Entre el 29 de setiembre y el 1º de octubre de 1966 se realizó el Congreso de Unificación de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), en el que se aprobó su estatuto. Es decir, cuando se escribe este editorial se cumplen 60 años de la concreción de la unidad sindical, del nacimiento de la central única de trabajadores y trabajadoras del Uruguay. Se conmemoran 60 años de unidad que cambiaron al Uruguay, para bien.
La concreción de la unidad sindical en una sola central implicó una conquista estratégica para las y los trabajadores y para todo el movimiento popular. Un salto en calidad en el proceso de acumulación de fuerzas del pueblo hacia su emancipación.
Fue importante, en primerísimo lugar para las y los trabajadores, para hacer valer sus derechos, para avanzar en sus reivindicaciones, y más aún, para pesar más e influir más como clase en la escena nacional.
Pero también fue una contribución fundamental al proceso de unidad de todo el movimiento popular. Fue un paso histórico, que aún hoy es decisivo, para la unidad y el fortalecimiento de todo el bloque histórico, político y social, democrático y radical de los cambios, como lo definimos ahora.
Ese Congreso de Unificación fue el resultado de décadas de luchas obreras, se construyó en el debate, sí, pero sobre todo en la lucha, en la solidaridad con los conflictos, de los sindicatos aún divididos, en la solidaridad internacionalista y antimperialista, en la confluencia programática y en la experiencia de organización común.
La unidad no fue un proceso por arriba, protagonizado por dirigentes, que obviamente jugaron un gran papel, el valor enorme del proceso de unidad del que surgió la CNT y en gran medida el principal sostén del mismo hasta la actualidad, es que fue un proceso de miles, abrazado y construido por miles, dio respuesta a una necesidad de clase y expresó un avance en conciencia de miles de obreras y obreros, que lo realizaron de la única manera posible: con la experiencia concreta de lucha y organización de miles.
Decimos que es una respuesta a una necesidad de clase y tiene un contenido de clase porque la unidad, desde esa perspectiva, es imprescindible, ya que la sociedad coloca a los obreros en inferioridad de condiciones para defender sus derechos, porque los obliga a actuar de forma individual en el mundo del trabajo ante el poder del capital. El sindicato es una respuesta de clase para responder a esa desigualdad construyendo herramientas colectivas.
Pero la unidad es un nivel superior de esa perspectiva de clase. Unidad de sindicatos de empresa, de base, para luchar mejor por las reivindicaciones. Unidad en sindicatos por rama, para potenciar aún más la lucha reivindicativa e incorporar conocimiento de ramas enteras de producción y elevar los reclamos y planteos al plano programático. Unidad en una central única para conocer e incorporar una mirada obrera a toda la problemática nacional, construir un programa alternativo de país al de las clases dominantes y elevar el peso de la perspectiva de clase, el peso de la clase, en el conjunto de la sociedad. Es todo eso la unidad y todo eso hubo que construir, aunque a veces se diga poco.
Las formas de la organización obrera respondieron y responden a los desafíos concretos que plantean las formas concretas de lucha en cada momento y lugar. Por eso los Consejos de Salario (cuya existencia también es fruto de décadas de lucha obrera, en particular de un conflicto de los sindicatos de la construcción en la década del 30 del siglo pasado que conquistan la negociación colectiva y plantean que se generalice para todos los trabajadores y de allí surge la Ley de Consejo de Salario, luego de años de trabajo de una Comisión del Parlamento) fueron una herramienta que permitió extender la organización sindical y avanzar en procesos de unidad en sindicatos por rama, herramientas más fuertes que los sindicatos de empresa. Ese proceso, de lucha, concreto, y la respuesta organizativa de los trabajadores al mismo, fue también un impulso al proceso de unidad.
Hay otro componente importante, el compromiso con la democracia y con la libertad de las y los trabajadores uruguayos. En 1964 la oligarquía brasileña y el imperialismo yanqui dan un Golpe de Estado en Brasil. Aquí en Uruguay sectores fascistas de la oligarquía y del Ejército buscan repicarlo. Ante esa realidad las y los sindicatos uruguayos, aún divididos, aún en proceso de unificación, deciden que ante un Golpe de Estado la respuesta será una huelga general con ocupación de los lugares de trabajo. Es decir, el enfrentamiento al autoritarismo y la represión, la defensa de la democracia y la libertad, fueron elementos fundantes de la unidad obrera. No hay que dejar que se olvide, ni un segundo.
Otro elemento más es el programa, la unidad se forjó en torno a un programa, a una posición ante el país y ante el mundo. La CNT al nacer hizo suyo el programa del Congreso del Pueblo, otro elemento fundamental de la unidad y característica del movimiento sindical uruguayo es su vocación unitaria con todo el pueblo y sus organizaciones, alejado de cualquier estrechez o corporativismo.
Se ha escrito mucho sobre el proceso de unidad sindical en nuestro país y sobre la historia del movimiento obrero, pero aún falta mucho. Fueron y son muy importantes los aportes de Francisco Pintos, Enrique Rodríguez, Rosario Pietraroia, Juan Ángel Toledo, Vladimir Turiansky, Héctor Rodríguez, Rodrigo Arocena, Universindo Rodríguez y Rodolfo Porrini, entre muchos otros. En sus libros, artículos y ensayos, está documentado y analizado, desde diferentes miradas, el largo proceso que llevó a la unidad.
En este editorial, más que hacer un recorrido cronológico por estos 60 años, queremos colocar algunas reflexiones sobre los factores que impulsaron la unidad y que mantienen hoy absoluta vigencia.
Solamente hay que señalar que la clase obrera, el movimiento sindical, cumplieron con su compromiso con la libertad. Ante el golpe de Estado de 1973 protagonizar la gesta heroica de la Huelga General y luego la resistencia a la dictadura, cada día, cada minuto. Hubo luchas y hubo organización, aún ante la barbarie fascista. Hubo defensa del 1º de Mayo, cuando la dictadura lo quiso cambiar de día en 1980. Hubo protagonismo central para contribuir a la victoria popular del NO de 1980. Y hubo decisión y valentía para encabezar la ofensiva de masas que derrotó al fascismo con el 1º de Mayo de 1983.
Para aquilatar la proyección histórica del nacimiento de la CNT basta leer algunos pasajes de su estatuto.
“La CNT expresa en su unidad orgánica que la clase trabajadora de la nación realizará sus objetivos inmediatos e históricos y la defensa integral, incondicional y permanente de las libertades sindicales y públicas y de las reivindicaciones económicas, sociales y laborales de los trabajadores de la ciudad y del campo”, dice el texto aprobado hace 60 años.
En la definición de principios indica: “Es principio fundamental de la CNT la tutela y constante defensa de los intereses generales y particulares de todos los trabajadores del Uruguay, así como del conjunto de nuestro pueblo”.
Y agrega: “Para cumplir su cometido específico, la CNT funcionará asegurando en todo momento la más amplia democracia sindical para todos sus integrantes, su independencia frente a: el Estado, los patrones, los partidos políticos y las sectas religiosas y filosóficas sin perjuicio de lo anterior respetará las convicciones ideológicas, políticas y religiosas que personalmente sustenten los afiliados a las organizaciones sindicales aquí integradas. Se asegurará permanentemente en forma interna el derecho a le crítica y autocrítica”.
La voluntad de contribuir con su unidad a la unidad del pueblo está escrita negro sobre blanco: “Estrechará filas y se vinculará en un frente común con todos los movimientos y organizaciones populares y estudiantiles, pero siempre dentro de sus principios, programas y normas estatutarias. A esos efectos la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay tendrá derecho a voz ante la Mesa Representativa de la CNT”. Esto último también es una singularidad uruguaya, no existe otro caso en el mundo en que una central sindical integre al movimiento estudiantil a su dirección y lo refrende en su estatuto.
Finalmente expresa con claridad una perspectiva de clase y el valor que se le da al programa: “En lucha por una sociedad sin explotados ni explotadores la CNT, se ajustará al programa aprobado por el Congreso de Unificación Sindical”.
Hace 60 años, miles de obreras y obreros, encabezados por dirigentes con un enorme compromiso de clase, entre los que hay que recordar, por hacer justicia a su papel, a José “Pepe” D´Elia, primer presidente, dirigente histórico de la clase obrera uruguaya y constructor permanente de unidad, dieron un paso histórico cuyo impacto se siente hasta hoy se proyecta hacia el futuro.
Salud a la clase obrera uruguaya, a su historia, a su presente. La unidad es una conquista histórica, hay que cultivarla, construirla, defenderla y desarrollarla, las luchas del presente y, sobre todo, un futuro sin explotación, la necesitan.





















