“Sería torpe pensar que es posible enfrentar una ofensiva imperialista de esta magnitud, aislados, separados o solo a escala nacional”, apuntó Oscar Andrade.
El secretario general del Partido Comunista de Uruguay (PCU) y senador de la 1001-FA, se encuentra en Cuba participando del XXIV Encuentro de Partidos Comunistas y Obreros en La Habana, con más de 100 delegados de 48 países. Una actividad en el marco de los festejos de los 100 años de Fidel Castro.
EL POPULAR comparte la intervención de Andrade ocurrida en las últimas horas:
“Tiempos interesantes son estos, estamos en un momento crucial para la humanidad. Por eso es importante las principales claves: en el año 2000 el producto industrial de Estados Unidos era cuatro veces más grande que el producto industrial de China. Y el año pasado, el producto industrial de China es igual al de Estados Unidos, más el de Alemania, más el de Japón. En el 2007 el PBI chino igualó el PBI de Japón y el año pasado fue cinco veces más grande que el PBI de Japón.
En el 2010 equiparó al de Alemania, y el año pasado fue cuatro veces más grande que el de Alemania. En el año 1990, cuando se desplomaba la experiencia del llamado socialismo real, ubicaba una previsión teórica, que era que tres grandes centros económicos como EEUU, Europa y Japón, habían llegado a un nivel de desarrollo científico-tecnológico, militar, diplomático y comercial, que la divergencia con la periferia del sur global hacía que nada pudiera emerger.
Se establecía un momento donde el PBI de estos tres grandes centros era el 80% del PBI mundial. Y el año pasado, guiado por la paridad de compra, que es como se debería medir el producto, la economía china es casi un 40% más grande que la economía norteamericana.
No se puede entender la histeria belicista de un imperio históricamente racista, supremacista e injerencista, sin entender este fenómeno global y su declive, que se expresa en términos comerciales y financieros.
Siendo el entorno más peligroso, particularmente la pérdida de pie en determinadas zonas del mundo, hace que se incremente la agresión en nuestra América, donde hay una larguísima historia. Hay un amigo que es historiador, que rescataba a Webster de los secretarios de Estado, decía que el problema – para explicar la injerencia norteamericana – es que la “providencia dispuso de nuestros recursos naturales en otros países».
Esa explicación es la que da Trump, 170 y pico de años después, cuando explica por qué va por el petróleo en Venezuela. George Kennan, asesor principal de lo que fue el documento principal de los años 50, lo explicaba de la misma manera: la única forma de sostener esta desigualdad es “garantizando nuestros recursos naturales de nuestro imperio”.
Es una larga perspectiva, que, sin embargo, no logra niveles de respuesta antiimperialistas en nuestra América del tamaño del que se necesita. Eso es un problema nuestro, como en medio de esta ofensiva que tiene como elemento pulverizar el orden internacional y militarizar, el resultado de resistencia y de contraofensiva es disperso e insuficiente.
De hecho, cuando los 50 años del golpe en la Argentina se juntaron 14 centrales sindicales y se resolvió una huelga en toda América para denunciar el imperialismo y sus guerras, pero no se logró instrumentar una acción global.
Sería torpe pensar que es posible enfrentar una ofensiva imperialista de esta magnitud, aislados, separados o solo a escala nacional. Necesitamos hacerlo, por eso es importante esta articulación, estos niveles de articulación global, porque no es solo la cuestión del declive, sino que hay una crisis que se solapa.
El 40% de la superficie de la tierra está degradada, tres cuartas partes de las variedades agrícolas se evaporaron en un siglo lo que es una catástrofe para la humanidad, y siete de los nueve límites planetarios están superados en el año 2025, cuando eran trece en el año 2009.
Al costado del fenómeno de la supremacía y la hegemonía geopolítica global, un colapso ambiental muy fuerte, niveles de desigualdad brutales, y además Trump que es el concentrado del imperialismo de este tiempo, la forma más grotesca del imperialismo de este tiempo.
Como las luchas antiimperialistas no pueden ser abstractas adquirieron un centro en América Latina que es Cuba con la que tenemos una deuda histórica.
Una Cuba bloqueada y agredida que cuando hubo que recibir a los compañeros que escapaban de dictaduras sangrientas, los cubanos que estaban en Cooperativas de Vivienda decidieron que en cada Cooperativa de Vivienda había un cubano que quedaba sin casa para recibir al compañero que venía desde afuera.
Hay millones de personas pobres en el mundo que ven gracias a los médicos cubanos. Y mientras el imperio norteamericano establecía que Mandela era un terrorista, la Operación Carlota puso 400.000 cubanos luchando contra el apartheid. Sin olvidar las primeras brigadas médicas.
Cuba es campeón mundial de la solidaridad, donde para los militantes, todos, particularmente para los militantes de izquierdas, sociales y para los comunistas, la responsabilidad de la solidaridad con Cuba es una cuestión de principios.
Y para la esperanza de los pueblos, porque resistir es también construir una esperanza el pensamiento, el legado de Fidel es fundamental.
Siempre precisamos a Fidel en momentos complejos del como pararse.
Soy de las generaciones que siempre precisamos a Fidel. En momentos complejos, de cómo pararse, en el marco de la lucha de clases, en las contradicciones, en las tensiones, en las dificultades, Fidel abrevó como pocos esa tarea principal de los revolucionario, que es coherencia entre pensamiento discurso y acción. Es junto con el Che, con Mariátegui, con Arismendi, con Recabarren, del pensamiento marxista más avanzado nuestro americano donde tenemos que abrevar. Las luchas de más de dos siglos de la clase obrera, de la independencia contra segregacionismo, para pensar alternativas y esperanzas.
Encuentros como estos nos tienen que servir para encontrar claves que nos permitan enfrentar de forma mas eficaz para cumplir con la causas de nuestros pueblos”.




































