De acuerdo a los datos que recoge el SIPRI sobre gastos militares en el mundo, las evidencias disponibles a la fecha dejan un manto de dudas sobre la transparencia de las informaciones que aportan en ese sentido los diferentes estados.
Uno de los ejemplos, que cita el portal de noticias KaosenlaRed es el de estados Unidos, que no aporta la información referida a” sus gastos en armas nucleares”, en su lugar dichos gastos se trasladan al presupuesto de Industria.
Dicho país no es la excepción, se afirma, ya “que existen considerables dudas y no pocas sospechas sobre las cifras de gasto de múltiples países”.
En ese sentido distingue el caso del gasto español, “que solo se computa una parte”.
A pesar de la visibilidad que se da a los gastos enormes de “Estados Unidos, China y Rusia” y el ascenso observado en el ranquing mundial de otros países como la India o Arabia Saudí”, no se verifica en “medios oficiales ninguna crítica severa a la vuelta de tuerca militarista que sufrimos ni ninguna propuesta de reducción del gasto militar”.
Estos “medios” siquiera mencionan que la ONU que “cuenta con un panel propio (…) ha propuesto la necesidad de reducir el gasto militar y trasvasarlo a fines civiles como condición de posibilidad para un desarrollo justo y equilibrado en el mundo”.
Con los datos aportados por el SIPRI, se agrega en el análisis del medio de prensa, es posible construir un listado de los 20 países de mayor contribución al gasto militar”, lo que permite observar con mayor claridad el panorama mundial.
En esa dirección se observa que “después de EEUU (811.591,2 millones de euros) y China (297.999 millones de euros) no se encuentra Rusia (71.981,1 millones de euros) sino India (80.955,8 millones) y Arabia Saudí (73.041,5 millones), sucedidos “por distintos países de Europa (Reino Unido, Alemania, Francia) cuyo gasto militar, por separado es similar al ruso” y todo ello sin considerar el aporte que brindan a este gasto mundial por otros países, “entre ellos España, que ocupa el 16 lugar del ranking como “país con más gasto militar consignado por SIPRI”.
Este ascenso del gasto militar español, se denuncia, se contrasta “con el mantra de la poca inversión militar española” lo que permitiría decirle a la ministravdel ramo en el país, “que se guarde sus trolas para otros ingenuos, pues es impensable que gastemos poco en armas cuando somos el país 16 que más gasta” en inversiones militares en el mundo.
En el análisis epecificco de la situación española, el analista del medio de prensa se pregunta por el lugar español “en el gasto de educación superior, o en el de ciencia, o en cualquier otro aspecto relacionado con el mejoramiento del ser humano o de la naturaleza?”
“Una interpretación más ajustada”, se detalla, “nos permitiría variar las grandes magnitudes, porque después de EE.UU y China podemos encontrar en bloque los países de la UE cuya suma total de gasto militar alcanza los 267.601 millones de dólares”, una cifra que es calificada como “brutal”.
Cuabdo el análisis del gasto militar sigue la variable de “la orientación política”, lo que se configura es la forma en que se conglomera “el gasto militar de los países de la OTAN, cuya política militar cuenta con despliegues en todos los continentes y océanos”.
Dicha presentación “permite entender por qué una singular serie de países pueden sentir que la OTAN y su política militar, con su enorme inversión y gasto”, constituyen “una amenaza para ellos”.
Permite, además, se continúa explicando, “relativizar y hasta sospechar de la intención de las alertas emocionales con las que nos bombardean nuestros propagandistas militares y sus medios de comunicación acerca de las innumerables amenazas a la seguridad del estilo de vida occidental al que nos someten despiadados y siniestros autócratas mundiales”.
“En realidad”, se subraya, “en lo que se refiere a recursos destinados a gasto corriente, personal, estructuras, logística, tecnología, capacitación, participación en operaciones militares y potencia bélica, ningún país o conjunto de ellos puede desafiar al militarismo de los países socios de la OTAN ni contrarrestar su sinergia”.
Lejos de lo que se afirma, “el enorme militarismo del bloque occidental es uno de los grandes generadores del destino militarista de los recursos, del enorme coste de oportunidad que éste genera, de la inseguridad global y la injusticia del orden internacional mundial que acarrea”.
La informAción procedente de los datos del SIPRI nos permite observar “quiénes fomentan la guerra”, al tiempo que explican “por qué cuando a todas nos va mal a ellos les va tan requetebién y por qué cuando empezamos a salir del bache, nos insaculan el miedo y la inestabilidad como argumentario para incrementar, con el beneplácito servil de las leyes ad hoc que los parlamentos les hacen (o miran para otro lado) para atajar vendiendo armas a troche y moche, en tiempo de paz o de guerra, a todo quisqui que se les ponga en la diana”.
Como ejemplo final de lo anterior, se concluye explicando, alcanza con observar cómo “EEUU y la OTAN superan el 60% del total del negocio de la venta de armas”, indicador que permite “preguntarnos por nuestro militarismo y nuestro papel en la inestabilidad mundial”.




























