Por Daniel Dalmao (*)
Los movimientos de ultraderecha surgidos en los últimos tiempos en nuestro continente americano y sus dirigentes actuando en oposición o en el gobierno tienen rasgos o características diferentes pero también otros que les son comunes. La figura central aquí es el presidente de los Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, los demás se aglutinan en torno a él, le muestran su devoción y admiración así como se esfuerzan continuamente para obtener su aprobación. Cuando están en el gobierno dirigen las medidas que toman hacia los senderos que caen dentro del “campo visual” del norteamericano. Es decir, alinean sus políticas a lo que Trump considere funcional a su sueño de “hacer grande nuevamente a América” (a los EEUU en realidad).
Hoy vamos a detenernos en nuestros vecinos y hermanos países Argentina y Brasil. El primero tiene actualmente un gobierno de signo ultraderechista, el otro lo tuvo anteriormente. Particularmente vamos a considerar un aspecto común a ambos: los casos de corrupción o delictivos a los que se les asocia.
En Brasil tenemos a Jair Bolsonaro, ex presidente, condenado a 27 años de prisión por comandar un intento de golpe de Estado el 8 de enero de 2023, una semana después de que Lula Da Silva asumiera su tercer mandato. La Justicia brasileña lo inhabilitó para ocupar cargos públicos, por tanto no puede ser candidato en las elecciones de octubre próximo. En su lugar el que va a competir con Lula por la presidencia es uno de sus hijos, Flavio Bolsonaro. Pero, este “heredero” del líder de la ultraderecha brasileña también está señalado por varios casos de corrupción. Algunos de ellos vienen de su etapa de diputado estadual en Río de Janeiro y otros son más actuales como el que lo vincula con Vorcaro del Banco Master, preso por estafa millonaria.
Argentina tiene -padece- desde diciembre de 2023 un gobierno de ultraderecha encabezado por el “libertario” Javier Milei. Este gobierno y la fuerza política creada en torno al presidente, “La Libertad Avanza” (LLA), han transitado prácticamente desde el inicio del período por caminos plagados de denuncias por corrupción. Es imposible soslayar aquí que el ascenso de este personaje auto-apodado el “león” fue fabricado con un discurso muy fuerte contra la corrupción de lo que llaman la “casta”. Venían para cambiar todo, para destruir el Estado desde adentro, para terminar con las políticas sociales “empobrecedoras” y, nada menos, para hacer de Argentina una potencia mundial. Hasta se lo escuchó decir a Milei que iba a “hacer grande a Argentina nuevamente” copiando, sin “ruborizarse” para nada, la conocida frase y eslogan del presidente yanqui.
A poco de comenzar a andar el gobierno libertario se vio enredado entre denuncias y debates a medida que se conocían hechos factibles de ser tildados de corrupción. Estos hechos involucraban a funcionarios y amigos del presidente, a su hermana y también al propio Milei. Al inicio fue la ANDIS (Agencia Nacional de Discapacidad) cuando se conocieron audios del director de dicha agencia, el amigo y abogado personal de Milei, Diego Spagnuolo. Aquí se hablaba de coimas del 8% que supuestamente se cobraban en las compras de medicamentos a la droguería Suizo Argentina y que parte de eso iría para Karina Milei (el famoso ya 3%).
También el Ministerio de Capital Humano fue denunciado, en este caso por retención de alimentos en galpones cuando la pobreza alcanzaba altos índices. La lista sigue, y es larga, pasando por el ex diputado Espert quien debió bajarse de la lista de diputados por la Provincia de Buenos Aires, que encabezaba, al ser denunciado por vínculos con el narcotráfico; préstamos de privilegio del Banco Nación a altos funcionarios y legisladores del gobierno; por el caso $Libra, la criptomoneda promocionada por el presidente y que resultó en una millonaria estafa perjudicando a miles que creyeron en el consejo del libertario; y en los últimos meses la “estrella” ha sido Manuel Adorni y su, no justificado aún, enriquecimiento ilícito.
Adorni se desempeñó primero como vocero presidencial, desde allí además de su función cumplió con un rol mordaz y confrontativo con la oposición, el año pasado resultó electo diputado por buenos Aires y luego pasó a ocupar el cargo de Jefe de Gabinete de Ministros al que recientemente se vio obligado a renunciar. En una nota del diario argentino Página12 del domingo 28 de junio se afirma que: “Manuel Adorni mintió hasta el final. Su última acción como jefe de Gabinete fue consecuente con su desempeño en la gestión. Acorralado por las denuncias de enriquecimiento ilícito y las exigencias para removerlo, anunció que-en contra de los deseos de Javier Milei-presentaba su renuncia. Alegó que daba un paso al costado para “proteger a su familia” de los “ataques mediáticos”. Lo cierto es que lo echaron porque su situación política y judicial era insostenible. El avance de la investigación en Comodoro Py (sede judicial) por su inconsistente crecimiento patrimonial y la creciente presión en el Congreso para expulsarlo sentenciaron su bochornoso desenlace”. Más adelante leemos en la misma nota: “Fueron más de cien días en los que el oficialismo perdió la agenda pública y la discusión quedó absorbida por las nuevas propiedades del funcionario, sus viajes de lujo al exterior y los gastos exorbitantes que no sintonizan con sus declaraciones juradas. La crisis fue tal que el vocero se llamó a un silencio prolongado. Se suspendieron las conferencias de prensa hasta encontrar a su reemplazante, Adrián Ravier”.
Respecto al nuevo vocero presidencial sabemos que hasta ahora venía ocupando una banca de diputado nacional de LLA por La Pampa y que anteriormente había estado bajo el ala de Macri.
Según la publicación digital Nuestra Propuesta (26 de junio), en 2018 Milei escribía en sus redes: “Siempre sostuve que Ravier era un imbécil total. Además es un chanta que habla de Keynes sin leerlo”. En cuanto a la responsabilidad como Jefe del Gabinete, para reemplazar a Adorni Milei recurrió al Ministro del Interior Diego Santilli quien también proviene del macrismo.
Volviendo a Brasil, vemos una editorial del portal Vermelho del 12/06 bajo el título: “Presidente Lula avanza y candidato de Donald Trump retrocede”. Esta editorial dice que una reciente encuesta de Genial/Quaest “muestra con nitidez los factores que contribuyeron a la tendencia de crecimiento de la preferencia de los electores por la candidatura del presidente Luiz Inácio Lula Da Silva y de la caída de Flavio Bolsonaro. El sondeo muestra que Lula lidera con el 44% en segunda ronda, contra el 38% del candidato de extrema derecha”. Este portal brasileño indica que, según la encuesta señalada la caída de Bolsonaro se debe a la divulgación del hecho de que habría recibido dinero del banquero preso y a su sumisión al presidente norteamericano en contra de los intereses de su propio país. Por otro lado, entre las fortalezas de Lula se encuentran su actitud firme en la defensa de la soberanía de Brasil, su valiente postura frente a la prepotencia de Donald Trump, el exonerar del impuesto a la renta a aquellos que ganan menos de cinco mil reales y el impulsar la reducción de la carga semanal de horas de trabajo sin pérdida de salario y las medidas tomadas para disminuir la inseguridad.
Tenemos entonces en nuestros países vecinos a dos movimientos políticos pertenecientes a la misma familia, la de las extremas derechas o radicales. Comparten, entre otras muchas cosas, la misma sombra, la de la corrupción. Quizá en otro momento podríamos incorporar a este análisis los casi innumerables casos que ocurrieron aquí en nuestro país durante el anterior gobierno, el de la coalición multicolor de derecha.
Hechos estos todos cometidos siempre en el “nombre de la patria”. De ahí el recuerdo a la frase del poeta español Antonio Machado: “En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo la compra con su sangre y la salva”.
(*) Comisión de Relaciones Internacionales del PCU.






















