Por Daniel Dalmao (*)
El domingo 4 de octubre Brasil elige presidente. La campaña electoral tiene una duración formal de 45 días, pero desde el pasado lunes 20 los partidos políticos pueden hacer sus congresos para deliberar sobre coaliciones y federaciones electorales y elegir sus candidatos con plazo hasta el 5 de agosto.
Además de elegir presidente y vice los brasileros estarán definiendo gobernador/vice gobernador estaduales, todos los diputados nacionales (513), dos tercios de los senadores (54 de 81, el resto se elige en 2030) y los legislativos estaduales. A cada Estado (26) y al Distrito Federal (Brasilia) le corresponden tres senadores y un número de diputados proporcional a su población. Todos estos cargos tienen una duración de cuatro años a excepción de los senadores que duran ocho años.
El número de habilitados para estas elecciones es 158,7 millones de votantes (2,3 millones más que en 2022). El votante brasilero elige nombres (con un número) no listas; por tanto podría estar eligiendo presidente de un partido, senador de otro y diputado de otro partido. Se suman los votos de los candidatos a diputado de cada partido para saber cuántas bancas le toca a cada uno, resultando electos los más votados. El voto es electrónico. Los gobiernos de los 5570 municipios, alcaldes (prefeitos) y concejales (vereadores) se elegirán en 2028.
En cuanto a las elecciones presidenciales, las encuestas vienen mostrando un escenario favorable al actual presidente Luiz Inacio-Lula-Da Silva. El portal Brasil247 dio a conocer el 15 de Julio una encuesta de la prestigiosa Genial/Quaest: “El presidente Lula amplió la ventaja sobre el senador Flávio Bolsonaro en una eventual disputa de segunda vuelta por la Presidencia. Lula aparece con 45% de las intenciones de voto, contra 37% del candidato del Partido Liberal”… “Según este relevamiento el 14% de los entrevistados afirmaron que votarían en blanco, anulado o no concurrirían a las urnas. Otros 4% permanecen indecisos”… “La diferencia crece de 6 a 8 puntos…En junio, el presidente tenía 44% de las intenciones de voto, en tanto Flávio Bolsonaro registraba 38%”.
“La serie histórica muestra un cambio en el escenario desde abril, cuando Flávio Bolsonaro aparecía numéricamente adelante, con 42% ante 40% de Lula. El presidente retomó el liderazgo en mayo, con 42% contra 41%, y amplió la diferencia en los dos relevamientos siguientes”.
En cuanto a la primera vuelta: “El presidente Lula lidera con 40%, en tanto Flávio Bolsonaro tiene 28%, una diferencia de 12 puntos porcentuales”. Otros candidatos aparecen muy lejos con menos de 4% o no marcando.
Por regiones, Lula tiene mayor ventaja en el Nordeste y Bolsonaro en el Sur. Entre los hombres la ventaja es para Lula aunque entre las mujeres es más amplia la diferencia (38% a 25%). por faja etaria Lula lidera ampliamente entre los votantes mayores de 60 años (48% a 27%) mientras que Bolsonaro lo hace entre los votantes más jóvenes, de 16 a 34 años (34% a 30%).
Entre los militantes por la candidatura de Lula prima la confianza en lograr el triunfo aunque son conscientes de las dificultades y los desafíos que deberán enfrentar en esta batalla electoral.
Destacan como hechos que están incidiendo negativamente en la imagen del candidato de ultraderecha, entre otros, los que lo vinculan con personajes que están presos por corrupción y su actitud de sumisión hacia el presidente estadounidense Donald Trump.
Respecto a este último aspecto es notoria la actitud entreguista del hijo del ex presidente, la que se refleja en los pedidos de intervención militar para, supuestamente, combatir el “narcoterrorismo” y su complacencia con los aumentos de tarifas comerciales.
Frente a estos hechos resalta la actitud por demás digna del presidente Lula, parándose firme ante la prepotencia del presidente yanqui, ya sea desmintiendo las acusaciones de tener una actitud desleal en el relacionamiento entre Brasil y los Estados Unidos (EEUU) como en la defensa de la soberanía de su país.
El Portal Vermelho publicó el 17 de julio un editorial titulado “Gobierno Lula defiende a Brasil contra el tarifazo Trump-Bolsonaro”. Desarrollaremos a continuación algunos tramos de dicho editorial.
“El gobierno de Donald Trump, de los Estados Unidos, oficializó la tarifa de 25% sobre productos brasileros, que entrará en vigor el 22 de julio, en un anuncio cargado de hostilidades. Es preciso recordar que el itinerario de esa decisión contó con la participación del candidato a presidente de la extrema derecha, Flávio Bolsonaro, que estuvo en la Casa Blanca con Trump, acompañado de su hermano Eduardo (prófugo de la justicia brasilera), el 26 de mayo de 2026, y, más recientemente, el 7 de julio, en la oficina del Representante de Comercio de los EEUU, cuando solamente él, entre decenas que usaron la palabra, no presentó oposición a las tarifas”… “Una nota de la Secretaría de Comunicación de la Presidencia afirmó que “el día 15 de julio de 2026 pasará para la historia de las relaciones entre Brasil y EEUU como un marco lamentable. No hay justificación para medidas unilaterales contra nuestro país. Según las estadísticas del propio gobierno norteamericano, los EEUU acumularon en los últimos 15 años 424,5 billones de dólares en superávit de bienes y servicios con Brasil”, destaca. De acuerdo con la nota, “el gobierno de Brasil seguirá adoptando medidas para reducir los daños causados a la economía y a la renta de los brasileños”.
“Continuaremos diversificando acuerdos comerciales y abriendo nuevos mercados para nuestros productos, como hicimos al firmar acuerdos del Mercosur con la Unión Europea, la Asociación Europea de Libre comercio y Singapur. Por medio del Plan Brasil Soberano mantendremos medidas de protección a los sectores afectados por tarifas ilegales y arbitrariamente impuestas por el gobierno de los EEUU, preservando empleos y la capacidad productiva nacional”. El gobierno brasilero aseveró también que accionará la Ley de Reciprocidad.
Efectivamente, en estos días se conocieron datos oficiales que dan cuenta de resultados auspiciosos de la activa política del gobierno de Lula buscando nuevos mercados. Comparando lo que disminuyó el comercio con los EEUU como consecuencia de estas restricciones con lo que aumentó hacia otros mercados da una proporción favorable de 1 a 6. Por tanto, el pararse firme ante la prepotencia yanqui y buscar activamente nuevos horizontes comerciales ha dado sus buenos frutos.
El panorama que describimos más arriba parece vislumbrar un escenario auspicioso para la continuidad de un gobierno de izquierda en Brasil encabezado nuevamente por Lula Da Silva. Pero, faltan 70 días aún y el “diablo” puede, mejor dicho, va a meter la cola o, hablando más precisamente, “seguirá” metiendo la cola. Así lo demuestra la historia más reciente.
Desde que Trump asumió por segunda vez la presidencia de su país, mucho ha sido el dolor causado a los habitantes de buena parte de este mundo. Bombardeó lanchas en el Caribe y en el Pacifico causando muertes sin justificación alguna, bombardeó también a Venezuela matando civiles y militares y secuestrando ilegalmente al presidente Maduro y a su esposa; agredió el año pasado y está agrediendo ahora a Irán conjuntamente con su socio, el gobierno sionista de Israel. En materia electoral, es larga ya la lista de intervenciones en países de nuestro continente y le ha ido bien, para sus intereses. El más reciente fue Colombia, Trump dijo al respecto: “estaba (por De la Espriella) en el décimo lugar, lo apoyé y ganó”.
Ahora no solo es Trump quien hace ese trabajo, varios presidentes de la región que se “miran” en él y quieren complacerlo siempre lo hacen gustosamente. Fue el caso de Noboa, presidente de Ecuador, quien impuso altos aranceles a mercaderías colombianas y apoyó descaradamente al candidato de ultraderecha en ese país. Milei hace lo propio con Brasil apoyando al ultraderechista Bolsonaro.























