Por Daniel Dalmao (*)
En realidad, esos días corresponden a la etapa final porque, los frenteamplistas “ya están de Congreso”. Meses antes trabajaron comisiones integradas por delegados de bases y de los sectores elaborando un documento base de discusión que fue aprobado por el Plenario Nacional el 8 de agosto pasado. Ahora los Comités de Base están realizando las asambleas de discusión que además elegirán a sus delegados al Congreso. En los congresos frenteamplistas el protagonismo es fundamentalmente de las bases. Esto se define desde su integración ya que para participar en dicha instancia hay que ser integrante del Plenario Nacional, que está compuesto en partes iguales por delegados de bases y de sectores, o ser electo por su Comité como delegado, lo que implica haber participado en las asambleas pre congresales. ¿Qué otro partido en este país toma sus decisiones fundamentales con este nivel de participación?
El documento que está a consideración de los y las frenteamplistas se compone de una Introducción y cuatro capítulos: I Coyuntura Internacional; II Balance a partir del Congreso 50 Años de Unidad; III Estrategia política y línea programática para el ciclo progresista y IV Rol de la fuerza política. Nosotros estaremos considerando, en esta y dos columnas siguientes, lo correspondiente a la situación internacional.
El Capítulo I tiene a su vez dos apartados: 1.1 “El escenario global y regional” y 1.2 “La posición del Frente Amplio”. En el primero de ellos se hace un “Análisis de las tensiones geopolíticas actuales y la reconfiguración del poder global”.
Allí, en el numeral 8 leemos: “El capitalismo global atraviesa una crisis caracterizada por: el predominio de lo financiero sobre lo productivo; una concentración extrema de la riqueza en permanente aumento; la agudización de las desigualdades y un deterioro de la gobernanza global con sus consecuentes amenazas para la paz, y la integración de los pueblos. Esta fase se sostiene mediante la explotación sistemática de la fuerza de trabajo mundial y la extracción de recursos naturales en el sur global”…Y en el 9: “Presenciamos uno de los momentos de mayor concentración de la riqueza a nivel global donde el 1% más rico posee más riqueza que el 95% de la población más pobre y posee el 43% de todos los activos financieros mundiales”. A esta obscena situación de desigualdad nos ha traído la imposición del libre mercado mundial y de la circulación sin límites del capital financiero, la especulación y la timba de los mercados bursátiles.
En los tiempos que vivimos es notorio el declive del imperio norteamericano y el ascenso de otras potencias mundiales. Esto no quiere decir que la caída de dicho imperio esté a la vuelta de la esquina, tampoco que miren pasar pasivamente su desplazamiento. Sí es cierto que esta situación lo torna extremadamente peligroso y que sus medidas traen consigo dolor y sufrimiento para muchos.
El numeral 10 del documento deja explicitada parte de esto: “Estados Unidos y los centros del capital transnacional, ante la pérdida de su hegemonía económica frente a potencias emergentes como China, Rusia e India y el surgimiento de un mundo unipolar, recurren de manera cada vez más agresiva a la fuerza coercitiva para asegurar su poder y el control de las materias primas y los mercados energéticos estratégicos”.
El derrumbe de la ex Unión Soviética y el consecuente freno de la construcción del socialismo en gran parte de los países que habían emprendido ese camino dieron lugar al surgimiento de los Estados Unidos como la potencia hegemónica en un mundo unipolar. A su vez, producto de la lógica del propio sistema capitalista y de la ambición de los grandes capitales financieros por aumentar sus ganancias, se fue dando un desplazamiento de la producción industrial hacia determinados lugares fuera del llamado “primer mundo”. Esto generó un espacio propicio para el proceso de reformas profundas que encaró la Revolución China a partir de 1978. Hoy, a casi 50 años de ese giro histórico, china muestra un impetuoso desarrollo que la convirtió en una potencia mundial superando en muchos aspectos a los EE.UU. Esto, conjuntamente con la emergencia de otras potencias y la necesidad de un desarrollo más equitativo para el resto del mundo demanda otra organización del orden mundial.
El numeral 15 constata que: “Ante el avance de la multipolaridad la respuesta del imperialismo estadounidense se traduce en una escalada global autoritaria y violenta. Este despliegue genera devastadoras consecuencias materiales y humanitarias, al tiempo que promueve discursos de odio y discriminación. La ofensiva de Washington abarca múltiples frentes: desde el asedio y la imposición de guerras a países como Irán, la intervención militar en Venezuela, la asfixia de víveres con el bloqueo y el cerco energético a Cuba hasta ser el soporte fundamental del genocidio contra el pueblo palestino por parte del gobierno de Israel… Esta estrategia de desestabilización se completa con la injerencia política en procesos electorales de América Latina-como en Honduras, Chile, Perú y recientemente Colombia-, mediante la configuración de prácticas coercitivas y militaristas hacia los pueblos que defienden su libre determinación”.
La injerencia a que se refiere el párrafo anterior se expresó, por ejemplo, en Argentina en las elecciones de medio término dejando claro que, si no ganaba Milei no habría ayuda económica, no llegarían los préstamos salvadores. Y ganó el libertario. En Honduras el apoyo al ultraderechista hoy presidente, Nasry Asfura, fue descarada. En ese caso se dio además un hecho contradictorio a todas luces con la supuesta política de lucha contra el narcotráfico; Trump liberó mediante indulto al ex presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, que estaba preso en EEUU purgando una condena de 45 años por cargos de narcotráfico y conspiración para importar cocaína.
Según el numeral 20 “corresponde señalar que el genocidio en Gaza y Cisjordania responde a un proceso histórico de colonialismo y asentamientos a cargo del gobierno de Israel, respaldado por las dinámicas del imperialismo norteamericano”. Por tanto es necesario una mirada más larga sobre la historia en ese territorio, no todo comenzó el 7 de octubre de 2023 cuando la organización Hamas atacó produciendo muertes y secuestros de civiles israelíes. Por lo menos habría que ir hasta el año 1947 cuando la ONU decide la partición en dos de la antigua Palestina creando el Estado de Israel e incluso más, a fines del siglo XIX, momento del nacimiento del movimiento sionista. Son muchísimas décadas ya de desplazamiento de la población palestina, de destrucción, de robos y de asesinatos.
En el 21, refiriéndose a la respuesta de Israel posterior al 7 de octubre, el documento dice que: “La masacre de más de 70.000 personas en la Franja, donde las infancias y las mujeres representan el 70% de las víctimas, constituye la expresión más cruel del sistema”.
Respecto a esta situación, como también a otras del ámbito internacional, han sido notorias las diferencias entre las posturas por un lado del gobierno y por otro las de la fuerza política. Esto ha generado un estado de profunda preocupación y también de desánimo en buena parte de la militancia frenteamplista. Por eso parece muy acertado que en el 23 se recuerde que: “El Frente Amplio ha definido la masacre en Gaza, al igual que otros partidos y gobiernos del mundo, como un genocidio. Se observa, al respecto, la necesidad de alcanzar una mayor precisión y dinamismo por parte del Gobierno nacional en la fijación de su postura ante la comunidad internacional”. Quizá podríamos decir, “mayor correspondencia de las posturas del Gobierno con la sensibilidad histórica y actual del FA, fuerza política que conquistó este gobierno”.
(*) Comisión de Relaciones Internacionales del PCU.





















