Parada de ómnibus en la esquina de Daniel Muñoz y Acevedo Díaz el pasado mes de marzo. Foto: Ricardo Antúnez / adhocFOTOS.

Cambiar la movilidad para revolucionar Montevideo

Rodrigo Gorga y Gonzalo Samudio (*)
Las propuestas programáticas del Frente Amplio y Verónica Piñeiro en movilidad.

La movilidad se ha consolidado como uno de los ejes programáticos centrales en la campaña hacia las elecciones departamentales. A diferencia del debate sobre la limpieza, que logró estructurarse con claridad en la opinión pública, la discusión sobre el transporte se presenta más compleja y menos nítida. Este artículo propone repasar las distintas propuestas en este campo como una sinécdoque del proyecto de ciudad que está en juego este domingo.

No es casualidad que el tema movilidad aparezca en la campaña, su importancia no es menor: está directamente vinculada al bienestar cotidiano de la población y al goce y acceso igualitario a derechos fundamentales. Además, implica enfrentar reformas de gran importancia y costo, que moldearán la Montevideo del futuro.

Es posible afirmar que el modelo sobre el que se estructura la movilidad en Montevideo enfrenta grandes desafíos que abarcan aspectos financieros, sociales y ambientales. Si bien es un proceso que afecta a todas las ciudades urbanas en crecimiento, como es el área metropolitana, Montevideo aún no ha procesado las modificaciones necesarias en su sistema de transporte, incluso cuando los efectos de la pandemia de COVID-19 los hacen hoy impostergables.

Si se observan rápidamente las propuestas en el área movilidad del candidato de la Coalición Republicana, Martín Lema, y las que se incluyen en el Programa Único de los tres candidatos del Frente Amplio, pueden encontrarse muchas coincidencias —en particular en las medidas concretas para mejorar la eficiencia del transporte público. Pero que esto no nos engañe.

Más allá del diagnóstico
La situación de crisis puede volver evidentes algunos aspectos técnicos a modificar, y sobre ellos se puede generar un consenso parcial entre las distintas propuestas políticas. Sin embargo, la discusión no se limita al diagnóstico ni al menú de medidas: el punto clave está en la estrategia que debe orientar la acción pública. En el programa del Frente Amplio, y en particular en los énfasis impulsados por la candidata Verónica Piñeiro, la gestión de la movilidad se asume en clave de derechos, y no como un mercado donde primen los intereses comerciales.

Uno de los principales problemas que presenta la movilidad en la capital es el crecimiento del parque automotor individual, que ha triunfado sobre las otras opciones de transporte. La caída en el precio de los vehículos privados y las mayores facilidades de acceso han generado un incremento sostenido en la cantidad de autos en circulación, con consecuencias negativas para toda la ciudad: congestión del tránsito, contaminación del aire y ruido. Esto es aún peor para aquellos sectores de la población que no pueden acceder al automóvil y que, además de esos perjuicios generales, sufren un enlentecimiento de sus traslados en el transporte público, especialmente en horas pico.
El sistema de transporte público ha perdido atractivo. La caída en la venta de boletos —que se arrastra desde la década del 90— ha aumentado la presión financiera sobre un sistema ya sostenido por importantes subsidios públicos.

Algunas coincidencias técnicas pero diferencias estratégicas
Ambos programas comparten un diagnóstico general y plantean medidas para mejorar el atractivo del transporte público: aumentar la velocidad de los viajes, usar tecnología para optimizar el servicio, mejorar la infraestructura. Pero pronto aparecen las diferencias. El Frente Amplio propone, además, “instrumentar medidas que desestimulan el uso del vehículo particular”, mientras que para Lema esta es “una estrategia equivocada que solo resultará en una pérdida de calidad de vida para todos”, porque —según su enfoque— el ciudadano es libre de esforzarse para facilitar su locomoción, ponderando esa libertad individual por sobre sus impactos colectivos.

Pero el problema no se reduce a cuestiones técnicas. El Frente Amplio también plantea un conjunto de transformaciones en la regulación y el gobierno del sistema de transporte como condición necesaria para que las mejoras puedan implementarse. Esto incluye fortalecer al gobierno departamental en su rol de regulador, con capacidad de decisión sobre todo el sistema: el transporte público, su articulación con otros modos, su relación con el gobierno nacional y con las empresas privadas.

Este punto es clave. Las decisiones estratégicas deben orientarse por el principio de equidad y bienestar colectivo, incluso si eso entra en tensión con intereses empresariales. La acción pública debe estar por encima de la influencia de empresas privadas, especialmente en un sistema donde algunas concentran poder y condicionan decisiones clave.

Uno de los desafíos más urgentes es reducir los tiempos de traslado. Para lograrlo, se necesita un rediseño integral de la red desde una perspectiva pública que supere la lógica de mercado basada en la competencia entre empresas. Esa lógica atomiza el sistema, congestiona los corredores más transitados y deja con escasa cobertura a las zonas periféricas, afectando a quienes deben desplazarse hacia la centralidad urbana. Para revertir esta situación, el Frente Amplio propone evaluar que parte de los servicios sean prestados por un nuevo medio de transporte público de gestión departamental. En esa línea, Verónica Piñeiro plantea implementar servicios directos y frecuentes que conectan los territorios de la periferia, gestionados bajo esta nueva modalidad.

Para cerrar, un ejemplo concreto: la propuesta de un tren de pasajeros que conecte la ciudad de Canelones con la Estación Central de Montevideo. Según Verónica Piñeiro, “el tiempo que pondría el tren entre la Plaza Colón y la Torre de Antel sería de entre 15 a 25 minutos. En ómnibus, actualmente, se demora entre 50 y 60 minutos”.

No solo se mejora el derecho a la ciudad, reduciendo entre un 50 y un 75% el tiempo de viaje en ese trayecto: también se disputa una lógica de desarrollo, de cómo organizar la vida. La propuesta implica utilizar para este trayecto las vías del nuevo Ferrocarril Central —vías nuevas, seguras y de calidad— hoy reservadas a la circulación de carga.

Otra forma de pensar el desarrollo es posible
Estas propuestas están ancladas en principios identitarios del Frente Amplio, como son la búsqueda de la igualdad y la centralidad de lo público para alcanzarla.

Transformar la movilidad no es solamente tomar medidas para reorganizar el tránsito de forma más eficiente es también repensar la ciudad qué ciudad queremos, cuáles son sus prioridades y en qué lugar dejamos desigualdades. La propuesta del Frente Amplio —y en particular la de Verónica Piñeiro— apuesta a una Montevideo donde el derecho a moverse sea una realidad para todas y todos, y no un privilegio condicionado por los poderes del mercado.

En el fondo, lo que está en juego es una forma distinta de entender el desarrollo, el goce al derecho de nuestro territorio, nuestra patria. Las propuestas y las políticas disputan sentidos y caminos: que las calles y las vías de tren de la ciudad a las que hace referencia Verónica, estén al servicio de su gente, y no solamente del capital. No es una cuestión de técnicas o tecnología.

Detrás de esta elección departamental —que, desde la capital, puede parecer anodina— están en juego, aunque no lo parezca, las luchas de la historia: contra la resignación, contra el olvido, por una ciudad más libre y más justa. De esto se trata en el proyecto político del Frente Amplio y en particular el de Verónica: a veces parece que nos olvidamos de que nos merecemos el mundo entero.

(*) Economistas.

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