El domingo Lula y el pueblo brasileño hicieron historia. En tiempos en que la historia se niega o se banaliza es muy importante asumir cuando realmente se está viviendo un hecho histórico.
La victoria popular en Brasil tiene una enorme importancia, en primer lugar para su pueblo, pero también, y muy relevante, para el continente y para el mundo, por el peso que el país hermano tiene, por qué era lo que estaba enfrente y por todo lo que puso e hizo el imperialismo yanqui para lograr el triunfo de Flavio Bolsonaro. La victoria popular en Brasil, por todas estas razones, tiene dimensión estratégica.
Los números. Empecemos por la dimensión de la victoria. El dirigente obrero metalúrgico se impuso a Flavio Bolsonaro en el balotaje por más de 4 millones de votos. Lula logró 64.256.232 votos (51.79%), contra 59.826.041 (48.21%) de Bolsonaro. Lula logró 10 millones de votos más que en la primera vuelta. Lula será presidente de Brasil por cuarta vez, es el presidente más votado de la historia de ese país. El resultado también es histórico porque nunca quién salió segundo en la primera vuelta había logrado revertir el resultado.
Lula fortaleció su votación en los estados del nordeste, donde se acercó al 70%; ganó Minas Gerais, el segundo estado más poblado del país; recortó significativamente la distancia en San Pablo y otros estados claves, además se redujo la abstención en casi dos puntos porcentuales y bajaron el voto en blanco y los votos nulos.
Las razones de la Virada. Es muy importante intentar, modestamente en esto que es una primera aproximación, incorporar todas las razones de la victoria, mirar toda la cancha, para entender y aprender. Fue decisiva la movilización de la militancia y el protagonismo popular organizado en todas sus formas. Eso que los compañeros brasileños sintetizaron tan bien cuando convocaron a la movilización “en las calles y en las redes”. Hubo una movilización enorme, de millones de personas, organizadas desde lo político y también desde lo social, con un protagonismo juvenil, en particular estudiantil, enorme, que arrancó al otro día de la primera vuelta, al que se sumaron los trabajadores, los campesinos, los movimientos de mujeres, afro y los territoriales. Se realizaron concentraciones de 2 millones de personas en San Pablo y gigantescas en Río y el Nordeste de Brasil. Millones ocuparon la calle y pelearon el voto cara a cara, barrio a barrio. Fue también muy importante la acción desplegada en redes sociales, jugó un gran papel la iniciativa “El ejército de Lula” en WhatsApp, que organizó a más de 10 millones de personas, con militancia digital, pero también alimentando la organización y movilización callejera; la campaña en redes de diputadas jóvenes, que introdujeron temas y lenguajes que llegaron y cubrieron ausencias de la primera vuelta. Fue determinante la estrategia política de la segunda vuelta, con Lula a la ofensiva en temas y en tono del discurso, incluso en los dos debates presidenciales y colocando los temas de la soberanía, la defensa de la democracia y la desigualdad como centros. Pesó mucho Lula como figura política, su liderazgo, su historia, los avances populares durante todos sus gobiernos y también en este. Hubo una construcción muy importante de alianzas políticas que trascendieron largamente al PT y a la izquierda, en particular con gobernadores y figuras estaduales, en lo que jugó un papel relevante el candidato a vicepresidente, Gerardo Alckmin. La acción de gobierno también sumó, se hizo centro en la pobreza y la desigualdad, en las jubilaciones, se concretó la reducción de la jornada laboral y se atacó temas muy sensibles como el consumo y las apuestas y las deudas. Hubo mucha firmeza en el discurso y mucha amplitud en la convocatoria.
Victoria continental. Lula y el pueblo brasileño enfrentaron a la ultraderecha, a la mentira, al poder económico y a la injerencia brutal de Donald Trump y el imperialismo. Enfrentaron a las grandes trasnacionales tecnológicas, a Meta y a Elon Musk. Es que Brasil no es cualquier país, la mitad de la población de América del Sur vive allí, tiene fronteras con todos los países del continente salvo con Chile, tiene enormes recursos naturales, a los que se agregó la recientemente descubierta gran reserva de las estratégicas tierras raras. Brasil es actualmente la 10 economía del mundo, por tamaño del PIB, según estimaciones del FMI en el 2027 sería la 8 economía del mundo. Es integrante y fundador de los BRICS y juega un papel importante en el diálogo con África y en menor medida con Asia; también con la Unión Europea, promovió el acuerdo MERCOSUR-UE, es un jugador global.
La victoria de Lula y el pueblo brasileño es un triunfo de la soberanía ante el imperialismo y su brutal injerencia. Lula lo resumió la noche del triunfo: Brasil no es el patio trasero de nadie. La victoria popular en Brasil rompe con una seguidilla de 12 elecciones en las que ganaron en nuestro continente los candidatos de Trump, con expresiones, además, de ultraderecha política.
Todo eso implica lo ocurrido el domingo. Por eso hay que festejar, como se festejó en las calles y en los barrios pobres de Brasil. Por eso hay que emocionarse con las y los jóvenes desatando su alegría, con las y los ancianos que fueron a votar como pudieron, pero fueron. Vivimos un día histórico, un pueblo organizado y movilizado, encabezado por un obrero metalúrgico, logró ganar las elecciones en el país más grande del continente, derrotando al miedo, al poder de la oligarquía y del imperialismo. No es poca cosa.





















