Gabriel Mazzarovich
El mundo enfrenta un grave peligro por las graves consecuencias de la guerra desatada por EEUU e Israel contra Irán. Este martes EEUU anunció un alto al fuego de dos semanas para negociar un acuerdo de paz, con la mediación de Paquistán, sobre la base de una propuesta conjunta de este país y China.
Como parte de ese acuerdo, se detenían los ataques, se abría el estrecho de Ormuz, lo que habilitaba la circulación de petróleo y derivados y se negociaban puntos concretos de paz, que tenían que ver con la retirada de las fuerzas de EEUU de la zona, el apego a la legalidad internacional y el compromiso de que no habría nuevos bombardeos.
El anuncio fue recibido con alivio por el pueblo iraní y la mayoría de la humanidad, pero Israel, que está claramente interesado en que la guerra siga y es un recurrente violador de treguas (lo hizo en varias oportunidades durante el genocidio en Gaza), menos de 24 horas después del anuncio, atacó nuevamente al Líbano y provocó, como respuesta buscada, que Irán volviera a cerrar el estrecho de Ormuz. Lo que hoy hay es una enorme incertidumbre sobre si se mantendrá la tregua o se volverá a la guerra abierta.
El ataque de EEUU e Israel
El 28 de febrero EEUU e Israel bombardearon a Irán, decenas de ciudades, asesinando a una parte importante del gobierno y los jefes militares, causando cientos de víctimas, entre ellas más de 100 niñas en una escuela.
Los bombardeos de EEUU e Israel se hicieron mientras se desarrollaban negociaciones entre EEUU e Irán y se hablaba de que estaba cercano un acuerdo. EEUU bombardeó mientras Irán estaba negociando.
El ataque de EEUU e Israel viola el Derecho Internacional, se hizo al margen de todos los organismos internacionales y no tiene justificación posible. El ataque en si es un crimen a la luz del derecho internacional, pero, además, cometieron crímenes de guerra por sus acciones concretas, como el citado bombardeo a una escuela.
En los ataques, EEUU e Israel, asesinaron al líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei; al secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Lariyani; y los ministros de Defensa e Inteligencia, Aziz Nasirzadé e Esmaeil Jatib, respectivamente, así como a Alí Mohamed Naini, portavoz del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica.
La respuesta iraní fue bombardear Israel, su afamado sistema de intercepción aérea de misiles fue repetidamente desbordado, así como a bases de EEUU en varios países de la región, tiene decenas, miles de soldados desplegados de forma permanente y una gran cantidad de armamento estacionado allí. En el transcurso de los enfrentamientos y bombardeos Irán logró derribar cazas de combate de EEUU, instalaciones de radares y otros aviones de combate.
Israel simultáneamente inició ataques en el sur del Líbano, bombardeando e invadiendo por tierra, enfrentando la resistencia de la milicia chiita Hezbolá.
Trump, exultante, anunció que la guerra iba a culminar en pocos días, que “el régimen iraní” estaba descabezado, su capacidad militar “devastada” y que habían eliminado complemente la posibilidad de que desarrollara una bomba nuclear. Dijo que el ataque era necesario porque Irán representaba una “amenaza inminente para la seguridad de EEUU”.
Con el correr de los días, Trump fue variando el discurso, en ocasiones varias veces en el mismo día, sobre los objetivos que perseguía con la guerra contra Irán, siempre manteniendo ambigüedad.
Hubo días en que anunció que la victoria era un hecho, que había un cambio de régimen, que el ejército “invencible e indetenible” de EEUU había golpeado tan duro que era cuestión de días la rendición total de Irán.
Un día después lanzaba un ultimátum a Irán, amenazándolo con “desatar el infierno”, si no se rendía y aceptaba las condiciones de EEUU. Hubo más de cinco ultimátum, todos acompañados de amenazas altisonantes. Ninguno se cumplió.
El que no fue para nada ambiguo, nunca, fue el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. El presidente de ultraderecha israelí insistió en calificar a Irán como una “amenaza existencial” para Israel y afirmó que tenía que producirse la destrucción total de ese país. También agregó que Israel iba a ocupar zonas del sur del Líbano, habló, él y varias figuras de su gobierno extremista, de un 10% del territorio libanés, para instalar una “zona de seguridad”. Algunos de sus ministros más recalcitrantes plantearon incluso que iban a hacer en el sur del Líbano “lo mismo que en Gaza”, refiriéndose sin tapujos al genocidio contra el pueblo palestino.
Irán recompuso su gobierno, mantuvo los ataques, utilizando drones y misiles de alta tecnología, demostrando que tenía bastante más reservas que las que EEUU e Israel creían y tomo una decisión clave: cerró el estrecho de Ormuz.
Esa decisión fue la verdaderamente estratégica. Por el estrecho de Ormuz pasa el 20% del petróleo del mundo y también una proporción muy importante de productos derivados del petróleo imprescindibles para la elaboración de fertilizantes.
El cierre no fue total, Irán permitió la circulación de los barcos que llevaban petróleo a China, su principal comprador, luego de las sanciones de EEUU contra su comercio de crudo.
El ataque de EEUU e Israel produjo entonces lo que la Agencia Internacional de Energía (AIE) calificó como “la mayor interrupción de suministro de petróleo de la historia reciente”. El petróleo subió a más de 100 dólares el barril, varios países tuvieron que aplicar restricciones e incluso se autorizó la liberación de reservas estratégicas en una dimensión inédita.
Como si lo anterior fuera poco, autoridades internacionales como el Programa Mundial de Alimentos advirtieron que la escasez de fertilizantes, de los que no hay reservas estratégicas a las que apelar como en el caso del petróleo, podría provocar un impacto en las cosechas y una crisis alimentaria, concretamente señalaron que 45 millones de personas podrían pasar hambre si la situación se sostenía en el tiempo.
De esa gravedad es la situación que enfrenta el mundo como consecuencia de esta guerra desatada por EEUU e Israel.
A lo que hay que agregar el peligro de la generalización del conflicto en la región y el riesgo de la escalada a la utilización de armamento nuclear, no por Irán que no tuvo ni tiene armamento nuclear, si no por EEUU e Israel, los países agresores que si lo tienen.
Es de esa gravedad lo que está ocurriendo.
¿Cómo llega Trump un mes después de haber desatado la guerra?
A pesar de su retórica triunfalista, sustentada en una catarata de mentiras diarias, Trump llega muy desgastado a estos días y la tregua, que quiso, una vez más, presentar como un triunfo, es en realidad una derrota. Netanyahu lo tiene claro, por eso la boicotea e intenta que se rompa.
Entre las muchas barbaridades que ha dicho Trump en este mes largo de guerra, llegó a afirmar que “los iraníes quieren que EEUU bombardee, están dispuestos a sufrir”.
En algunos momentos, preso de la desesperación que no pudo ocultar, reclamó vociferante: “Abran ese puto estrecho, locos bastardos”.
La realidad es que no ha podido cumplir ninguno de los objetivos, los que dijo, los que luego negó y luego volvió a plantear, ninguno. Irán está muy lejos de rendirse y desmoronarse y EEUU no ha logrado, ni con amenazas, ahora anunció que puede ponerles aranceles a los países que se no se sumaron a su guerra, antes amenazó con irse de la OTAN, el único que se adhirió in totum fue el inefable Javier Milei, pero parece que a Trump no le sirve de mucho, que lo acompañen en su aventura guerrista.
Sus argumentos sufrieron desmentidas muy duras en el propio EEUU. Joe Kent, director del Centro Nacional de Antiterrorismo de EEUU, renunció a su cargo el 17 de marzo y afirmó: “Irán no era una amenaza inminente y EEUU empezó esta guerra por presiones de Israel”.
El 19 de marzo, testimoniando en el Congreso de EEUU, la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, dijo que “el régimen iraní está degradado pero intacto” y agregó que “la capacidad nuclear iraní se había destruido” en los bombardeos de EEUU en 2025.
No son afirmaciones menores, pero además el propio Trump había dicho en 2025, después de bombardear las instalaciones del programa nuclear iraní, que ese país afirma que es pacífico, y nadie ha podido demostrar lo contrario, que la “destrucción fue total” y señalado que habían retrasado “décadas” la posibilidad de avance de Irán en ese terreno. Pues bien, apenas meses después, volvió a atacar a Irán porque “era una amenaza inminente”.
Como si no bastara con lo anterior, el 2 abril, el secretario de Guerra de EEUU (así renombró Trump a la anteriormente denominada secretaria de Defensa), Pete Hegseth, destituyó al jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Randy George, ordenando su jubilación inmediata, en medio de múltiples versiones de prensa sobre diferencias de la cúpula militar gringa con Trump. Las cosas no deben ir muy bien si tenés que destituir al jefe de tu estado mayor en medio de una guerra que iniciaste.
Antes había tenido que destituir a la directora del Departamento de Seguridad Nacional, Kristi Noem, responsable política del ICE y la represión a los migrantes, a raíz de las protestas masivas y los cuestionamientos, a quien recicló poniéndola al frente del Escudo de las Américas. El 2 de abril también destituyó a la fiscal general Pam Bondi, después de varios meses de reclamarle por su gestión del «caso Epstein» y por, según la visión de Trump, no perseguir judicialmente y procesar con la necesaria agresividad a sus enemigos políticos. Todo eso pasó en estos meses.
Adicionalmente, Trump enfrenta una dura oposición interna. El impacto combinado de los archivos Epstein, donde es mencionado más de dos mil veces; la represión brutal contra los migrantes; el incremento de los precios y el notorio empantanamiento en la guerra, arrojan caídas importantes en las encuestas, a pocos meses de las elecciones de medio término en EEUU.
El sábado 28 de marzo, en una nueva convocatoria del movimiento “No reyes”, se realizaron más de 3 mil movilizaciones que convocaron a más de 8 millones de personas en todos los estados de EEUU. La condena a la guerra fue central en las movilizaciones.
En la movilización que se hizo en Minneapolis, centro de resistencia a la represión del ICE contra los migrantes, el senador Bernie Sanders, dijo: “Unas cuantas de las personas más ricas del mundo quienes, en su avaricia insaciable, han tomado a nuestra economía…Nuestro sistema político… Nuestros medios… Nunca antes en la historia estadunidense unos pocos han tenido tanta riqueza y poder… con el uno por ciento más rico con más riqueza que el 93 por ciento de abajo”. Agregó que además de “luchar contra el autoritarismo y los oligarcas, se tiene que frenar el militarismo fuera de control tanto en casa… como en el extranjero”. Y aseveró que las movilizaciones del sábado 28 no marcan “el fin de nuestra lucha. Es sólo el inicio”.
Entonces, Trump, llega debilitado a este mes de guerra que desató y de la cual no sabe en realidad como salir sin que se note demasiado que no pudo lograr nada, salvo, claro está, destrucción y muerte.
La posible salida
En este panorama, geopolítico, económico, militar, de disputa interna, es que el miércoles 8 de abril, pocas horas después de que Trump anunciara que esa noche “toda una civilización morirá esta noche, para no volver jamás”, se anunció que se había alcanzado un acuerdo para un alto al fuego por dos semanas y que se abrirían negociaciones en Islamabad, la capital de Pakistán.
Lo que no se ha dicho mucho, es que la propuesta para generar ese alto al fuego, es iniciativa conjunta de Pakistán y de China.
Como informó el diario español Público, el jueves 2 de abril, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Mao Ning, reafirmó esa voluntad de mediación para restablecer la paz y la estabilidad en el estrecho de Ormuz y el resto de Oriente Medio. Según Mao, la prioridad era «detener las operaciones militares lo antes posible», pues solo con esa tregua se podrá garantizar la navegación segura por el estrecho de Ormuz (por donde circula el 20% del petróleo del planeta) y así recuperar el pulso de la economía internacional. La portavoz de Exteriores recordó que la iniciativa de cinco puntos de China y Pakistán busca el consenso internacional y «está abierta a todo el mundo». El martes 31 de marzo, el ministro de Asuntos Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, visitó Pekín para remachar el contenido del plan con su homólogo chino, Wang Yi.
Entre otros aspectos, la iniciativa sino-pakistaní pidió el alto el fuego y el fin de los ataques mutuos a las infraestructuras energéticas, la apertura de negociaciones inmediatas que garanticen la seguridad y soberanía de los Estados del Golfo Pérsico, incluido Irán, el fin de los bloqueos en el estrecho de Ormuz, con la garantía de la libre navegación, y un armisticio basado en la Carta de Naciones Unidas y la legislación internacional.
Todo esto, como decíamos, fue puesto en entredicho por la interpretación del alto fuego contradictoria que han hecho EEUU e Irán, y, sobre todo, por la expresa intención de Israel de hacerlo saltar por los aires.
Pero hay una posibilidad de salida, que aleje, aunque sea por ahora, el peligro de una escalada nuclear, evite más muertes y destrucción y un agravamiento del impacto económico, energético y alimenticio sobre el conjunto del mundo.
En América Latina, la casi única voz que se ha elevado condenando el ataque a Irán, diciendo que los argumentos de EEUU sobre la posibilidad de que el país persa desarrolle una bomba atómica “son mentira” y reclamando acciones a la ONU para encontrar un camino de salida diplomático y de paz, fue el presidente de Brasil, Luis Inácio Lula Da Silva.
Un último apunte, Trump tenía prevista una visita a China en abril, fue suspendida por la guerra que desató, quedó programada para mayo, es otro factor para tener en cuenta. El régimen trumpista se esforzará para que su jefe no llegue tan debilitado a la cita con Xi Jinping, parece difícil que lo logren.
En todo caso, lo central, es la defensa de la paz, la condena a las agresiones unilaterales, la no aceptación de la mentira, la no naturalización de que la conducta criminal de estados criminales sea la norma que se imponga en el mundo.
Fuentes consultadas: Democracy Now, La Jornada, Público.es, The New York Times, The Independent, The Guardian, Portal Vermelho y Agencias.






















