La oración de Monseñor Sturla

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En estos 49 años, muchos actos y actividades se han realizado, hay recuerdos de heroísmo y todos, absolutamente todos, de mucha emoción. Entre ellos, el acto realizado en abril de 2014, cuando se declaró a la Seccional 20 Monumento Histórico Nacional, tiene un lugar destacado.

Uno de los momentos especialmente significativos de esa noche fue la oración que realizó el arzobispo de Montevideo, Monseñor Daniel Sturla. La oración fue seguida en un silencio conmovido y reconocida con un aplauso cerrado. De alguna manera, se recreaba lo vivido en esos días terribles de abril de 1972 cuando Monseñor Carlos Parteli, entonces Arzobispo de Montevideo, concurrió a la sede del Comité Central del Partido Comunista de Uruguay y oró ante los féretros de los obreros asesinados.

Parteli fue una destacada personalidad de la Iglesia uruguaya y de nuestra historia, participó en el Concilio Vaticano II, entre 1962 y 1965, y de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín, en 1968, que marcaron un punto de inflexión para la iglesia toda, muy particularmente para la latinoamericana, tanto desde el punto de vista teológico, como de su práctica y su relación con la sociedad.

La presencia de Monseñor Sturla, y su oración, muestran el enorme impacto y el significado profundo en toda nuestra sociedad del crimen político de la 20.

En esta Separata especial transcribimos la oración completa de Monseñor Sturla, tomada de la edición 265 de EL POPULAR, que titulamos: “Inolvidable”.

«Buenas noches a todos. Mi presencia en este acto es respondiendo a la invitación que me hiciera llegar el senador Eduardo Lorier en el marco de la declaración de esta casa como Monumento Histórico. Recordando la presencia, como se decía, de Monseñor Parteli arzobispo de Montevideo
y de Monseñor Rubio -su obispo auxiliar- en el velatorio de los ocho integrantes del Partido Comunista, acompañando el dolor de sus familiares y amigos.

Acepté para rezar por los muertos de ese día y por la paz en nuestro país. No podría ni sabría hacer de otro modo. La oración no tiene bandera ni color. Soy consciente de que muchos de los aquí presentes no comparten la fe cristiana y lo hago con el máximo respeto a la realidad plural de
nuestra sociedad democrática.

Los invito pues a unirse con el silencio o acompañando desde el corazón esta oración que ahora haré: Señor Dios, en este día de recuerdo de tanto dolor, te pedimos para que nunca más la violencia se adueñe de nuestra sociedad. Para que los orientales dirimamos nuestras diferencias en el respeto y el diálogo. Por todos los caídos en ese día en este lugar, que puedan contemplar la luz de tu rostro. Concédeles, señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua. Que descansen en paz. Amén».