Cada vez es más recurrente el discurso anticomunista de la derecha uruguaya para intentar desacreditar el argumento de la oposición política o el de los sectores sociales que cuestionan la política de ajuste que aplica el actual gobierno.
No es una casualidad la puesta en escena del presidente Lacalle Pou en la cumbre de la CELAC realizando señalamientos y denuncias a “regímenes que violan derechos humanos”, mientras en Uruguay aparecían estremecedoras denuncias de torturas, violaciones y secuestros dentro de las cárceles uruguayas.
Tampoco es una casualidad que el ministro Javier García recientemente interpelado, utilizara parte de su intervención para atacar al Partido Comunista y colocar falsedades, una vez más, cuando tenía que responder por la compra de dos aviones Hércules. Antes de estas lamentables afirmaciones del ministro de defensa, el presidente del directorio del Partido Nacional Pablo Iturralde había cargado contra el Frente Amplio diciendo que las interpelaciones respondían a una vieja practica estalinista para evitar ciertos debates.
Otro de los ministros del gobierno, Pablo Da Silveira en su afán de defender la LUC, no tuvo mejor idea que advertir que si se derogan los 135 artículos de la LUC, Uruguay volvería a un régimen soviético en la enseñanza.
Podría seguir colocando más ejemplos de la retórica anticomunista que utilizan sectores de la derecha uruguaya, pero no alcanzaría el espacio de esta nota. Lo importante es intentar analizarlos como parte de una estrategia comunicacional global de la derecha más conservadora y encontrar los puntos de conexión para derrotarla, también globalmente.
La actual ofensiva ideológica y cultural de la derecha es mundial, los ecos que tienen lugar en nuestro país forman parte de esa campaña. La derecha busca matrizar la idea de que el comunismo o el socialismo son opuestos a la libertad y a la democracia. Lo intentan grabar a fuego. Solo basta con repasar las campañas electorales de distintos sectores de la derecha a nivel mundial y se comprobará lo que aquí se afirma. Como se podrá observar, en algunos casos la campaña del miedo ha sido exitosa y en otras ha fracasado.
En esta nueva etapa de la ofensiva, uno de los primeros en lanzar la dicotomía socialismo o libertad, fue Mike Pence, quien fuera el vicepresidente de Donald Trump. En marzo de 2019 en la campaña electoral de los EEUU, el republicano conservador apuntaba contra los demócratas y los movimientos ambientalistas, según él eran la representación del socialismo. Pence dijo que EEUU debía elegir “la libertad por encima del socialismo”. Ganó el demócrata Biden, pero más allá de los rebuscados argumentos de Pence, es dudoso que Norteamérica se haya volcado por una opción de izquierda, mucho menos socialista. También en el 2019, el partido ultraderechista alemán, AfD utilizó como consigna de campaña electoral “libertad o socialismo”.
España es otro de los ejemplos. La campaña de la candidata del PP hacia las elecciones de la comunidad de Madrid en 2021 tuvo como principal consigna “comunismo o libertad”. La derechista Isabel Diaz Ayuso, arrasó en las elecciones madrileñas apelando al miedo como forma de anteponerse a la candidatura de Pablo Iglesias.
Como no podía ser de otra manera, la derecha introdujo estas consignas en los procesos electorales latinoamericanos que tuvieron lugar este año. En Perú el principal argumento para intentar que Pedro Castillo no llegara a la presidencia, fue la de señalarlo como un comunista, además de radical. Keiko Fujimori dijo en más de una oportunidad que Perú se debatía entre ella o el comunismo. Los fogoneros de la división titulaban en los diarios de Lima que la encrucijada era entre “libertad o comunismo”. Hasta el venezolano golpista Leopoldo López dijo en una entrevista al diario El Comercio que Perú estaba ante un dilema. Adivinen los lectores cual era… Sí, “comunismo o libertad”. En este caso el pueblo peruano desoyó las persistentes consignas del conservadurismo.
Chile es otro de los países que se encuentra en medio de un proceso electoral. La derecha y los sectores más conservadores buscaron por todos los medios impedir que Daniel Jadue triunfara en las elecciones primarias de Chile y así transformarse en candidato presidencial para las elecciones de noviembre. El presidente de la UDI Javier Macaya, rumbo a las primarias dijo con toda claridad que “Chile a fin de año deberá elegir entre libertad o comunismo”. Los mensajes anticomunistas fueron brutales.
La campaña política en Argentina tampoco podía quedarse atrás. Florencia Arietto, mano derecha de Patricia Burlich y cercana a Mauricio Macri, había señalado rumbo a las elecciones que “la próxima campaña es entre comunismo y libertad”. Es por todos conocidos que los sectores conservadores de la Argentina intentaron mostrar al gobierno de Alberto Fernández como un gobierno comunista o seguidor de modelos soviéticos. Esto fue muy bien sintetizado por el ultraderechista Milei, quien también incorporó como eje de su campaña la contradicción entre comunismo y libertad, logrando un importante resultado electoral.
Es más que evidente la campaña global del miedo. No hay que tener la bola de cristal para darse cuenta que los ejes mencionados se intensificaran en nuestro país. Hay que prepararse para el aterrizaje forzoso que está teniendo la campaña en Uruguay. El despliegue discursivo de la derecha conservadora seguramente será feroz hacia la próxima instancia de consulta popular, el referéndum por los 135 artículos de la LUC.
Para que triunfe la perspectiva transformadora del pueblo uruguayo, se necesitará de mucho esfuerzo del campo popular, amplitud e inteligencia, mucha batalla política y cultural por abajo, venciendo los cercos mediáticos y las millonarias campañas que apelaran una vez más al miedo como recurso salvador.
Gerardo Núñez






















