Santiago Mazzarovich/ URUGUAY/ MONTEVIDEO/ Movilización en Montevideo por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En la foto: Movilización en Montevideo por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS.

Las claras, las oscuras, las violetas

Gonzalo Perera

Este lunes, la República Francesa incluyó en su Constitución “la libertad garantizada” (ése fue el término exacto empleado) de las mujeres de dicho país, al aborto debidamente asistido. El cierre del proceso de modificación constitucional fue dado por la votación bicameral del parlamento francés, en el cual la moción triunfante recibió 780  adhesiones y 72 votos en contra. Un 91.5% de apoyo que admite diversas lecturas.

La primera y bastante obvia, es el inmenso apoyo que el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo tiene en la sociedad francesa. Por ejemplo, votaron a favor legisladores de todo el espectro político, y esto es porque la sociedad ya incorporó el aborto legal y asistido, lo naturalizó y no permite que se ponga en cuestión. En segundo lugar, si bien algunas organizaciones sociales manifestaban su aspiración a que el término empleado fuera directamente “el derecho”, considerando “la libertad garantizada”como algo más eufemístico, es indudable que este pronunciamiento debe leerse en clave de contexto internacional, e incuestionablemente, como una respuesta, esta si claramente  impulsada y apuntalada por la izquierda social y política francesa, a la tristemente célebre derogación del fallo del caso “Roe vs. Wade” en USA.

El 22 de enero de 1973, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, ante el caso que oponía a  Jane Roe (seudónimo de protección de Norma Mac Convey) con el fiscal del distrito del condado de Dallas, Henry Wade (que había prohibido un aborto de Roe  por considerarlo ilegal bajo la legislación del estado de Texas), emite un fallo histórico a  favor de Roe, estableciendo que el derecho a la decisión de la mujer de continuar o no con el embarazo estaba garantizado por la  Constitución de los Estados Unidos y por lo tanto no podía ser interferido por la legislación particular de ningún estado. 

Naturalmente, ese dictamen fue un gran impulso a las reivindicaciones de los derechos de la mujer. Sin embargo, como derivación de otro proceso judicial, la misma institución, la Corte Suprema de Estados Unidos, pero para ese entonces con integrantes designados en su gran mayoría por el ala más conservadora del Partido Republicano, resuelve el 24 de junio de 2022 anular el fallo de 1973 de Roe vs Wade, lo cual significó no sólo cinco décadas de retroceso en materia de derechos de la mujer, sino culturalmente, que en el fondo de eso se trata, un salto al vacío hacia el oscurantismo, que obviamente desató una enorme ofensiva ultra-conservadora, así como también de grandes protestas de organizaciones sociales promotoras de derechos. 

Si no se entiende esta decisión de la sociedad francesa también  como una condena explícita contra ese gigantesco paso atrás en la materia en USA, y como parte importante de una  inmensa batalla cultural, no se está leyendo nada bien la jugada.

Pero además, esta visión del problema de la mujer y sus derechos como confrontación cultural,  instala las discusiones, más que en parlamentos o cortes, donde la mayoría de nosotres no participamos y somos “legos” sobre su normativa, en un contexto ciudadano, societario, donde reflexión mediante, todes podemos tener algo para aportar y donde inmediatamente resalta el rol de la Educación, en el sentido amplio e integral del término.

En los servicios de “streaming” que buena parte de la sociedad usa al ver cine o TV desde su computadora o celular, existen numerosos documentales harto reveladores  y precisos sobre los vergonzosos sesgos de diversos estamentos de la sociedad contra la mujer, en casos donde son violadas y objeto de agresión por varones (en grupo, no pocas veces). 

Sin entrar en detalles que no hacen al fondo del asunto, citemos al menos dos ejemplos. Uno, que transcurre en la zona centro-norte de USA, donde queda en evidencia como la policía atormenta a las denunciantes y es completamente “simpática”con los denunciados, llegando a lograr que las denunciantes, bajo un apremio psicológico digno del nazismo, suscriban falsas confesiones que las convierten a ellas en las condenadas, mientras sus violadores siguen en libertad. 

Otro, que transcurre en Espaňa, muestra a una policía actuando de manera muy correcta y profesional, a parte del sistema judicial también, pero a partes decisivas de la Justicia invirtiendo nuevamente la carga de la prueba al punto de cuestionar si  una mujer aterrada y en estado de shock ante un grupo de hombres corpulentos y violentos, había dicho “no quiero”, aunque las imágenes registradas por los celulares de los agresores mostraran la violencia, el sadismo y saña que llevaba a que veteranos investigadores policiales manifestaran vergüenza de semejantes dislates judiciales. 

Pero en ambos casos, más allá de las instituciones afectadas, aparecen los medios, muy proclives a revictimizar a la víctima, y en las redes sociales, más allá de los “bots”, muchas personas de carne y hueso opinando sobre esa minifalda o ese traje ajustado, o si  la chica  andaba medio pasada de copas…

La batalla, la gran batalla para conquistar derechos, es siempre en las calles, como las que tiñen de violeta los 8 de marzo. La otra gran batalla, para asentar lo ganado, no admitir regresiones y poder seguir avanzando, es en la Educación, en todo su más amplio término.

Todos los derechos de la vida humana, incluyendo el trabajo, salud, educación, vivienda, etc., pero también los de vestirse como puedas y quieras, bailar, disfrutar lo bello de la vida, nos debe corresponder por igual a todes y no puede diferenciarse por absolutamente nada. De tan simple que es decirlo, da vergüenza darse cuenta lo tan lejos que aún estamos de ello. 

Alcanza pensar en las escandalosa cifras de femicidios en el Uruguay.  No es un golpe bajo. Es un golpe de realidad, nada más. Alcanza con mirar la brecha en empleo o la educacional. Mujeres con mayor nivel educativo son menos empleadas, o lo son por menores retribuciones. Amén (nunca mejor dicho) de cumplir el trabajo no remunerado familiar, aunque se trate de una persona con profesión  muy realizada, tanto o más que el del varón que tiene al lado, si fuera ése el marco de pareja en el que vive. 

La visión de  todos los derechos para todes, sólo puede sustentarse a largo plazo mediante la Educación. Por aquello de “a confesión de parte, relevo de prueba”,  alcanza con mirar qué hace la derecha al respecto. Atropella la Educación como una aplanadora, sobre todo la Pública, la de todes. Dentro de ella, la derecha en diversos países nos propone como gran avance abandonar el lenguaje inclusivo y todo trazo de lo que llama “la ideología de género” (para nosotros: “todos los derechos para todes”). Si tanto inquieta al poder el tema, difícil que sea banal.

Necesitamos más que nunca la Educación Pública, torpedeada por el malla oro, por el Opus Dei, por los medios hegemónicos, por toda la sanata patriarcal revestida de “defensa de la moral”.  Si es moral hambrear, si es moral abusar, si es moral violentar y violar, si es moral tapar las violencias, si acaso apenas algo de eso es moral, pues que cambien su moral.

El sistema capitalista patriarcal siembra odios, dolores y atropellos. Frente a eso, hay noticias claras y oscuras: unas en Francia, otras en USA, otras aquí nomás.

Pero sobre todo, frente a ese sistema hay multitudes de banderas, pañoletas o lo que sea de color violeta. Sembrando una simple esperanza: no más abuso y violencia sistémica.

Simplemente sembrando todos los derechos para todes.

8M en Montevideo. Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS.

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