III Congreso del Pueblo

Este domingo se realiza la primera instancia nacional de síntesis del proceso de elaboración programática del movimiento popular que implica el III Congreso del Pueblo, convocado bajo la consigna: “Construyendo el Uruguay del futuro”.

Como señalamos en varios editoriales y notas que han intentado ir dando cuenta de este proceso, esta herramienta tiene una larga y hermosa tradición histórica en nuestro país. Hace 58 años se realizó el primero y se transformó en una referencia ineludible de la historia del movimiento popular y del Uruguay todo, fue una contribución fundamental para sentar los cimientos de la unidad. El segundo fue en 2008 y también realizó aportes sustantivos. El III, que está en marcha, tiene toda la potencialidad para lograr serlo.

En Uruguay hay dos proyectos de país en disputa y hay dos bloques históricos, políticos y sociales, que los expresan y buscan materializarlos en la realidad. El Congreso del Pueblo es una de las expresiones, en el plano programático, de la construcción del bloque histórico, político y social, democrático y radical de los cambios.

Es muy importante la construcción de un programa que exprese la perspectiva del movimiento popular para responder al presente y, a la vez, proponer un futuro diferente. No es un programa de gobierno, tampoco es un conjunto ordenado de reivindicaciones, es la síntesis superior de estas llevadas al plano programático, contiene las líneas de un planteamiento estratégico. Al lo largo de la historia el movimiento sindical uruguayo y todo el movimiento popular han demostrado su madurez y su capacidad de propuesta. El programático es un plano superior de disputa de hegemonía con las clases dominantes. También es una afirmación de la independencia de las organizaciones sociales. 

El III Congreso del Pueblo, que es un proceso que ya comenzó y continuará, será medido por su capacidad de aporte, pero, como un programa no es solamente un documento escrito con propuestas serias y fundamentadas, que lo es, sino también, y a la vez, la construcción de la fuerza organizada que luche por él y por su concreción en la realidad, todo lo que se avanzó y se avance en construcción de pueblo organizado, será una parte fundamental para tener en cuenta.

Hay que valorar mucho los aportes construidos en las Comisiones Temáticas, los cientos de reuniones y debates realizados en todo el país y, también, el fortalecimiento de las Intersociales y del vínculo del movimiento sindical con múltiples sectores organizados de la sociedad, que ya se han dado en este proceso.

Lo dijimos y lo reafirmamos: El III Congreso del Pueblo puede ser un salto en calidad en la construcción de una propuesta programática y del tamaño de pueblo organizado para pelear por ella. Un salto en calidad en la disputa de la hegemonía con las clases dominantes. 

Ese desafío se ancla fuertemente en el presente, pero incorpora la mirada hacia un futuro a construir. Pero también afirma sus raíces profundas en la lucha histórica de nuestro pueblo por su emancipación. Por eso es una muy buena elección la fecha de esta primera instancia de síntesis en El Galpón. El 10 de setiembre de 1815, desde Purificación, José Artigas, el Protector de los Pueblos Libres, emitió el histórico “Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus hacendados”, más conocido como «Reglamento de tierras». La primera reforma agraria del continente y una de las piezas políticas más relevantes de la revolución popular artiguista. Es una buena fecha para realizar esta primera instancia del III Congreso del Pueblo, que busca, con el protagonismo popular, construir las ideas para realizar la tan postergada “pública felicidad”, por la que luchó Artigas.


Allende: Compañero presidente

Este 11 de setiembre se cumplen 50 años del golpe de Estado encabezado por el general Augusto Pinochet, que derrocó el gobierno democrático de Salvador Allende y la Unidad Popular, e inició una feroz dictadura fascista que se extendió hasta 1990.

Es muy necesario hablar de esa fecha y lo ocurrido para reivindicar el papel de Allende y del gobierno de la Unidad Popular (UP), y para enfrentar el discurso negacionista de la derecha chilena, continental y del imperialismo yanqui, que buscan lavar su responsabilidad y trasladar la culpa del golpe a sus víctimas.

El 11 de setiembre de 1973 el golpe de Estado lo dieron: la oligarquía chilena, en defensa de sus privilegios, con un papel destacado de los grandes medios de comunicación, en especial del diario El Mercurio, intelectual orgánico del golpismo y la dictadura; la gran mayoría de la derecha política; la ultraderecha, que ejerció la violencia y la desestabilización; los militares fascistas y nazis y el imperialismo yanqui. Esos, y no otros, fueron los responsables de terminar con la democracia, apoyar una dictadura asesina durante más de 15 años y de instrumentar a sangre y fuego una transformación conservadora de Chile, de la que el pueblo chileno está intentando construir los caminos para salir, medio siglo después.

Allende gana las elecciones en setiembre de 1970, encabezando la expresión más amplia de unidad de la izquierda chilena lograda hasta entonces. El 9 de octubre de 1969 el Partido Socialista y el Partido Comunista convocan a conformar un amplio espacio unitario. En diciembre de 1969 se crea la UP a la que se integran, además del PS y el PC, el Movimiento de Acción Popular Unitario (MAPU), la Acción Popular Independiente (API) y el Partido Social Demócrata (PSD). En 1971 se incorporan la Izquierda Cristiana y el Partido Izquierda Radical. Haciendo una contribución fundamental a ese proceso de unidad, nada menos que Pablo Neruda renuncia a su precandidatura presidencial por el PC para apoyar a la de su compañero y amigo Salvador Allende.

El gobierno de la UP, encabezado por Allende, se propuso construir el socialismo en Chile por la vía “pacífica y pluralista”. Es un ejercicio imprescindible leer el programa de gobierno de la UP, las primeras 40 medidas y, muy especialmente, el discurso de Allende ante el Congreso al asumir la presidencia. Se propusieron transformar el Estado y la Constitución, promoviendo la participación popular, una seguridad social universal, garantizar los derechos sindicales y de huelga, la educación y la salud gratuitas, profundizar la reforma agraria, nacionalizar los recursos naturales de Chile, especialmente el cobre, una política exterior soberana, denunciando los acuerdos con EEUU y el papel antidemocrático de la OEA, terminar con el analfabetismo y producir y difundir la cultura para todo el pueblo chileno.

La oligarquía y el imperialismo desestabilizaron al gobierno de Allende desde el primer momento. Eso está más que probado por documentos desclasificados de los yanquis, investigaciones académicas y los mismos hechos históricos.

Primero buscaron impedir que Allende asumiera, luego crearon grupos terroristas de ultraderecha que realizaron atentados y asesinatos. El 25 de octubre de 1970 fue asesinado el general René Schneider, comandante en jefe del Ejército, que se había opuesto a impedir la asunción de Allende. Hubo lockout patronales, huelga de los empresarios camioneros para provocar desabastecimiento, coordinación entre la empresa gringa ITT y el Banco Mundial para ahogar económicamente a Chile. Días antes del golpe hubo un intento de asalto a La Moneda por grupos paramilitares fascistas que provocó más de 20 muertos. Allende respondió a esa violencia criminal con la convocatoria a un plebiscito para que el pueblo definiera y para impedirlo dieron el golpe.

Hay extensa documentación sobre las reuniones del presidente de EEUU, Richard Nixon, su secretario de Estado, Henry Kissinger y los jefes de la CIA con la derecha chilena, los militares fascistas y empresarios, en particular el director de El Mercurio, para coordinar y financiar estas acciones golpistas.

El golpe contra Allende fue parte de la estrategia continental contrarrevolucionaria del imperialismo yanqui, que tenía como antecedentes la invasión a Guatemala en 1954, el intento de invasión a Cuba en 1961, el golpe en Brasil en 1964, el golpe en Uruguay en junio de 1973, apenas meses antes. No le perdonaban a Allende el ejemplo de mostrar la posibilidad práctica de construir el socialismo por la vía pacífica. Había que ahogar en sangre esa experiencia inédita. 

Por eso, este 11 de setiembre denunciamos la responsabilidad de la oligarquía chilena, los fascistas, con uniforme y sin él, y del imperialismo yanqui. Y defendemos el papel heroico del Partido Comunista, la izquierda y el movimiento popular chileno en defensa de la democracia y la libertad.

Es un hecho relevante que a 50 años de aquel día terrible hoy en Chile haya un gobierno, encabezado por Gabriel Boric y conformado por fuerzas de izquierda y progresistas que, con dificultades y contradicciones, defiende esa historia de lucha y acumulación.

Como hace 50 años, desde Uruguay, con convicción afirmamos: el ejemplo de Allende vive y vivirá en la memoria de su pueblo y de los pueblos de América Latina que luchan por su liberación. Con orgullo y respeto decimos: Salud, compañero presidente.

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