Por la soberanía de los Pueblos.
Por Daniel Dalmao (*)
La “I Conferencia Internacional Antifascista. Por la soberanía de los pueblos” se realizará en Porto Alegre, la capital del estado brasileño Río Grande del Sur, del 26 al 29 de marzo de este año 2026. Está siendo convocada y organizada por varios partidos políticos de Brasil como el Partido de los Trabajadores (PT), el Partido Comunista de Brasil (PCdoB), el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y otros, junto a un gran número de organizaciones sociales como las centrales sindicales CUT, CTB, UGT, CSB, diversas federaciones de trabajadores como la de los metalúrgicos (FIT-METAL), el movimiento de los trabajadores rurales sin tierra (MST) y sigue una larga lista.
Raúl Carrión del PCdoB e integrante del Comité organizador nos dice: “el llamado a esta Conferencia Internacional nació como un acto de enfrentamiento colectivo a la ofensiva de la extrema derecha en todo el mundo-que tiene como epicentro a los EEUU de Trump y de resistencia a las agresiones del imperialismo contra los pueblos y las naciones que no se someten a sus dictámenes. Organizada en torno de grandes ejes temáticos antifascistas y antimperialistas, la Conferencia contará con la participación de dirigencias sociales, políticas e intelectuales de decenas de países de los cinco continentes y tiene como objetivo central debatir y construir los puntos básicos de unidad para la lucha común contra el fascismo y el imperialismo, los cuales quedarán registrados en la Carta de Porto Alegre, a ser aprobada en la plenaria final de la Conferencia”.
El primer día, jueves 26, se realizará un “Foro de autoridades antifascistas” que contará con dos Mesas, en una se tratará “El papel y los límites de la acción institucional en la lucha democrática” y en la otra, “Experiencias de profundización de la democracia en gobiernos populares”. De viernes a domingo se debatirá en 10 Mesas los siguientes temas: La ofensiva de la extrema derecha en el mundo: causas, consecuencias y desafíos/ El enfrentamiento de los trabajadores al neoliberalismo y al fascismo/ El Brasil bajo la amenaza de la ultraderecha y del imperialismo/ La solidaridad entre los pueblos y la lucha antiimperialista/ La resistencia palestina al genocidio y a la opresión del estado de Israel/ El combate al fascismo en las Américas/ La lucha contra el negacionismo climático y por la reforma agraria en el contexto de la crisis ambiental/ Antirracismo, feminismo, y derechos civiles en la lucha contra el fascismo/ Educación, ciencia y tecnología para la soberanía de los pueblos/ Resistencias, articulaciones, desafíos y alternativas: Otro mundo es posible. Finalmente, en la Asamblea General se aprobará la “Carta de Porto Alegre”. Además de estas temáticas se podrán debatir otras en las llamadas “Mesas auto gestionadas” que serán propuestas por diferentes organizaciones. Aquí estarían temas como “La situación en Venezuela y Cuba”, “La Argentina en tiempos de Milei” y “El socialismo como alternativa necesaria”, etc.
En los materiales que sirvieron como “Bases de Discusión” hacia el XXXIII Congreso del Partido Comunista de Uruguay (PCU), su apartado sobre la situación internacional comenzaba afirmando: “Atravesamos una de las etapas más peligrosas que le ha tocado vivir a la humanidad. Con esta premisa y con el convencimiento de que comprender el mundo y cambiarlo son acciones igualmente necesarias, es que decimos que los análisis partidarios en general y las secciones relacionadas a lo internacional de nuestros anteriores congresos la preveían en líneas generales, por lo que los comunistas estamos preparados teóricamente para entender el porqué del agudizamiento inevitable de las contradicciones del modo capitalista de producción”. Traemos esto aquí no como una expresión de sectarismo o de un falso orgullo, sino para rescatar la importancia y necesidad del análisis profundo, serio y constante de la situación internacional, también con el convencimiento de que esta temática no puede ser privativa de ciertos grupos de conocedores o de la academia, por el contrario, debe ser patrimonio de las amplias masas, de ahí que para todo/a militante del campo popular sea imprescindible abordarla e incorporarla como parte de sus “herramientas” para comprender y cambiar el mundo.
Es posible que a algunas/os de los lectores pueda llamarle la atención en esta convocatoria internacional el uso de los términos fascismo/antifascismo, por aquello de la necesidad de ser precisos en la calificación de los fenómenos sociales. Porque no todo lo que nos provoque rechazo o sean conductas y acciones a combatir tiene que ser un “fascismo”. Nuestros mayores y sobre todo la generación de comunistas encabezados por Rodney Arismendi nos enseñaron mucho en este sentido. La calificación de fascista para la dictadura civil y militar que asoló a Uruguay entre 1973 y 1985 llegó después de un profundo análisis de su desarrollo, sus bases y sus objetivos. Esta exigencia no es simplemente un prurito político o teórico, para nosotros ser rigurosos es necesario porque detrás del pensamiento, de la discusión y del estudio viene la acción, el hacer, y por tanto con “quienes” juntarnos para organizar la lucha. Pero también es cierto que el uso del término “fascismo” para nombrar a las nuevas derechas o derechas radicales tan de moda hoy, es parte del “sentido común” sobre todo en el campo popular, ese sentido común del que tanto hablaba Gramsci y consideraba necesario partir de él, no para idealizarlo o reafirmarlo sino para elevarlo a una nueva visión de la sociedad. Por tanto, no nos parece que sea esa discusión donde debamos concentrarnos hoy, sino en todo aquello que permita la convocatoria más amplia de masas en el país, en la región y en el mundo para enfrentar a la bestia que tanto daño está haciendo y que amenaza con llevarnos a una situación infernal de la cual ninguno de nosotros puede considerarse libre.
Sin dudas que vivimos momentos muy difíciles, estamos ante la amenaza de una guerra a gran escala o mundial. Si esto se concreta, y teniendo en cuenta la capacidad de destrucción de las armas actuales, es de esperar efectos desastrosos para toda la humanidad. Hoy se vuelve a escuchar hablar de imperialismo, este concepto estaba olvidado para muchos, otros lo consideraban anacrónico, propio de quienes siguen aferrados a ideas superadas. Pero, estaba ahí, nunca se fue, solo que la situación dramática que vivimos lo vuelve a hacer más visible.
Abundan hoy los datos que nos muestran un imperio en declive, el norteamericano. Son los mismos datos que confirman el ascenso imparable de China y el desplazamiento geopolítico de los principales centros de desarrollo. La potencia norteamericana está siendo superada no solo en los aspectos económicos sino también en otros ligados a la investigación, a lo tecnológico, a la innovación, a la educación, etc. También es cierto que sigue manteniendo un poderío militar inigualado aún. No podemos saber cuánto durará ese proceso de declive, pero sí sabemos que es un imperio que se siente amenazado en cuanto a las posibilidades de mantener su hegemonía y eso lo torna muy peligroso.
El presidente Donald Trump parece ser portador de una megalomanía exacerbada, pero esa personalidad es expresión de los intereses de una clase, la dominante en su país y de un poder ligado sobre todo a lo industrial-militar y al gran capital financiero. Defender esos intereses es lo que lo lleva a agredir de diferentes formas a Venezuela, a Cuba, a Brasil, a Colombia y ahora a Irán. Es imperioso entonces para los pueblos del mundo generar un cambio sustancial en la correlación de fuerzas.
Una instancia internacional como esta en Porto Alegre puede ser muy importante para avanzar en la coordinación de las fuerzas sociales y progresistas con el objetivo de enfrentar al imperialismo. ¡Otro mundo es posible! Construirlo implica militarlo, luchar, unir, transformar.
(*) Comisión de Relaciones Internacionales del PCU.






















