Por Rodrigo Gorga (*)
A principios de este mes la Comisión Técnica Asesora (CTA) de AEBU presentó su informe anual sobre el desempeño del sistema financiero en 2025. Los datos, leídos en clave descriptiva, muestran un nuevo crecimiento en el volumen de negocios del sector, medido a través de la suma de créditos y depósitos. Pero el propio informe permite ir un poco más allá, porque el desempeño del sector contrasta con el bajo dinamismo del resto de la economía uruguaya. Un acercamiento a este sector también abre preguntas.
En esa dirección, el volumen total de negocios, medido en dólares, pasó de US$ 50.000 millones en 2020 a superar los US$ 75.000 millones en 2025, lo que representa un aumento del 57%. Este desempeño contrasta con el registrado en el quinquenio anterior, donde el crecimiento fue de apenas 11%.
El crecimiento en los depósitos no se dio de manera uniforme si se considera la separación entre bancos públicos (BROU y BHU) y los bancos privados. Estos últimos mostraron mayor dinamismo tanto en los depósitos en moneda nacional, como aquellos realizados en moneda extranjera. Esta tendencia de menor dinamismo de los bancos públicos respecto a los privados, se arrastra, al menos desde 2016, primer dato disponible que recoge el documento, en particular en lo referente a la moneda local. En el 2016, los depósitos en moneda nacional en bancos públicos representaban 58% del total, reduciéndose a un 47% en el correr de la década. La situación de los depósitos en moneda extranjera se ha mantenido equilibrada en el período, entre públicos y privados. Sin embargo, la foto global no deja de mostrar un proceso de aumento en la participación de la banca privada que, si bien comenzó en 2016, se profundizó en el período 2020–2025.
Siguiendo con esta comparación de la evolución del sistema financiero, según el tipo de propiedad, de los créditos bancarios muestran una foto muy similar a la registrada con los depósitos. Los créditos también crecen durante todo el período, pero no lo hacen todos los bancos a la misma velocidad. El pedazo de la torta que prestan los bancos privados en moneda nacional creció del 40 al 55% en la década. Aunque de forma menos pronunciada, la tendencia se registró en los créditos en moneda extranjera, partiendo ya de una predominancia en el mercado, los bancos privados pasaron del 73 al 78%.
Este crecimiento en el volumen de negocios se tradujo en un aumento de las ganancias de los bancos, que según el informe de la CTA, “se mantienen en niveles históricamente altos”. Los resultados, como se observa en el siguiente gráfico, muestran un gran salto a partir del 2023. El correlato de la pérdida de terreno del sector público en los negocios también llevó a que los bancos privados superaran en ganancias al sector público desde ese mismo año, alcanzando una ganancia de U$S 674 millones, contra los U$S 609 millones que obtuvo el BROU.

Fuente: Comisión Técnica Asesora (2026)
Los datos del informe, por sí solos, no permiten atribuir este cambio de composición a decisiones específicas de política económica. Pero tampoco ocurren en el vacío: dialogan con un clima más amplio, y la proximidad entre la conducción económica y el sistema financiero no resulta, al menos, ajena. Así lo sugiere —entre otros elementos— el pasaje de la exministra de Economía a la gerencia general de un banco privado tras dejar el cargo.
El punto, en todo caso, trasciende nombres propios y hasta gestiones de distinto signo, aunque no todas lo transitan en igual medida. Lo interesante a señalar refiere a una forma de construcción de la política económica donde la cercanía con el sistema financiero aparece no como un problema a discutir, sino como una garantía a exhibir. Y eso, más que una respuesta, abre una pregunta sobre los márgenes de autonomía del sistema político y sobre como las decisiones de política económica terminan desembocando en avances de lo privado sobre lo público.
El asunto es aún más complejo, porque esta realidad de éxito del sistema financiero, liderado por el sistema privado, contrasta con la situación del resto de la economía. Los últimos datos del Banco Central del Uruguay, registraron un crecimiento del Producto Bruto Interno en el 2025 del 1,8%. Más allá de las preocupaciones de este guarismo para las perspectivas de desarrollo del país, un análisis sectorial, muestra un dato que salta a la vista: la actividad económica que mayor crecimiento registró fueron los sectores financieros, con un 4,2% aumento con respecto al 2024. Parece que, una vez más, el derrame —esa promesa recurrente— vuelve a quedar en el terreno de la ilusión.
(*) Economista.






















