Este martes hubo una gran concentración en Montevideo, miles de personas, desafiando el frío, cubrieron buena parte de la Plaza Independencia para alzar su voz, denunciar el genocidio y decir fuerte y alto que no nos olvidamos de Palestina.
No fue la única concentración, ni en Uruguay, hubo distintas acciones en varios departamentos del país; ni el mundo, hubo marchas en varios países. Es imprescindible sostener la denuncia y la solidaridad, para responder al llamado desesperado, lleno de angustia, que un ciudadano palestino gritó ayer jueves desde Gaza a la agencia de noticias Reuter: “Nos están olvidando”.
Este martes, el Ministerio de Sanidad de Gaza informó que desde que a fines de mayo Israel, junto con una empresa y mercenarios de EEUU, dejó entrar en cuentagotas la ayuda humanitaria, van 397 personas asesinadas y más de 3 mil heridas, cuando van a buscar comida. Es más, entre el miércoles y la madrugada del jueves 140 personas fueron asesinadas.
Israel, con la complicidad de EEUU, usa el hambre y la ayuda que debería ser humanitaria en como un arma de guerra y mata con total impunidad a quienes van a buscar algo para comer para sus familias a puntos donde previamente los convocan.
Philippe Lazzarini, que es el director de la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, en una publicación en sus redes sociales este miércoles, dijo que el sistema actual de distribución de la ayuda es una “vergüenza y mancha en nuestra conciencia colectiva”.
Pero las Fuerzas de Defensa de Israel no solo cometen esa barbarie de asesinar a sangre fría a quienes desesperados por el hambre van a buscar un paquete de comida; también continuaron los ataques aéreos en el campo de refugiados de Maghazi, el barrio de Zeitún, la ciudad de Gaza y el campamento de refugiados en Jan Yunis, en el sur de la Franja. Ya van más de 55 mil personas asesinadas desde 2023.
Todo esto ocurre mientras los grandes medios de comunicación del mundo, y las redes sociales mayoritariamente, solo muestran, como si de un macabro espectáculo se tratara, la estela que los misiles dejan en el cielo en la guerra que Israel inició contra Irán.
Por supuesto que no se le puede restar importancia a ese enfrentamiento, que empezó con el bombardeo de Israel a Irán, arrasando instalaciones donde se trabajaba en energía nuclear, infraestructura, ciudades y asesinando a jefes militares, científicos y sus familias. Luego vino la respuesta iraní con misiles y drones. Se multiplican los muertos en Irán y en Israel.
Benjamín Netanyahu, el primer ministro israelí de ultraderecha, dijo que era un bombardeo “preventivo” y amenazó con asesinar a más líderes iraníes. Israel dice que Irán estaba por desarrollar armas nucleares y que no podía permitir eso. Irán ha negado siempre esa acusación y dice que su programa nuclear es pacífico. Las inspecciones internacionales, en todo caso, señalan que, aún en la hipótesis no demostrada de que buscara desarrollar un arma nuclear, a Irán le falta mucho para poder lograrlo.
La realidad es que el único país de la región que tiene armas nucleares es Israel, que además nunca firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear y no está sometido a ninguna inspección internacional. Irán si es firmante del tratado.
La realidad es que el genocidio en Gaza sigue en toda la línea. Que Israel no ha detenido su agresión contra el pueblo palestino mientras bombardea Irán. Al contrario, lo ha intensificado.
La realidad es que miles de niñas y niños palestinos están al borde de la muerte por hambre y falta de medicinas y también por las balas y las bombas israelíes.
La realidad es que, en Gaza, Israel sigue aplicando su política colonialista y de limpieza étnica que lleva más de 70 años, que como dijimos, pero es necesario repetir, implicó la invasión y el desplazamiento de 700 mil palestinos en 1947; otra guerra en 1967, con el desplazamiento de 300 mil palestinos más, condenados desde entonces a vivir en campos de refugiados o donde pudieran; la represión a las dos Intifadas, la de 1987 y la de los años 2000; que sigue la política de ocupación ilegal con colonos de las casas y tierras palestinas.
La realidad es que cuando estaba más aislado a nivel internacional, porque crecía la movilización y la solidaridad con Palestina, porque la OIT aprobó el ingreso de Palestina como Estado, porque la Asamblea General de la ONU aprobó una moción de apoyo a Palestina por amplísima mayoría, porque paises europeos comenzaban a hablar de sanciones y porque en el propio Israel crecía el cuestionamiento en contra de la barbarie en Gaza, el gobierno ultraderechista de Netanyahu lanzó el ataque contra Irán.
Por eso vale y mucho la movilización de este martes y todas las que se puedan hacer. Tenemos que levantar la denuncia y nuestra voz.
Hay que denunciar el genocidio, denunciar la ocupación, denunciar el cinismo y las maniobras.
Es imprescindible lograr el alto al fuego; el ingreso inmediato de ayuda humanitaria, sin restricciones y con supervisión de organismos internacionales y la construcción de una paz duradera, con el reconocimiento de dos Estados.
No hay que permitir que silencien el sufrimiento del pueblo palestino. Es una cuestión de humanidad. Hablamos de la humanidad de las y los palestinos y de la nuestra.






















