Tres mujeres, tres ejemplos

La senadora Kechichián homenajeó a las tres presidentas del Voto Verde: Elisa, María Esther y Matilde.

El martes 17 de mayo, la senadora de Fuerza Renovadora y el Frente Amplio, Lilián Kechichián, realizó un emotivo homenaje a las tres presidentas de la Comisión Nacional Pro Referéndum que se opuso a la Ley de Caducidad y condujo la campaña por el Voto Verde: María Esther Gatti de Islas, Elisa Delle Piane de Michelini y Matilde Rodríguez de Gutiérrez Ruiz.

Kechichián comenzó agradeciendo “a Matilde y a sus nietos. A la familia Michelini; estoy mirando a Nacho –especialmente a Nacho–, hijo de Felipe, y quiero decirle que su padre fue una persona muy querida y respetada en este ámbito. A las sobrinas y sobrinas nietas de María Esther Gatti y, por supuesto, a Mariana Zaffaroni, por sus ojos y por todo lo que ella representa para nosotros”, por su presencia en las barras.

EL POPULAR reproduce fragmentos de la extensa intervención de Kechichián, especialmente los referidos a las tres homenajeadas. La senadora frenteamplista también se refirió a la salida de la dictadura, la Concertación Nacional Programática, el Voto Verde y la lucha contra la impunidad.

“(…) Reparemos por un instante en la síntesis de estas tres mujeres representantes en el sentir colectivo de nuestra sociedad. De orígenes políticos, sociales y culturales, así como de trayectorias vitales diversas, reunidas por sus tragedias personales y por la mayor tragedia colectiva de la historia del Uruguay hasta nuestros días. No se me ocurre una síntesis más justa de su tiempo que ellas tres enfrentadas al enorme desafío que asumían.

Elisa Delle Piane fue la esposa de Zelmar, asesinado en las mismas circunstancias que Gutiérrez Ruiz, que Barredo y que Whitelaw, en la misma noche en que desapareció el doctor Manuel Liberoff. Todos los que la conocieron han destacado en ella su tenaz accionar, junto a su esposo, en defensa de las libertades, así como el reconocimiento de su pujanza en la viudez para educar a sus diez hijos, con el agravante de tener que sobrellevar la situación de dos de sus hijas, Margarita y Elisa, que estaban presas en la dictadura. “Una mujer abnegada y luchadora” –así la despidió el doctor Tabaré Vázquez– que “jamás abdicó en la búsqueda de la verdad y la justicia”. De ella también señaló la propia Matilde, nuestra homenajeada, al despedirla: “Se nos va una compañera de buena parte de nuestra vida. Estamos muy doloridos. Fue un ejemplo de madre y de esposa, una mujer fuerte, con un temperamento alegre y positivo”. (…)

Elisa fue senadora de la República y cuenta la historia de esta casa que llegó a ocupar la misma banca de su esposo asesinado. Falleció el 25 de agosto de 2008.

María Esther Gatti de Islas nació en el barrio Colón en 1918 y falleció el 5 de diciembre de 2010. Maestra desde sus jóvenes 17 años, padeció entonces la persecución por negarse a adherir a la dictadura de Gabriel Terra. Del matrimonio con Ramón Islas nació, en 1953, su única hija: María Emilia, que fuera secuestrada estando embarazada de tres meses, en el marco del Plan Cóndor en Argentina, junto a su yerno, Jorge Zaffaroni, y la hija de ambos, su nieta: Mariana.

Dedicó su vida a esa búsqueda y a la lucha contra la impunidad. Junto a Luz Ibarburu de Recagno, Violeta Malugani, María Elena Antuña de Gatti, Irma Hernández y Milka Prieto, inicia las primeras denuncias colectivas –ante la OEA, por ejemplo– de los desaparecidos uruguayos en la Argentina, que darían lugar posteriormente a la conformación del Grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos en Argentina. Fue una activa propulsora de las denuncias ante organismos internacionales y ante distintos estrados judiciales nacionales y extranjeros. Recién supo de su nieta muchos años después. Montevideo también la cuenta entre sus ciudadanas ilustres. Durante una de sus últimas apariciones públicas, María Esther expresaba: “No hay que perder jamás la esperanza y tampoco la decisión de luchar”. Falleció sin saber el destino de su hija, de su yerno y del hijo menor de ambos.

Matilde fue la esposa de Héctor Gutiérrez Ruiz –asesinado en Buenos Aires en el marco del Plan Cóndor–, con quien tuvo cinco hijos. En 1989 fue electa diputada por el Movimiento Nacional de Rocha, fue concejala del municipio CH y Montevideo la cuenta entre sus ciudadanas ilustres. Actualmente es la directora de la Secretaría de Derechos Humanos para el Pasado Reciente del Gobierno uruguayo. Desde ese lugar, y fiel a su convicción vital, ha manifestado su compromiso de renovar “el deseo de transmitir la verdad”. “Estamos de corazón abierto para recibir todas las verdades que se puedan trasmitir”, manifestó. “El 20 de mayo no es un día cualquiera”, dice Matilde. “Dejó de ser (exclusivamente) un día muy importante en nuestras vidas y familias para serlo en la sociedad toda y se convirtió en la fecha para homenajear a las víctimas del terrorismo de Estado”. Y continuó diciendo: “En esta fecha redoblamos nuestro compromiso con la paz, una paz que emana del más estricto cumplimiento y respeto a los derechos humanos, y es un compromiso que desde nuestra secretaría vamos a llevar adelante para colaborar y enriquecer la memoria del pueblo uruguayo sobre dos períodos que comenzaron con el autoritarismo que se inició en 1968 y continuaron con la dictadura. Redoblamos nuestro compromiso para que nunca más se vuelvan a repetir estos episodios de violación de los derechos humanos, y la única forma de hacerlo es el cumplimiento estricto con lo que manda la ley”.

¿Qué es, entonces, lo que emparenta a estas Mujeres, así con mayúsculas? ¿Qué es lo que las destaca, qué es lo que las engrandece a los ojos de todos nosotros? ¿Qué es de ellas lo que nos llena de orgullo, nos emociona, nos conmueve y es hoy, en definitiva, el motivo de nuestro homenaje? Sin dudas, ¡su temple, su vocación, y su coraje! Pero, sobre todo –y quiero hablar del humanismo– ¡su humanismo! ¡Su irrestricto e irreductible compromiso con la vida! ¡El haber atravesado y confrontado la más dolorosa y desgraciada circunstancia, sin perder y sin renunciar nunca a su capacidad de amar! Porque no hay políticas sin humanismo; por el contrario, el humanismo es la esencia y la razón de la política.

Como toda mujer, son fuentes de vida: madres, esposas, abuelas, hijas. Pero en el caso de María Esther, Elisa y Matilde –como en muchos otros que también estamos reivindicando en este homenaje–, decidieron asumir la sublime, épica y valiente tarea de rescatar para la vida, para la historia colectiva, las vivencias, las sonrisas, los recuerdos, las lágrimas, los abrazos, las angustias, los besos de esos seres queridos que fueron cruelmente arrebatados, sobreponiéndose a un sufrir profundo que, sin duda, habrá de acompañarlas eternamente, allá en lo más íntimo de su vida, en lo más reservado de sus corazones –seres queridos, compañeros, hijos, nietos que deberían estar acompañándonos, que deberían sucederlas, que deberían continuarlas, que deberían ser su legado–, y se abrazaron a la tarea con amor, con dolor, con un espíritu sediento de paz y de verdad.

Allá por el año 2000, María Esther Gatti expresaba: “Quiero saber si mi hija, mi nieto y mi yerno están en el Río de la Plata para alquilar una lanchita y ponerles un ramo de flores en el agua”. Les juro que se me parte el alma cada vez que lo leo. Todo ese duelo contenido durante ese tiempo, y se murió sin saberlo; es la más cruda descripción de la deshumanización con que actuó la dictadura. Su soberbia, como todos los fascismos, pretendió borrar a sus opositores de los registros de la historia; exterminarlos, desaparecerlos como si nunca hubieran sido. Creyendo que, incinerando sus huesos, esparciendo sus cenizas al aire podían vencer a la vida. Pero ¡la vida siempre puede más!

Nuestros seres queridos, nuestros amigos, nuestros compañeros, ¡siempre van a estar con nosotros! Ellos están en cada pancarta, en cada imagen, en cada muro que grita sus nombres, en cada presente de las marchas de mayo, en cada lágrima, en cada pensamiento y en cada recuerdo. ¿Cómo no vas a estar Toba, si te jugaste por salvarnos la vida –a tantos y a tantos jóvenes comunistas– aquella terrible noche del 15 de abril?

 Aquí también están hoy, con nosotros, Zelmar, María Emilia, Jorge, y su hijo sin nombre; todos acompañándonos. ¡Y ustedes, compañeras, los convocan!, para reclamar todos juntos, nuevamente –como en aquellos tiempos del Obelisco, como en la histórica jornada del voto verde, como siempre– verdad y justicia, para hacer luz a la pacificación que como sociedad nos merecemos.

Por eso, María Esther –todo amor, todo tesón–, ¡gracias! Elisa –ternura, esfuerzo, compromiso–, ¡gracias! Y a ti, Matilde –guerrera, leal, incansable–, ¡gracias, gracias, gracias!”.

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