de su propio partido; en casos de clientelismo y más graves, como todo lo referido a Marset y a Astesiano, por ejemplo.

También es cierto que Cabildo tuvo episodios anteriores, que mostraban aspectos de esta concepción sobre el Estado, como las que se reflejaron en denuncias de prensa sobre las designaciones de militantes en ASSE, o la condición de colonos o no y su relación con tierras del Instituto de Colonización, justamente de Manini y Moreira, otra vez. O requerir el apoyo de sus socios de “coalición” para no cumplir el compromiso electoral de no ampararse en los fueros y responder ante la Justicia. En ninguno de estos casos hubo tanta severidad presidencial. Eso debe llamar la atención de Cabildo.

Cabildo Abierto, con fuertes críticas, se mantuvo en la coalición de derecha, hizo un enroque y mantuvo los equilibrios internos, trasladando a la renunciada Moreira al Senado y poniendo a un coronel retirado sin ninguna experiencia en el tema en el Ministerio de Vivienda, mantuvo los 54 cargos que tiene el gobierno, con algunos sublevados. En las votaciones de estos días en el Parlamento, Cabildo acompañó con sus votos las iniciativas del gobierno.

¿Esto cierra la crisis de la coalición o habrá nuevas manifestaciones?

Habrá que seguir con atención los próximos episodios de esta crisis. Pero, como dijo el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira: Este gobierno tiene más cosas para explicar que para mostrar.

Esta nota tiene como base una escrita el sábado en el Portal de El Popular, está actualizada y ampliada: 

Foto de portada:

Durante la declaración en la que anuncian que se quedan en la coalición de gobierno en la sede de Cabildo Abierto. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS.

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