En las turbulentas aguas de la política estadounidense, pocas figuras representan con tanta fidelidad la podredumbre del lobby anticubano como Mauricio Claver-Carone. No es un diplomático, no es un ideólogo, no es un defensor de libertades. Es un mercenario de la política, un hombre que ha hecho de la hostilidad contra Cuba su único activo negociable.
El negocio del odio
Antes de ser funcionario, Claver-Carone fue lobista. Y no un lobista cualquiera: operó durante años para el US-Cuba Democracy PAC, la maquinaria financiera que nutre las campañas de los políticos más extremistas de Miami. Es decir, se forró promoviendo el bloqueo, las sanciones y la guerra económica contra su propio país de origen, mucho antes de que ningún cargo oficial le diera legitimidad.
¿Qué clase de persona convierte el sufrimiento de su propia sangre en un negocio rentable? Esa es la pregunta que debería hacerse cualquier cubano de a pie cuando escuche su nombre. Claver-Carone no defiende a Cuba; la explota. No busca liberar; busca lucrar.
El expediente que no cierra
Luego vino el ascenso. Trump lo colocó al frente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y Claver-Carone hizo lo que mejor sabe hacer: abusar del poder. Fue destituido por mantener una relación amorosa con una subordinada a la que benefició económicamente, aumentándole el salario en más de 133.000 dólares en menos de un año. La Asamblea de Gobernadores del BID votó casi por unanimidad su salida. Expulsado con vergüenza de un organismo multilateral, este es el «arquitecto» que hoy diseña la política de asfixia contra Cuba.
El gobierno cubano lo ha calificado con razón de «filibustero» y «enemigo de América». Y no es para menos: sus más de 200 medidas coercitivas buscaron provocar el colapso de la isla entre 2018 y 2021. No lo lograron, pero sí causaron enorme sufrimiento gratuito e inmerecido que aún perdura, además del mayor flujo migratorio de nuestra historia.
La hipocresía del migrante que olvidó
Claver-Carone es hijo de madre cubana y padre español. Creció entre Madrid y Miami, conoció el desarraigo y el exilio. Sin embargo, en lugar de tender puentes para que los cubanos de hoy no tengan que pasar por lo que pasó su familia, ha dedicado su vida a cavar trincheras.
Es el clásico caso del migrante que, una vez a salvo, decide patear la escalera para que nadie más pueda subir. Es el que, habiendo conocido el dolor de la maleta, se convierte en el verdugo que aprieta la garganta de los que se quedaron. ¿Acaso su familia migró para que él se convirtiera en el principal artífice de la asfixia que hoy fuerza a miles de cubanos a hacer lo mismo?
Cubano de a pie, no te dejes engañar
Este señor no es tu salvador. Es el mismo tipo de corrupto que critica a los gobiernos latinoamericanos mientras él robaba en el BID. Es el lobista que convirtió el odio en negocio. Es el hijo de migrantes que olvidó su origen para abrazar al imperio.
La historia —esa maestra que no suspende— muestra una verdad incómoda: no hay odio simétrico cuando un lado lleva la razón de siglos y el otro la consigna del amo. Claver-Carone representa esa consigna. Cuba resiste a pesar de él, no por él.
Ángel González
Fuente: Razones de Cuba






















