Rodrigo Gorga (*)
El pasado 29 de abril el equipo parlamentario organizó la segunda actividad de un ciclo de charlas que busca aportar insumos para la discusión y elaboración de una Estrategia Nacional de Desarrollo, línea de acción establecida en el Programa del Frente Amplio. En esta oportunidad, el foco estuvo en la dimensión territorial del desarrollo de nuestro país.
La actividad, que nuevamente se realizó en la sala Alba Roballo del Anexo del Palacio Legislativo, fue moderada por el sociólogo Claudio Arbesún, integrante del equipo parlamentario de la 1001, y contó con las exposiciones de la diputada Tatiana Antúnez —integrante de la bancada 1001— y del doctor en Integración y Desarrollo Económico Adrián Rodríguez, docente e investigador del Instituto de Economía de la Universidad de la República.
Además de legisladores de la bancada 1001, autoridades del Poder Ejecutivo, representantes de la OPP, del movimiento sindical, del ámbito académico y de distintos sectores del Frente Amplio, la actividad contó con participación remota a través de Zoom, lo que permitió ampliar el alcance del intercambio a distintas partes de el país.
En la apertura de la jornada, la diputada Tatiana Antúnez —presidenta de la Comisión de Industria, Energía y Minería e integrante de la bancada 1001— agradeció la participación y planteó los desafíos que enfrenta el país en materia de desarrollo productivo, con énfasis en su dimensión territorial. Desde su experiencia en el movimiento sindical, Antúnez subrayó la importancia de vincular la discusión sobre la Estrategia Nacional de Desarrollo con la realidad concreta que atraviesan hoy múltiples sectores laborales, afectados por cierres de empresas, envíos al seguro de paro y reestructuras, que afectan además a territorios específicos del país.
En su intervención, remarcó la necesidad de construir una política industrial pensada desde y para los territorios, basado en la innovación tecnológica y el trabajo de calidad. Subrayó la importancia de no obviar debates centrales como la reducción de la jornada laboral, que ya forma parte de las discusiones globales sobre el futuro del trabajo. Además, defendió un rol activo del Estado como eje vertebrador del desarrollo, en diálogo con los actores sociales y productivos, y llamó a profundizar la participación y el monitoreo de las políticas públicas. “No discutimos la industria como un ente aislado de la sociedad: discutir desarrollo es discutir el modelo de país y de democracia que queremos construir”, afirmó.
Por su parte, el economista Adrián Rodríguez —docente del Instituto de Economía — agradeció la oportunidad de poder aportar al diálogo los insumos elaborados desde la academia y el campo del desarrollo. Su presentación aportó evidencia empírica sobre las desigualdades territoriales en Uruguay, a partir de un Índice de Desarrollo Regional (IDERE) con información de todos los departamentos y que cubre el periodo 2006-2022, y que se espera actualizar año a año.
En primer lugar, señaló que es equivocada la idea de que Uruguay es un país chico, ya que duplicamos en territorio a países como Portugal. Lo correcto es definir a Uruguay como un país poco poblado, especialmente fuera de la zona sur del país y su área metropolitana. Este centralismo no puede hacernos olvidar que para que Uruguay se desarrollo es imprescindible pensar el territorio.
El IDERE se construya a partir de la información de cada departamento en cinco dimensiones: educación, salud, bienestar y cohesión social, actividad económica e institucionalidad. También se elaboró un IDERE ampliado que incorpora otras tres: género, seguridad y ambiente.
Los resultados confirman lo imagen que los estudios desarrollo territorial han venido señalando. El sur del país (Colonia, San José, Montevideo, Canelones y Maldonado) presenta los niveles más altos. En el otro extremo, los departamentos del noreste (Artigas, Treinta y tres, Cerro Largo, Tacuarembó) están sistemáticamente peor.
Los departamentos de la zona oeste (Paysandú, Rio Negro, Soriano, Flores y Florida) se ubican en la parte media-alta, forma la “L del desarrollo”, un eje que va suroeste a este, que se vincula con la historia económica, la presencia de los mejores recursos naturales y las políticas públicas que han beneficiado esa zona.
Las brechas entre regiones no sólo persisten, sino que en algunos casos se han profundizado, con una fuerte concentración del valor agregado y del empleo calificado en Montevideo y en la franja costera-sur.
La estructura productiva sobre la que se despliegan los periodos de crecimiento económico no impacta de forma diferenciada. El auge exportador de materias primas de los primeros dos gobiernos del Frente Amplio, basados en la expansión de la soja y la celulosa, beneficiaron particularmente al litoral y al área suroeste. Rivera y Tacuarembó donde se desplegó la cadena forestal también han mejorado.
Una clave en este proceso ha sido la descentralización universitaria y la creación de la UTEC, cuyos efectos empiezan a notarse desde 2015. Este desarrolla las capacidades de los territorios, no solo por su impacto en la mayor cantidad de mano de obra calificada, sino también por su impacto en la vida social y política.
Mapa del desarrollo regional según valores del IDERE 2022
Fuente: IDERE-UY (2024), Facultad de Ciencias Económicas, Udelar.
Rodríguez planteó que la integración territorial debe ser un eje central de cualquier estrategia nacional de desarrollo. Subrayó que no alcanza con políticas sociales compensatorias: es necesario impulsar una transformación productiva que diversifique actividades, fortalezca capacidades endógenas y promueva cadenas de valor más allá de los núcleos metropolitanos. Llamó a construir una agenda de desarrollo con enfoque regional, que articule inversión pública, innovación, políticas industriales y participación local. Y concluyó con una advertencia que resume el sentido de todo el intercambio: “No hay cohesión social sin cohesión territorial”, y por lo tanto, tampoco desarrollo nacional.
(*) Economista.






















