Sobre el desmantelamiento presupuestal a la Universidad de Buenos Aires.
Florencia Tort y Pablo Da Rocha
En estos últimos días, las noticias desde la otra orilla del Río de la Plata, nos llegan asociadas a los diversos recortes presupuestales, no debe ser casualidad, a los organismos públicos. Más allá de ser consecuente con su campaña política, la impronta de Milei nos continúa impactando día a día: con una clara, definida y rimbombante posición en los conflictos internacionales del momento, y con una impronta de recorte a la interna del país, que hoy lleva la cara y la voz de Adorni, en cada anuncio a la población.
Si bien se trata de una crónico de muerte anunciada, frente a la inflación anual que representa hoy el 276%, la UBA no recibió incrementos en su presupuesto, manteniendo así los números del año 2023. Esto no sólo se evidencia (como ya se venía anunciando) en el recorte de las investigaciones académicas, sino que ya aterriza en los salones de clase y en el Hospital de Clínicas (hospital universitario), en donde bajo la penosa consigna de “ahorro” se apaga hasta la luz.
La UBA es históricamente y hasta hoy una de las mejores universidades en Latinoamérica y el mundo, casa de varios Premio Nobel, cuna de brillantes científicos, filósofos, médicos, escritores y docentes. El vaciamiento ya no es solo monetario, es también cultural.
El recorte impacta directamente en el capital humano y en el valor patrimonial e intelectual de todos los argentinos, en algunos casos con este, sin precedentes. Ante la emergencia presupuestaria, declarada por el Consejo Superior de la UBA el pasado 10 de abril, los trabajadores, docentes y estudiantes una vez más hacen frente al gobierno liberal y reclaman en las calles una vez más, por la educación del pueblo.
El Hospital de Clínicas, en palabras de su directorio, está hoy funcionando a menos del 40% de sus capacidades y se han reducido considerablemente las intervenciones quirúrgicas, un impacto directo del presupuesto en materia de atención médica y salud.
La UBA, una universidad pública, depende principalmente de fondos del gobierno de Argentina y otras fuentes de ingresos. El monto de recursos entregados a la UBA ha cambiado durante los años 2015 a 2020 por diferentes razones económicas, políticas y sociales. El funcionamiento de la UBA depende del presupuesto que le dan los gobiernos nacional y provincial.
El presupuesto ha estado sujeto a cambios debido a las políticas gubernamentales y las condiciones económicas. Así pues, la UBA obtiene ingresos de diversas fuentes, como matrículas, tasas, servicios de extensión, proyectos de investigación, donaciones y convenios con el sector privado. En efecto, la cantidad de dinero que la gente puede ganar enseñando y aprendiendo puede cambiar dependiendo de cuánta gente quiera aprender y de otras cosas que afectan al mercado.
Por otro lado, está el apoyo financiero; a la UBA se le asignan fondos específicos para la investigación científica y el avance tecnológico, que pueden variar dependiendo del gobierno y organismos internacionales, durante este tiempo. Las instalaciones de la UBA, como los edificios, laboratorios, bibliotecas y espacios de estudio, se cuidan mediante el uso de algunos de estos recursos.
El presupuesto de la UBA se gasta en gran medida en salarios y prestaciones del personal docente, administrativo y de apoyo. Sin embargo, duele que afecte a los programas académicos: los recursos también se utilizan para desarrollar y sostener programas, cursos, especialidades y actividades extracurriculares. Así pues, la disponibilidad de recursos puede fluctuar de un año a otro debido a diversos factores, como las condiciones económicas, políticas y sociales, así como a decisiones tomadas por instituciones y gobiernos, en especial, la de aquellos que rechazan lo público o de quienes enfrenten al poder.
La Universidad de Buenos Aires, ha lanzado una campaña en redes sociales y un petitorio para oponerse al ajuste y congelamiento de fondos que han sufrido. El mensaje incluye un video que destaca la importancia de la UBA en la formación de profesionales y su impacto en la sociedad. Segun se puede pareciar, la institución compara su asignación de recursos con la de otras universidades extranjeras, mostrando una brecha significativa.
El presupuesto actual es el mismo que en 2023, lo que, considerando la inflación, representa una disminución significativa, en términos reales. La UBA advierte que esto afectará la calidad académica, la seguridad y la investigación científica. Otras universidades también han expresado preocupación y han tomado medidas para hacer frente a la situación, como clases virtuales y reducción de materias.
Desde la UBA han informado que el problema presupuestario surge a partir de la decisión del Gobierno nacional de prorrogar los valores del año 2023 al 2024, en el marco de una inflación interanual del 276%, lo que produce que la institución entre en serio riesgo de desfinanciación durante los próximos meses. Como señalamos anteriormente, el funcionamiento de la UBA no comprende sólo la tarea pedagógica, sino que además abarca a más de 71 institutos de investigación y seis centros hospitalarios que atienden a más de medio millón de pacientes por año.
Por su parte, en una excelente nota elaborada por el economista Carlos Martínez de la Universidad Nacional de General Sarmiento, señala aspectos que no pueden pasar desapercibidos, a saber: “…que la Universidad no solo enseña, sino que permite el ascenso social. Crea conocimiento y transforma el territorio, por lo tanto, es también cultura”. Sin embargo, lo que no todo el mundo sabe, es que es la universidad argentina, además de pública “es un modelo de inclusión”, sobre todo, que opera con niveles de eficiencia operativa y económica (manteniendo estándares muy altos de calidad) de un grado tal que muy pocas organizaciones han sido capaces de lograr y sostener.
De acuerdo su nota en colaboración con Martín Mangas y Ricardo A. Paparás -todos pertenecientes a la Universidad Nacional de General Sarmiento, señalan que la UBA cuenta con “más de 400 años de historia, a más de 100 de la reforma que estableció las bases de nuestras universidades y a 75 de la consagración de su total gratuidad…”. Es sin lugar a dudas, una referencia en la region y en el mundo.
Incluso, si uno analiza las cifras, podría rápidamente dar cuenta que dado su carácter público, gratuidad y funcionamiento profundamente democrático, las universidades estatales argentinas son en efecto, particularmente inclusivas. Basta ver, que en los últimos cuarenta años la cantidad de estudiantes en instituciones universitarias de gestión estatal, pasó de casi 330.000 en 1982, a superar los 2.000.000 en 2022, es decir, se multiplicó por seis.
En consonancia con lo anterior, de acuerdo a información oficial, la proporción de la población de Argentina que asiste a la Universidad creció un 67%, pasando de 1 de cada 32 habitantes del país (3,1%) en 2010 a 1 de cada 19 (5,3%) en 2022. Así pues, que, la Universidad Pública no es solo un derecho de quienes la han frecuentado, sino de todos los ciudadanos del país, cuyas necesidades, problemas y derechos, la Universidad siempre ha abogado por atender.
Por lo tanto, surge la pregunta de qué argumentos quedan válidos para justificar la necesidad de implementar un ajuste como el realizado por Milei en sus recursos, lo que les impide cubrir los costos operativos del segundo semestre de 2024 y reduce el poder adquisitivo del salario del personal docente y no docente en un 40% entre noviembre de 2023 y marzo de 2024.
Por lo tanto, dado que todos formamos parte de la Universidad (que existe para protegernos), es hora de salir a las calles a defenderla. Aquí y allá, ayer, hoy y siempre. La Universidad es pasado y presente, pero es sobretodo futuro. Por lo tanto, hoy más que nunca, que el grito trascienda las fronteras.
Hoy como ayer, obreros y estudiantes, unidos y adelante.
Foto
Javier Milei en el Teatro Colón de Buenos Aires. Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS.





















