Ilustración tomada de revistas científicas.

La posverdad en el discurso de la extrema derecha

Los problemas ambientales desde una perspectiva de izquierda. II. Cambio climático, terraplanismo y derechas extremas.

Por José Paruelo (*).

El neoliberalismo o sus variantes neofascistas muestran una actitud contradictoria frente a la Ciencia. Por un lado, festejan las soluciones tecnocráticas, los aumentos de productividad asociados a los desarrollos tecnológicos, el tecno-belicismo o las oportunidades de negocio asociadas a innovaciones en biotecnología, IA y robótica. Por otro, desprecian y combaten el conocimiento, aún aquel que hace posible sus delirios tecnológicos. Elon Musk promovió la destrucción del sistema estatal de Ciencia de los EEUU mientras sueña que sus empresas conquistan el espacio. Esto lo hace sin despeinarse por la contradicción que plantea.

La Ciencia es percibida por estos sectores como un proceso de provisión de tecnologías y de cuadros técnicos (los intelectuales orgánicos de los que hablaba Gramsci). El grado de “ilustración” de las fuerzas de derecha, define la disposición a pagar por el mantenimiento y crecimiento de ese sistema. Las versiones más oscurantistas de la derecha (por ejemplo Milei en Argentina), tienen un marcado rechazo a destinar recursos siquiera al mantenimiento más básico del sistema científico.     

Negar las evidencias que aporta la Ciencia es una actitud frecuente de las ultraderechas. En última instancia esas corrientes ideológicas rechazan el “Iluminismo”, o sea la defensa de la razón y el conocimiento como motores de progreso humano. La idea de “posverdad” describe situaciones en la que los hechos objetivos tienen menos influencia en la formación de la opinión pública que las emociones, creencias personales o afirmaciones que apelan a sentimientos y prejuicios. La “posverdad” se ha vuelto una herramienta frecuente y, lamentablemente, muy efectiva para la ultraderecha. En la pandemia del COVID-19 quedó muy claro que la “posverdad” no es inocua, por el contrario, se cobró vidas humanas. Solemos referirnos a la posverdad o al negacionismo de las evidencias que aporta la Ciencia  como “terraplanismo”. La forma literal del terraplanismo es un síntoma grave de cosas que están ocurriendo en la sociedad, pero es relativamente inocua en cuanto a sus consecuencias prácticas. En verdad, nadie toma una decisión o promueve una política asumiendo que la Tierra es plana. Sin embargo, hay manifestaciones de la actitud  “terraplanista” que son letales y que generan consecuencias irreversibles. Los movimientos “anti-vacunas” son un ejemplo. Más allá de la enorme importancia de las temáticas asociadas a la salud humana, me referiré en este texto a otra de las manifestaciones del “terraplanismo”, el negacionismo del cambio climático.

El cambio climático

El cambio climático (CC) es una realidad ya instalada y plantea, quizás, el mayor desafío que enfrentamos como Humanidad. Es uno de los límites planetarios de los que hablamos en el anterior artículo (EL POPULAR 789 https://elpopular.uy/los-problemas-ambientales-desde-una-perspectiva-de-izquierda/ ). El CC hace referencia a las alteraciones significativas y prolongadas en el comportamiento del clima a nivel de todo el planeta o de algunas regiones. El CC actual se caracteriza por un aumento de la temperatura global, cambios en los regímenes de lluvias, derretimiento de glaciares, aumentos en el nivel del mar y eventos climáticos más intensos y frecuentes (huracanes, sequías, incendios). Estos procesos, particularmente su aceleración, dieron comienzo a principios del siglo XIX cuando en Inglaterra comenzó la quema de grandes cantidades de carbón para alimentar el modelo industrial que caracterizó la expansión capitalista. 

El CC es una amenaza multidimensional con impactos sobre el ambiente (altera el hábitat de muchas especies provocando extinciones y, consecuentemente pérdida de la biodiversidad; promueve la acidificación de océanos afectando pesquerías, etc.), sobre la seguridad alimentaria (sequías e inundaciones que reducen cosechas) y también en la salud (olas de calor o expansión de enfermedades como el dengue o la malaria). EL CC ha generado ya «refugiados climáticos» en zonas que se vuelven inhabitables (ejemplo algunas islas del Pacífico). Los costos asociados a los desastres naturales (incendios, huracanes, inundaciones), son enormes, tanto en vidas humanas como en infraestructura. 

El consenso científico en torno al cambio climático es abrumador. Los registros climáticos y los datos satelitales muestran aumentos de casi 1.5°C en la temperatura media del planeta desde 1880. El IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) es un ámbito que reúne a miles de científicos bajo el paraguas de la ONU. Sus informes confirman que el CC es «inequívoco y causado por humanos». 

Un elemento clave del CC es el «calentamiento global”, impulsado por el incremento de gases con efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, como el dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4). Estos gases retienen el calor que emite la Tierra, tal como ocurre en un invernáculo o en un auto que queda estacionado al sol en un día de verano con los vidrios cerrados. Es verdad, como sostienen los negacionistas del CC, que el clima ha fluctuado a lo largo de la historia de la Tierra, mucho antes de que los humanos estuviéramos presentes. Variaciones en la órbita terrestre, erupciones volcánicas, y otras causas naturales modificaron el clima y produjeron, por ejemplo, glaciaciones. Sin embargo, la velocidad y magnitud de esos cambios fue mucho menor a la que se observa en el presente. ¿Qué factores nuevos explican esa aceleración? Varios, pero la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), que se aceleró exponencialmente con la Revolución Industrial, es la principal causa. Al quemar esos combustibles se ponen cantidades enormes de dióxido de carbono en la atmosfera.  El  registro de la concentración de CO2 en la atmosfera muestra que en 2025 se alcanzó el nivel más alto en los últimos 3 millones de años (si, si, se ha podido estudiar lo que pasaba en la atmosfera hace millones de años analizando burbujas de aire atrapadas en el hielo de los polos). La quema de combustibles es el gran responsable del aumento de la concentración de GEI,  cerca del 85% de las emisiones provienen de esa fuente. Otros factores, como la deforestación, asociada a la expansión de la agricultura industrial, o las emisiones de metano por parte de la ganadería, dan cuenta del resto. 

Cambio Climático, ideología e intereses

Aceptar que el CC resulta del aumento de GEI en la atmosfera, y que eso es consecuencia de las actividades humanas, es muy importante. No es un acto de fe, es lo que la evidencia científica nos muestra de manera incontrastable. Aceptar eso establece una primera línea: la que nos separa del negacionismo climático. Ese negacionismo cuestiona las evidencias científicas y aduce una supuesta conspiración en contra de la “libertad individual”.  

Operar sobre el CC requiere planificación y coordinación internacional. La derecha extrema se opone a esto por cuestiones ideológicas. Pero los relatos negacionistas no tienen sólo una base ideológica: están directamente ligados a intereses económicos. No casualmente detrás de la financiación de los esfuerzos por desacreditar los argumentos de quienes advierten sobre la gravedad de los CC están las grandes empresas ligadas a la explotación de hidrocarburos. Negar el CC no es más que otra estrategia para defender intereses y privilegios.  

(*) Ingeniero Agrónomo, Universidad de Buenos Aires y Doctor en Ecología, Colorado State University.

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