Se necesita más y mejor Frente Amplio

Este jueves se cumplieron 55 años del primer acto en la calle del recién nacido Frente Amplio (FA). El acto del 26 de marzo de 1971 marcó un antes y un después en la historia política nacional, por lo que implicaba el nacimiento del FA, por los planteos realizados y por la dimensión que tuvo. También porque con ese acto el FA inició algo que fue y es una de sus señas de identidad: la movilización popular como elemento fundamental de la acción política y la calle como escenario privilegiado de la misma.

A 55 años de ese acto es fundamental, siempre lo es, pero en este tiempo que vivimos lo es más, incorporar la dimensión histórica. Y se trata de destacar la vigencia de esa construcción política y de esa identidad de izquierda y popular, hoy, 55 años después. Pero hacerlo intentando superar los temas puntuales, que fueron abordados por el discurso de Fernando Pereira, presidente del FA. Hacerlo desde una mirada con perspectiva estratégica y asumiendo el conjunto de los desafíos, integrando los del gobierno nacional, claro está, pero sin limitarnos a ellos.

El 26 de marzo de 1971 la izquierda que había concretado su unidad y el pueblo frenteamplista movilizado protagonizaron el acto político más grande realizado hasta ese momento y conmovieron la política nacional. Era el principio del fin de una herramienta de hegemonía política de las clases dominantes que les había funcionado durante más de un siglo y medio: el bipartidismo.

Como hemos señalado en otras oportunidades, la magnitud de la convocatoria expresaba un salto en calidad en el proceso de acumulación de fuerzas popular, y lo hacía desde una conquista estratégica: la unidad de la izquierda. Se consolidaba la presencia de la clase obrera y los sectores populares como actores políticos independientes y, con la unidad, como alternativa real de poder. 

Hay que señalar, para hacer justicia con la historia, y por lo que implica proyectado al hoy, que la unidad de la izquierda sin exclusiones fue parte del proceso de acumulación de fuerzas de la lucha del pueblo todo, que estuvo precedida y posibilitada por la unidad de las y los trabajadores en una central única, la CNT, y por la unidad, concretada en un Programa, de vastos sectores populares, en el Congreso del Pueblo.

Creemos necesario insistir, para que no se olvide, que el pueblo movilizado fue el protagonista de esa noche, como lo fue a lo largo de toda la historia de la izquierda y lo sigue siendo hoy.

Siendo mucho lo anterior, no es solamente en ese aspecto que hay que rescatar y proyectar al hoy el 26 de marzo de 1971. También importa por el planteo que se hizo, por el discurso del general Líber Seregni, el primero como candidato presidencial. El discurso de Seregni esa noche, junto con la Declaración Constitutiva del FA del 5 de febrero son dos documentos políticos que hacen no solo a la historia de la izquierda, sino a la historia del Uruguay como nación y en particular a la historia de nuestro pueblo y de sus luchas.

Entre muchos conceptos de ese discurso, que por su visión estratégica cuesta asumir hoy como un planteo en medio de una campaña electoral, Seregni dijo: “El Frente Amplio no es una ocurrencia de dirigentes políticos; el Frente Amplio es una necesidad popular y colectiva del Uruguay”.

También se esforzó por colocar como central el valor de la unidad y de la amplitud con que se logró: “Nunca se abrió un cauce tan ancho para la unidad popular como en estos momentos. Nunca, salvo con Artigas. También junto a él el pueblo oriental se unió, para enfrentar a la oligarquía y al imperialismo de la época. Y hoy volvemos a lo mismo. Por eso el pueblo, por eso el Frente Amplio es el legítimo heredero de la tradición artiguista y toma sus banderas y su ideario”.

En este punto, el de la unidad, es relevante, recordar que la unidad de la izquierda, que es la gran conquista estratégica del pueblo uruguayo en su camino hacia la emancipación, tiene características que la hacen singular en el mundo entero. Esas características, que no son adornos sino parte fundamental, le han permitido sostenerse en el tiempo, lo que es todo un mérito en sí mismo, pero también, y como elemento trascendental, cumplir su objetivo, adquirir fuerza material y transforma la realidad. 

Esas características singulares son: que se sustenta en un programa común; en organismos comunes de participación, decisión y dirección; en la doble condición de expresarse en una coalición de partidos y sectores y un movimiento de pueblo organizado en los Comité de Base. En que se respetó y se respeta la identidad de cada fuerza política que construyó y construye esa unidad, pero, a la vez, y desde el primer momento, esa síntesis construyó una identidad nueva, que los contiene: el frenteamplismo. Eso fue, es y debe seguir siendo el FA. 

Seregni planteó, ya hace 55 años el objetivo del gobierno, expresando la vocación de luchar por la hegemonía, de disputar el poder a las clases dominantes, pero también hizo definiciones precisas y de una extraordinaria vigencia sobre como concibe la izquierda el gobierno y qué papel juega el protagonismo popular organizado en él: “El instrumento del pueblo será el gobierno, el gobierno del pueblo al servicio del pueblo, con la participación y contralor del pueblo”. Si tendrá vigencia esa definición, si alumbrará los desafíos que tenemos hoy, si será necesario tenerla en cuenta, cada día.

En ese formidable discurso, Seregni también abordó como se paraba el FA ante el continente y el mundo e hizo definiciones que parecen haber sido dichas para hoy: “Lo nacional y lo internacional son dos aspectos de una sola política. De ahí que nos basemos en nuestro plan nacional de autodeterminación, de liberación nacional. Este principio de autodeterminación se conquista con la energía de cada pueblo. Esta es nuestra regla fundamental e indiscutible: el principio de autodeterminación de los pueblos. La autodeterminación significa libertad de los pueblos para crear por sí mismos, con su propia fuerza y elección, su propio destino. (…) Esto nos lleva, en el plano internacional, a dos corolarios necesarios. El primero, es la no intervención. Es un principio defensivo ante las amenazas y presiones extranjeras; es el repudio a las intervenciones extranjeras. El principio de la no intervención debe ser una constante intangible de nuestra política internacional. Pero no basta con proclamarlo, con declararlo; exige, como única garantía, la vigilancia y la militancia popular. Pero no basta con la no intervención. El otro corolario necesario a la autodeterminación es la activa solidaridad latinoamericana. La autodeterminación exige la ruptura de nuestras formas de dependencia: la económica, la política, la cultural, la científica. Estamos en América Latina y América entera es víctima de la misma dependencia, de los mismos poderes. Nuestra lucha es común con nuestros hermanos latinoamericanos. También lo fue cuando Artigas, Bolívar y San Martín. Y porque aquellas luchas terminaron con el exilio de Artigas, Bolívar y San Martín, es que emprendemos ahora la segunda emancipación latinoamericana, y esto nos lleva a la solidaridad con todos los movimientos de liberación nacional que hoy se levantan en América Latina. Solidarios hoy, como fuimos solidarios ayer. Es el ca- mino hacia la Patria Grande que soñaron nuestros próceres”.

Cierto es que el imperialismo y la oligarquía se dieron cuenta de la dimensión del desafío les planteaba el FA y la acumulación de fuerzas que expresaba y profundizaron la violencia en su contra. Dos años después de la fundación y del acto que hoy recordamos, vino el golpe de Estado, la dictadura fascista, el FA fue prohibido, Seregni y otros dirigentes fueron encarcelados, miles de sus militantes, trabajadores y trabajadoras, intelectuales, estudiantes, militares democráticos, fueron perseguidos, encarcelados, asesinados, desaparecidos, obligados al exilio. Pero el FA, por y con su profunda raíz popular, resistió. Y luego vino la resistencia al neoliberalismo. Y luego la conquista del gobierno en Montevideo en 1989, la transformación del FA en la primera fuerza política del país en 1999, la conquista del gobierno nacional y de varios gobiernos departamentales. Por supuesto que esto es importante, pero más importante es no olvidar, nunca, fruto de que son esos avances.

En este 2026, a 55 años de ese acto y ese discurso de Seregni, se sigue tratando de fortalecer la unidad, defender el programa, lograr que el protagonismo popular organizado sea el centro de la transformación social y el gobierno asumirlo y medirlo como parte de eso. Y todo ello hacerlo con una perspectiva antimperialista, de defensa de la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, de unidad y solidaridad latinoamericana.

En términos actuales, se trata de desplegar todas las fuerzas del bloque histórico, político y social, democrático y radical de los cambios y, como dijera Seregni: “llevar el pueblo al poder”.

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