Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn

Otra vez lo mismo

El 17 de junio de este año el Consejo de Educación Secundaria (CES), sacó una resolución que prohíbe utilizar tapabocas con la consigna #EducarNoLUCrar, en los centros educativos; una de las formas que impulsó la Federación Nacional de Profesores de Educación Secundaria (FENAPES) para expresarse en contra de esta Ley.
0
303

Por Micaela Melgar

«Al enterarnos de la noticia sobre la resolución del CES; bajo el lema de la laicidad el Gremio del Liceo 9 decide instar a les estudiantes a asistir al liceo con remeras, pañuelos, parches o tapabocas, manifestando el NO A LA LUC. Lo hacemos porque en una democracia la discusión política no debería causar miedo a las autoridades, sino alegría porque su pueblo se expresa a favor de sus intereses» dice Federico Stenger, estudiante de 17 años del Liceo 9 de Lezica.

En Uruguay, en el año 1974, se le obligó al estudiantado de Secundaria a asistir con uniforme y pelo corto, y a los docentes con corbata (1). Ya que, se argumentaba desde la dictadura, el cuerpo docente tenía que responder a «los principios fundamentales de la nacionalidad y a la afirmación de los valores permanentes y superiores de la persona humana». El conocimiento, impartido con las restricciones de referencia para la época era incuestionable, por lo que el acriticismo y el ocultamiento de enfoques que pudieran contraponerse a las versiones oficialistas eran lo sobresaliente (2).

La dictadura elaboró e implementó un plan específico para la educación pública, ya que entendía que ese ámbito era propenso a la promulgación de ideas subversivas o «foráneas» al interés nacional. Se adoptó, entonces, una disciplina rígida, caracterizada por la aceptación y la sumisión respecto a las autoridades. El control de los cuerpos y las ideas, en el plano educativo, se fue amplificando: «las señoras profesoras y todo el personal femenino podrán usar pantalones discretos (excepto vaqueros) con una prenda que cubra la cadera». «Los profesores y funcionarios deberán usar vestimenta corriente, con camisa y corbata; llevar la cara rasurada y el cabello corto, admitiéndose un bigote moderado». La estética fue siempre, para la dictadura, una arena de conquista y represión. 

Básicamente, el interés superior de los represores era el de sustituir la educación de la juventud uruguaya hasta ese momento promotora de igualdad, por una defensa activa de las ideas de la Doctrina de la Seguridad Nacional que implicaba la defensa de la soberanía nacional, del orden y de la seguridad integral del estado frente a posibles amenazas -comunistas-.

La sanción de la Ley 14.101 de Educación General fue un hito de este proceso. La idea fue promulgar el orden en la sociedad y promover la pedagogía de la violencia a través de la subordinación irrestricta a la autoridad. El contexto educativo también enseña, como sus contenidos y las gramáticas democráticas o su ausencia ejercen influencias en la comunidad educativa toda y promueven o restringen el pensamiento crítico y contextuado.

 

El 23 de junio del 2020 en actual ministro de educación, Pablo da Silveira, tuiteó: Un docente está en situación de superioridad psicológica, funcional y simbólica respecto de sus alumnos. Por eso debe autolimitarse en lo que dice y en lo que hace. Cuando ese ejercicio de responsabilidad profesional se aplica a las ideas y opiniones, lo llamamos «laicidad». 

https://twitter.com/pdasilve/status/1275085546839310338?s=20

Un elemento cotidiano en el proceso represivo es la invocación patológica a la defensa de la laicidad en la educación; para «proteger a la sociedad». La búsqueda de argumentos desde la neutralidad para operar a favor de la represión era moneda corriente. Se estaba «defendiendo la patria». En este sentido, Antonio Romano explica: «así como en décadas anteriores la autonomía se había convertido en el objeto de disputa principal, a partir de la Ley 14.101 la rearticulación del nuevo discurso se realiza desde la laicidad. A la profusión de textos sobre la autonomía, comienza a superponerse una producción de textos sobre el laicismo.» Según la historiadora Magdalena Broquetas, los grandes factores de intranquilidad para los represores de la dictadura en el ámbito educativo eran: la presencia de un movimiento estudiantil numeroso, politizado y ligado a la lucha sindical y la convicción que la mayor parte del cuerpo docente profesaba ideologías «antidemocráticas». 

El objetivo explícito en ese momento era la persecusión del «marxismo» y se hizo a través de la censura, del control de los cuerpos y de la ropa, de la moral, de los textos, de los planes educativos, utilizado la laicidad como censura y persiguiendo docentes; un ejemplo paradigmático es la creación de una Oficina de Sumarios de Enseñanza Secundaria (3).

La Resolución 114 del acta 22 del 17/06/2020 dice «se prohíbe el uso de tapabocas con la leyenda #EducarNoLucrar en todos los liceos públicos y dependencias del país, o cualquier expresión que violente el principio de laicidad, conforme a la normativa vigente»https://www.ces.edu.uy/files/2654_2020.PDF

Entre el 15 de agosto y el 5 de setiembre de 1996 se ocuparon por parte del movimiento estudiantil de más de 40 centros de enseñanza en el país. El Bauzá fue uno de los centros que ocupó solidaridad con las medidas que se venían tomando, en el marco de una resistencia a la reforma educativa. Como respuesta a la movilización el Codicen aprobó (el 3 de octubre, atención la fecha) un «Reglamento de Comportamiento del Alumno» en el que se calificaba la ocupación como falta muy grave. 36 estudiantes fueron -por esta resolución ex-post- sancionados inicialmente con 150 días de suspensión y luego con un intento de ampliación de la medida que el CODICEN no pudo aplicar, ya que fueron presentado recursos de amparo ante la Justicia, con el auspicio entre otros abogados de Cassinelli Muñoz, José Díaz y Pablo Chargoñia. Los jueces fallaron a favor de los estudiantes y se promulgó una resolución judicial que expresaba que hubo «una expresión desmesurada de poder». La promotora del atropello fue Graciela Bianchi. 

«La prohibición del CES impidiendo el uso de tapabocas con la consigna “educar no lucrar” no es censura. Es ejercicio de la autoridad legítima defendiendo la laicidad. Los centros educativos no serán más lugares de reclutamiento cultural sino espacios de educación.» Escribió en su cuenta de Twitter, Graciela Bianchi, el 18 de junio del 2020.

https://twitter.com/gbianchi404/status/1273777388732719106?s=20

En el 2016 estudiantes del liceo IAVA se manifestaron contra los códigos retrógrados de vestimenta de los liceos, demostrando como se impregnó el carácter represor que impulsó la dictadura en la educación pública; también fue el movimiento estudiantil los que denunciaron en el liceo Bauzá la discriminación por portación de gorras de visera; y fueron también estudiantes en el liceo 13 los que se manifestaron con las remeras del Che cuando se les prohibió su uso. 

Existe un afán de vigilancia y corrección que sobrevive, fantasmagóricamente en el campo educativo, y que ha sido enfrentado, desde su génesis, por el estudiantado y por el cuerpo docente comprometido con los valores democráticos. La laicidad de una educación democrática respeta y promueve la pluralidad de ideas existente en la sociedad, y ejerce en su contexto la libertad de expresión y de cátedra. 

El Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Edison Lanza, expresó en la emisora M24 que el derecho a la libertad de expresión sin censura previa está establecido en el artículo 29 de la constitución, que permite a toda persona, en este caso docentes como estudiantes, ejercer su derecho a la libertad de pensamiento, de crítica, de expresión, de debate de ideas y sobre hechos que están sucediendo de interés público en el país. Y sobre la definición del Codicen dice «La prohibición es absoluta. Hay una inequívoca intención de que no se hable de esta legislación en el ámbito de la educación. 

Esto ha pasado en la historia reciente del país, con diferentes grados de intensidad, varias veces. La educación pública es un viejo temor de los conservadores uruguayos. Hoy parece ser la peligrosidad del debate educativo sobre la Ley de Urgente Consideración; ayer fueron otras expresiones críticas y democráticas en su sentido más amplio. Federico Stenger dice «Aquí nos encontramos con una Ley que defiende los intereses de la oligarquía, de los ricos; y el pueblo no va a dar marcha atrás en todo lo alcanzado. Por eso es que buscan reprimirnos y callarnos, pero a les estudiantes no nos van a mover. Llevamos en nuestros pechos a Líber, a Hugo y a Susana, y decidimos dar todo peleando por un mundo justo; y esa lucha, aunque sea dura la vamos a dar con alegría y fuerza».

El Miércoles 1 de julio van a comparecer en la Comisión de Educación de la Cámara de Representantes las autoridades de CODICEN y CES. 

El concepto de laicidad es claro y accesible, y además, para quienes nos formamos en la educación pública es un concepto cotidiano, que fue transmitido en formas de educar y en formas de recrear. Pero por las dudas, esta es la definición más clara que leí y es del programa «La Ley en tu Lenguaje» del IMPO: La laicidad busca asegurar el tratamiento integral y crítico de los temas mediante el libre acceso a todas las fuentes de información y conocimiento, a efectos de que el educando tome posición consciente acerca de los temas tratados.

Citas:

(1) (https://www.ces.edu.uy/ces/images/2016/circulares/1/1302.pdf).

(2) Varias referencias son de la Tesis de Maestría de María Olano: https://www.colibri.udelar.edu.uy/jspui/bitstream/20.500.12008/8143/1/TMCP_OlanoBasaisteguiMariaEugenia.pdf

(3) Información recogida del libro de Natalia Vitalis «Educación Secundaria, censura cultural y dictadura».

Comentarios cerrados.