Este miércoles el Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos (SUNCA) realizó una enorme movilización nacional con el objetivo de superar el estancamiento de la negociación en el Consejo de Salarios que tiene como causa la negativa de las patronales a acordar un nuevo Convenio Colectivo.
La enorme movilización, que recorrió la Ciudad Vieja y el Centro de Montevideo, desde el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social hasta el acto que se realizó frente a la sede de la Cámara de la Construcción, no dejó a nadie indiferente.
Miles de obreras y obreros con sus uniformes de trabajo, portando miles de banderas rojas del SUNCA y una gigantesca bandera uruguaya, llenaron de compromiso y combatividad varias cuadras. En el acto la multitud abigarrada cubría Soriano de vereda a vereda desde Martínez Trueba hasta Yaguarón.
Lo primero a destacar entonces es la enorme respuesta a la convocatoria del SUNCA, una vez más. Pararon más de mil obras en todo el país y se movilizaron miles de obreras y obreros en respaldo al SUNCA y a la plataforma planteada en el Consejo de Salarios.
Es importante detenerse un momento en destacar el método de un sindicato histórico en su lucha y en la manera de entender y practicar la Negociación Colectiva.
La Negociación Colectiva y su ámbito más importante, aunque no único, los Consejos de Salarios no son un regalo de nadie, no son una concesión del Estado y menos de las patronales, fueron conquistadas con lucha y en un proceso histórico más que centenario. Expresan esa acumulación histórica de lucha popular y de avance democrático de toda la sociedad.
En los Consejos de Salarios hay varios niveles posibles de resolución de las contradicciones de los intereses de clase, que es eso y no otra cosa lo que allí se expresa, el Convenio Colectivo, el acuerdo bipartito, el decreto del Poder Ejecutivo, son algunas de ellas.
No es por capricho que los sindicatos luchan por la concreción de un Convenio Colectivo, este implica el acuerdo tripartito, del sindicato, de las cámaras empresariales y del gobierno y posibilita una densidad democrática mayor en lo que se resuelva, además del salario se contemplan categorías, disposiciones que tienen que ver con la organización del trabajo, las categorías, acceso al trabajo, salud y seguridad laboral, formación profesional y capacitación, licencias por enfermedad, por maternidad, por estudio, disposiciones especiales para la desigualdad de género, para los jóvenes, para los trabajadores de más edad. Los convenios colectivos han sido y son herramientas muy importantes para refrendar, con fuerza legal, avances en las condiciones de trabajo, de la seguridad laboral y en otros aspectos centrales de lo referido al trabajo, que se conquistaron en un gremio o en varios y luego encontraron expresión general a través de leyes.
Si se resuelve por decreto del Poder Ejecutivo la resolución queda acotada al salario y lo demás queda librado a negociaciones posteriores, siempre parciales o directamente excluido.
La lucha del SUNCA entonces, que como se expresó claramente el miércoles tiene como primer gran objetivo que haya Convenio Colectivo en la construcción y en las ramas anexas, es una lucha de profundo contenido democrático y hace a la dimensión real de la democracia y su avance.
En la última ronda de Consejos de Salarios, la más grande de la historia, hubo más de un 80% de acuerdos en las mesas de negociación y, por lo tanto, un nivel muy importante de Convenios Colectivos, que están vigentes.
No hay ninguna razón, salvo la intransigencia de las patronales o la decisión política, si política, de estas de frenar esa tendencia de avance, de cortar la profundización de la negociación colectiva y las conquistas obreras a través de ella.
No es un tema menor que haya Convenio Colectivo o no en la construcción.
Tampoco es menor la plataforma que se está discutiendo en el Consejo de Salarios de la Construcción, tiene aspectos de enorme relevancia: la democratización del acceso al trabajo, para los obreros de más edad, las mujeres jefas de hogar, las personas con discapacidad; medidas para atender los problemas de salud mental; para avanzar en la seguridad en el trabajo; por supuesto aspectos salariales que tienen que ver con que se distribuya mejor la riqueza generada en un sector de gran pujanza y que recibe del Estado importantes apoyos, ya sea a través de exoneraciones a la inversión o de los recursos invertidos en obra pública. Todo lo anterior es muy importante, porque su resolución positiva impactará en la mejora de la calidad de vida de miles de obreras y obreros y sus familias.
Pero a nadie se le escapa, a las patronales y a los medios que responden a sus intereses tampoco, que un punto central de esta negociación actual es la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales sin pérdida de salario.
Este reclamo, histórico, la reducción de la jornada laboral tiene tanto recorrido histórico como que fue el centro de la lucha de los Mártires de Chicago en el Siglo XIX, siempre fue justo, pero lo es mucho más en el mundo de hoy donde los avances tecnológicos enormes elevan la productividad del trabajo, reducen los tiempos de realización del mismo y por lo tanto elevan las ganancias de las patronales. Esto es particularmente claro en la construcción, en los tiempos de finalización de las obras y un largo etcétera.
Se trata de un reclamo que hace a la salud de las y los obreros, a sus condiciones de trabajo y de vida y también a la distribución más justa de la riqueza generada a partir de la aplicación de avances tecnológicos que son fruto del esfuerzo de toda la sociedad.
La reducción de la jornada laboral está en discusión en nuestro continente y en el mundo, está aplicándose en Chile, se está discutiendo en Brasil y tuvo un importante respaldo en el parlamento de ese país, también en México, se ha aplicado en varios países de Europa, entre ellos España, desde la década del 80 del siglo pasado. En Uruguay hay varios gremios, públicos y privados que han conquistado, precisamente en Convenios Colectivos, reducciones de la jornada de trabajo. Entre ellos el propio SUNCA que pasó de 48 a 44 y lo hizo por un Convenio Colectivo.
Los augurios fatalistas de las patronales y sus voceros políticos y mediáticos de que se vendrían todas las tragedias imaginables si esto se aplica, han demostrado ser falsos, siempre fueron desmentidos por la realidad. Que la reducción de la jornada laboral genera que huyan las inversiones, que haya menos empleo y que caigan los salarios, fue mentir en el Siglo XIX, fue mentir cuando se votó, a principios del Siglo XX en nuestro país la ley de 8 horas, fue mentira cuando 100 años después se extendieron las 8 horas a los trabajadores rurales que habían quedado excluidos debido al lobby de las patronales agropecuarias y es mentira hoy.
Por estas razones, la defensa de la negociación colectiva y en especial de los convenios colectivos como elementos de profundización democrática y de construcción de igualdad y la conquista en un segmento muy importante de la economía y del trabajo en Uruguay de una reducción de la jornada laboral, la lucha del SUNCA y la resolución que tenga este conflicto tiene un impacto general sobre la lucha de las y los trabajadores y sobre el proceso de transformación social todo.
El SUNCA recorre este camino fortaleciendo la organización, construyendo su unidad, discutiendo y resolviendo democráticamente con la participación de miles, haciendo que miles participen de la conducción del conflicto prácticamente y también sin romper nunca el diálogo y la búsqueda de síntesis de avances, es que la negociación es parte de la lucha sindical y popular. La lucha del SUNCA tiene componentes reivindicativos, programáticos y profundamente democráticos.
Por todo ello hay que destacar la movilización del SUNCA y rodear de solidaridad este conflicto, cuya dilucidación tendrá un impacto, como decíamos, sobre el conjunto de las y los trabajadores y también sobre el conjunto del proceso de transformación social y la lucha del bloque político y social de los cambios.























