Presidente de Burkina Faso, Ibrahim Traoré. Foto Agencias.

Burkina Faso: Sankara, Traoré y la nueva ola panafricanista

Por Pablo Romano

Cuando tenía apenas 33 años, Thomas Sankara tomó el poder en un pequeño país africano llamado Alto Volta, y cambió su nombre por Burkina Faso, que en las lenguas locales significa «la tierra de las personas íntegras». Corría el año 1983 y la gran mayoría de la población, cansada de la corrupción, apoyaba al joven militar que prometía romper con la humillante dependencia hacia la ex metrópoli, Francia. 

La primera revolución burkinesa

En poco más de 4 años, el nuevo gobierno llevó a cabo varias transformaciones. Thomas Sankara, apodado «el Che Guevara africano», promovió una «revolución democrática y popular», fortaleciendo la educación y la salud pública en todos los niveles, desarrollando la economía y potenciando la agricultura familiar. En solo 3 años se logró la soberanía alimentaria mediante una profunda reforma agraria. También se redujo la deuda externa y se nacionalizaron los valiosos recursos mineros para ganar soberanía e impulsar el desarrollo. 

A nivel social, el Estado burkinés impulsó una agenda feminista novedosa para el continente: nombró cuatro mujeres como ministras y prohibió la ablación, el matrimonio forzado y la poligamia. Otros cambios importantes fueron el desarrollo intensivo de la infraestructura de transporte, salud y vivienda, y el aumento de la tasa de alfabetización del 13% al 73%.

Sin embargo, el proceso socialista de Sankara fue interrumpido en octubre de 1987 por un golpe militar apoyado por la Francia de Miterrand. Unos días antes de ser ejecutado, Thomas Sankara dijo: «aunque los revolucionarios, como individuos, puedan ser asesinados, nunca se podrán matar sus ideas». 

No se pueden matar las ideas

Blaise Compaoré, amigo y mano derecha de Sankara, derribó al gobierno con el apoyo de París y asesinó al líder revolucionario. En seguida, el nuevo régimen deshizo las políticas sociales de su antecesor y revocó las nacionalizaciones de los recursos mineros. 

Compaoré fue un títere de Francia y Estados Unidos, y la corrupción lo enriqueció mientras el país se convertía en uno de los más pobres del mundo. Su dictadura duró 27 años, pero en 2014 una serie de protestas callejeras masivas provocó la caída del gobierno y la huida del traidor hacia Costa de Marfil. 

El levantamiento popular, liderado por la juventud del país y con referencias a Sankara, dio lugar a una serie de golpes y contragolpes de Estado que terminaron con la asunción del capitán Ibraim Traoré en 2022. El país se encontraba sumido en la corrupción, la pobreza y la inseguridad, con alrededor del 60% del territorio controlado por grupos terroristas ligados a Al-Qaeda y el Estado Islámico. Estos grupos venían siendo combatidos con ayuda del ejército francés, pero muchos afirman que en realidad eran los países occidentales los que armaban y entrenaban a los extremistas. 

La violencia terrorista dejó un saldo de 2 millones de desplazados y unos 20.000 muertos. El panorama comenzó a mejorar con Traoré, que expulsó a las tropas francesas y pidió la ayuda de Rusia para combatir a los yihadistas. Desde entonces, el control territorial del Estado burkinés se duplicó, llegando al 80%. 

En muchos aspectos políticos y sociales, Traoré es considerado el sucesor de Sankara. Como dijo el líder de los años 80, las ideas revolucionarias no mueren, aunque maten a los dirigentes.

La segunda revolución burkinesa

Antes de ser militar, Ibrahim Traoré se graduó de geólogo en la Universidad estatal de Ougadugou, la capital. Sus investigaciones sobre la industrialización del oro fueron el preludio de sus políticas actuales: al poco tiempo de asumir, impulsó la nacionalización de minas y prohibió la exportación del mineral en bruto para fomentar un proceso local de refinación. El oro representa casi tres cuartas partes de las exportaciones de Burkina Faso, por lo que su control es clave. Antes, diferentes mineras extranjeras se llevaban el recurso sin procesar, dejando pocas ganancias al país. Hoy está más diversificada su explotación y el país tiene minas propias e industrialización, lo que le ha permitido aumentar sus reservas estatales de lingotes de oro.

Siguiendo el legado de Sankara, Traoré impulsó la agricultura y la producción de alimentos. En primer lugar, se repartieron tierras expropiadas a empresas francesas y se apoyó a miles de familias con capacitación, herramientas, semillas, fertilizantes y tractores subsidiados. También se desincentivó la importación de productos agrícolas para proteger a los campesinos locales. Como resultado, entre 2023 y 2024 aumentó un 15% la producción de mijo y sorgo, un 40% la producción de tomate y se redujo en un 30% la importación de arroz. Además, se crearon empresas para industrializar alimentos y se desarrollaron, con apoyo ruso, turco y chino, proyectos para mejorar la producción, envasado, conservación y exportación de productos del campo. Como resultado, en solo un año se logró sacar a 700.000 personas de la pobreza extrema y casi se duplicó la tasa de crecimiento del PBI. 

Un desafío del sector rural es el terrorismo, ya que los yihadistas suelen atacar pueblos, bloquear carreteras, quemar cultivos y robar ganado, sobre todo en el norte del país. Por eso el gobierno intensifica la lucha contra los extremistas, con la ayuda de países vecinos. 

El gobierno burkinés está también desarrollando fuertemente la infraestructura, la salud y la educación. Se compró parte del puerto de Tema en Ghana, para canalizar las exportaciones del país (sin acceso directo al mar). Se están construyendo miles de kilómetros de carreteras, se fundan hospitales, se reabren escuelas en territorios recuperados y se incentiva la enseñanza en lenguas locales. Además, varios medicamentos esenciales ahora son gratuitos. En cuanto a la cobertura de electricidad, el gobierno de Traoré la duplicó entre 2022 y 2025; hoy llega al 50% del país. 

En términos de revisionismo histórico, se reintrodujo en la educación pública el estudio de Sankara y sus ideas antiimperialistas. En algunos lugares públicos se están reemplazando nombres franceses por africanos: la Avenida Charles de Gaulle de la capital ahora se llama Avenida Thomas Sankara, y otras calles o plazas importantes recibieron los nombres de Lumumba, Touré y Nkrumah, líderes panafricanistas históricos de Congo, Guinea y Ghana, respectivamente. 

En asuntos internacionales, Burkina Faso diversificó sus relaciones, alejándose cada vez más de Francia y Estados Unidos para acercarse a Rusia, China y otras naciones del Sur Global. El país también rompió relaciones con Israel, en apoyo a Palestina. 

Ibrahim Traoré creó, junto a los líderes de Malí y Níger, la Alianza de Estados del Sahel (AES) en 2023, con el fin de combatir enemigos comunes como el yihadismo islamista y el colonialismo francés. Juntos, estos países planean crear una moneda soberana, ya que al igual que otros 11 países africanos, su moneda es controlada por París. 

Resistencia y ejemplo

Ibrahim Traoré ha sorteado varios planes de derrocamiento e intentos de asesinato. Claramente, sus políticas y discursos han generado malestar en Francia y otros países occidentales, que intentan derribarlo como hicieron con Sankara. 

Pero Burkina Faso es nuevamente una inspiración para los jóvenes de África y el ejemplo se expande: Malí, Níger, República Centroafricana, Chad, Sudán y Senegal expulsan a los militares franceses y estadounidenses de sus territorios; Malí y Níger nacionalizan el uranio, el oro, el hierro y el agua, y construyen junto a Burkina la primer central nuclear del continente; Namibia y Botsuana prohíben la exportación de minerales en bruto para industrializarlos; Senegal revisa acuerdos con multinacionales y defiende la creación de una moneda africana.

El tiempo dirá si estamos ante una segunda y definitiva revolución panafricanista, si los pueblos logran resistir los ataques del imperialismo yanqui-europeo para seguir desarrollando sus propios caminos de soberanía, paz y justicia social. 

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