Por Daniel Dalmao (*)
Se viene anunciando que los Estados Unidos (EEUU) e Irán habrían llegado un acuerdo para terminar con la guerra. En realidad lo que se estaría firmando hoy viernes, día que sale EL POPULAR, es un “Memorando de entendimiento”. Los contenidos de este memorando no han sido explicitados en su totalidad al momento que estamos escribiendo esta columna (miércoles).
Sí ha trascendido que comenzaría por la apertura del Estrecho de Ormuz y el levantamiento del bloqueo de los puertos del sur de Irán por parte de los EEUU y un alto el fuego por 60 días, período en el cual se estudiarían el programa nuclear de Irán (el país persa renunciaría a tener la bomba atómica), el levantamiento de las sanciones impuestas a dicho país y la liberación de fondos iraníes congelados (esto es un eufemismo para decir que los EEUU y otros deberán devolver la plata de los iraníes que ellos capturaron ilegalmente).
Como es sabido, las negociaciones han contado con la mediación de Pakistán al que se ha sumado Catar y muy probablemente hayan sido impulsadas y monitoreadas discretamente por China. Se ha definido además que la firma se haga en Ginebra, Suiza.
Recordamos a los lectores que, esta guerra fue comenzada por EEUU e Israel el 28 de febrero pasado bombardeando a Irán. Ese día se conoció que uno de los blancos elegido para bombardear fue una escuela de niñas matando a más de 160 alumnas. ¿Qué fin, que objetivo geopolítico puede justificar esta matanza de niñas inocentes?
A partir del 2 de marzo, además, Israel comenzó a bombardear Líbano, su vecino país al norte. En un informe de “Human Rigths Watch” (11 de junio) se lee: “Los asesinatos de civiles por parte de Israel y el desplazamiento de cientos de miles de civiles libaneses han continuado sin cesar, a pesar de la declaración de alto el fuego entre Israel y Hezbolá el 17 de abril…Desde la escalada de hostilidades el 2 de marzo, los ataques israelíes han causado la muerte de al menos 3711 personas en Líbano, entre ellas 132 trabajadores sanitarios y 247 niños, según el Ministerio de Salud libanés”. Todo esto sin contar los crímenes que viene cometiendo Israel desde el 7 de octubre de 2023.
Creemos conveniente recordar también los objetivos que Trump se propuso al comenzar esta nueva guerra, según sus propias declaraciones: Terminar con el régimen iraní (es decir cambiar composición y tipo de gobierno), en este sentido hizo un llamamiento al pueblo iraní a la rebelión una vez que terminaran los bombardeos y más tarde exigió la rendición incondicional del gobierno; impedir que Irán tenga la bomba atómica; destruir los misiles balísticos, los drones y arrasar con la industria misilística iraní; aniquilar la armada de Irán y frenar el apoyo a las milicias de la región como Hezbolá.
Teniendo en cuenta que Irán ya había declarado que no pretendía tener la bomba atómica, es fácil concluir que Trump no consiguió ninguno de esos objetivos y que Irán es el que sale fortalecido a pesar de los inmensos daños sufridos y por tanto que esta es una nueva derrota del imperio norteamericano, como en Vietnam, en Irak y en Afganistán.
El economista y profesor universitario estadounidense Jeffrey Sachs dijo en el programa de Gleen Diessen (youtube) que: “Esta guerra no consiguió absolutamente nada, no sirvió para nada, fue una estupidez. Fue una operación del MOSAD (servicio de inteligencia israelí) vendida a EEUU, mató a miles, causó muchísimo daño”.
¿Por qué entonces el gobierno estadounidense se habrá embarcado en esta aventura desastrosa? Parece ser otro manotazo de ahogado ante lo que consideran su mala situación nacional e internacional. Su declive, como tanta veces se ha dicho ya, es notorio; su desesperación ante la amenaza de pérdida de la hegemonía mundial también. Otro mundo está surgiendo y no es el que ellos quieren. Emergen otras potencias, el caso de China es el más significativo, que ya lo superan en muchos aspectos, comercial, industrial, tecnológico, en investigación, en formación de científicos y profesionales, etc. Y obviamente, en ese mundo hacia el cual vamos no habrá hegemonía norteamericana.
De ahí que la “Estrategia de Seguridad Nacional” adoptada para este período por el gobierno Trump y dada a conocer en noviembre del año pasado, haya resuelto hacerse fuerte en lo que consideran “su” Hemisferio, el Hemisferio Occidental (HO), es decir, nuestra América Latina y el Caribe. Por tanto, también deciden renovar la Doctrina Monroe (América para los estadounidenses) y producto de su megalomanía, el presidente la denomina “Doctrina Donroe”.
En ese marco, el despliegue militar en el mar Caribe y el océano Pacífico, los bombardeos a lanchas matando a más de 100 personas sin mostrar prueba ninguna de que hayan cometido algún delito; las interferencias en las situaciones internas de varios países acusando a varios presidentes de promover el narcotráfico, ayudando a otros a ganar elecciones y tratando de incidir en las decisiones de la Justicia de estados soberanos; imponiendo aranceles excesivos como forma de presionar; liberando a un ex presidente preso en EEUU por introducir drogas, en el medio del proceso electoral en el país de origen y logrando imponer allí a un candidato de ultraderecha del mismo partido que el indultado y, quizá lo más grave hasta ahora, bombardeando a Venezuela para secuestrar a su presidente dejando un número superior a 100 muertos producto de esa agresión ilegal. Mención aparte, por la crueldad de la acción, el recrudecimiento del brutal bloqueo a Cuba provocando enormes sufrimientos a su pueblo intentando doblegar de esa manera a la heroica Revolución, amenazando además un día sí y otro también con la agresión militar.
Lamentablemente el presidente Trump no está solo en el continente, cuenta con un grupo de admiradores incondicionales que aspiran a ser como él, a contar con su bendición. Tenemos ahí a los presidentes Milei de Argentina, Kast de Chile, Noboa de Ecuador, Bukele de El Salvador y así hasta llegar a 12 que son los que fundaron junto al yanqui el “Escudo de las Américas”. También están en ese grupo el ex presidente de Brasil, Bolsonaro, preso por intentar dar un golpe de estado y aspirantes a presidente como Keiko Fujimori de Perú y Abelardo De la Espriella de Colombia. Todos ellos, y ellas, dispuestos a hacerle los mandados a Trump, a entregar los recursos naturales de sus respectivos países, a aplicar políticas alineadas a los intereses del norte aunque eso suponga penurias para las grandes mayorías populares.
Frente a esta caterva conservadora y ultraderechista que pretende hegemonizar al continente tenemos por un lado, a presidentes de izquierda como Claudia Sheimbaun de México, Lula Da Silva de Brasil, Gustavo Petro de Colombia y Yamandú Orsi de Uruguay que pretenden transitar junto a sus pueblos por caminos de independencia y soberanía. También incluimos de este lado de la lucha a los pueblos cubano, venezolano y nicaragüense.
Por otro lado, en los países donde las presidencias están en mano de la derecha y/o ultraderecha, son los pueblos movilizados los que se ponen a la cabeza de la resistencia. Es el caso de Argentina y sus multitudinarias movilizaciones en defensa de las universidades públicas, de los jubilados y las discapacidades; de Bolivia donde trabajadores, campesinos y pueblos originarios llevan más de un mes movilizados y exigiendo la renuncia del presidente Paz; de Chile, donde Kast a pocos meses de asumir la presidencia ya enfrenta grandes movilizaciones populares y ve caer rápidamente su imagen y tantos otros casos.
Es que, América Latina y el Caribe, como el mundo todo, está en disputa. La lucha de los pueblos, más temprano que tarde, sabrá decantar en su favor esa disputa.
(*) Comisión de Relaciones Internacionales del PCU.





















